Archivo mensual: enero 2012

Entrevista en el programa Unidos y Contrapuestos de Unión Madrid

Aquí enlazo una entrevista que me realizaron los chicos del programa Unidos y Contrpuestos de la radio Unión Madrid:

Entrevista.

Os animo a que la escuchéis y decidáis si os convenzo para que leais el libro “Ver por ti y otros relatos”.

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Sinopsis de “Ver por ti y otros relatos”

“Ver por ti” es un conjunto de cuatro narraciones, en principio realistas y probables, con desenlaces sorprendentes. Sus argumentos metafóricos, basados en acciones cotidianas, esconden un significado ejemplar que ensalza valores morales como el amor, la vida, la amistad o el sacrificio. En todos ellos los personajes han de salvar a alguien de diferentes peligros.

Los relatos que componen la obra están estructurados secuencialmente y parten de situaciones absolutamente normales, pero a medida que se van desarrollando, se van complicando hasta llegar a desenlaces cuya explicación está fuera de toda racionalidad.

Adrià Pérez Martí deja que sea el lector, mediante pequeños detalles, quien deduzca un final siempre de carácter moralizante. ¿Hubo un milagro o no? ¿El amor de dos vivos puede contrarrestar la fuerza violenta de un alma perdida? ¿La negación del auxilio y el consiguiente remordimiento pueden concluir en una comunicación onírica? ¿El amor puede surgir en cualquier lugar?

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Informe OCE: Los españoles sufrirán en 2012 los gravámenes sobre la renta más altos de Europa

El Observatorio de Coyuntura Económica del Instituto Juan de Mariana analiza la salvaje subida fiscal aprobada por el Gobierno de Mariano Rajoy y sus nefastas consecuencias para la economía española.

Madrid, 23 de enero de 2012.– En su último informe, el Observatorio de Coyuntura Económica del Instituto Juan de Mariana analiza la salvaje subida fiscal aprobada por el Gobierno de Mariano Rajoy y sus nefastas consecuencias para la economía española.

  • La subida fiscal ha supuesto que, a partir de 2012, los tipos impositivos del IRPF español sean de los más elevados de Europa, no sólo en todos los tramos de la escala general, sino también en el tratamiento del ahorro.
  • La combinación de tipos impositivos altos con nuestros niveles de renta comparativamente más bajos provocará que el potencial recaudador de asfixiar a la población y de desincentivar su generación de renta sea bastante modesto: los altos gravámenes sólo se emplearán en mantener un Estado sobredimensionado e ineficiente.
  • El problema del déficit público actual no proviene de unos ingresos fiscales insuficientes sino de un gasto público insostenible y propio de la época de la burbuja crediticia. Si el Gobierno español hubiera imitado la evolución del gasto público alemán entre 2002 y 2007, hoy disfrutaríamos de superávit incluso aunque el gasto público hubiese subido desde 2008 en la misma cuantía en la que lo ha hecho.

El incremento de impuestos aprobado por el nuevo Gobierno del PP el pasado 30 de diciembre de 2011 ha elevado los tipos impositivos de España a uno de los niveles más elevados de toda Europa. Si, hasta la llegada del PP al Ejecutivo, los gravámenes ya resultaban excesivamente elevados para favorecer la recuperación económica –pero, en todo caso, eran equiparables a los de países como Alemania, Francia o Reino Unido–, a partir de 2012 España tendrá unos de los tipos impositivos sobre la renta más elevados de Europa.

El informe del Instituto Juan de Mariana sobre las consecuencias de la subida fiscal decretada por el Gobierno de Mariano Rajoy se divide en dos partes: en la primera se analiza la posición en la que quedan los contribuyentes españoles en comparación con sus vecinos europeos y con los ciudadanos de otros países desarrollados; en la segunda, se exponen las razones que justifican que el ajuste del déficit debería producirse únicamente por el lado del gasto público.

1. El IRPF español: por encima de la media europea

Tras el “recargo solidario” aprobado por el Partido Popular, los tipos impositivos de nuestro IRPF se encuentran entre los más elevados de Europa, no sólo en su tramo máximo sino en todos los restantes.

Gráfico 1.- Tipos impositivos de la base general del IRPF para 2012 en Francia, Alemania, Italia, Reino Unido y España tras la subida impositiva de España

Fuente: Eurostat. Comisión Europea: “Taxes in Europe – Tax reforms database” y “Taxation trends in the European Union 2011”.

La subida en nuestros tipos impositivos ha sido de tal magnitud que ha situado nuestra escala de gravamen a los elevadísimos niveles de las socialdemocracias nórdicas –incluso por encima de los de algunos de ellas, como Noruega–, pero con unos servicios públicos notablemente inferiores. Es decir, el PP ha optado, según el informe, por sangrar a las clases medias para mantener un Estado sobredimensionado e ineficiente. El resultado de semejante error e injusticia sólo será desincentivar la creación de renta, ya sea para consumir o para ahorrar; algo que a buen seguro dificultará la salida de la crisis.

2. El déficit público: un problema de gasto, no de ingresos

El informe, sin embargo, no se queda en el ataque gratuito a la subida de impuestos. Después de constatar la exageración de la misma, se pregunta si había alternativas para atajar el déficit público y la respuesta es que sí. A lo largo de la segunda parte del informe se pone de manifiesto que el principal problema del desequilibrio de nuestras cuentas públicas no proviene de unos ingresos insuficientes, sino de un excesivo gasto estatal.

Junto con Irlanda, España fue el país en el que, con diferencia, más aumentaron los ingresos fiscales entre 2001 y 2007 (cerca de un 70%), debido a la exuberante actividad económica que, basada en una expansión crediticia insostenible, fue gestándose durante esos años. Los políticos españoles actuaron como si ese aumento de los ingresos tributarios de la burbuja fuera estructural y consolidaron un aumento del gasto público que comprometió para los años venideros la mayor parte de esa recaudación extraordinaria y no recurrente. No es casualidad que Irlanda, Grecia y España fueran los países que más aumentaron el gasto público entre 2001 y 2007.

Gráfico 2.- Gasto público en Europa entre 2001 y 2007 (2001=100)

Fuente: Fondo Monetario Internacional.

Si, por el contrario, nuestros gobernantes hubiesen optado por emular la evolución del gasto público alemán entre 2001 y 2007, hoy disfrutaríamos de superávit, aun cuando a partir de 2008 el gasto público hubiese aumentado en la misma cuantía en que lo hizo.

Gráfico 3.- Saldo presupuestario español en caso de haber incrementado el gasto público al mismo ritmo que Alemania entre 2001 y 2007

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del Fondo Monetario Internacional.

Si, además, conjugamos estos datos con el hecho de que el esfuerzo fiscal de los españoles se sitúa en la media de la Eurozona, mientras que el esfuerzo para sostener el sobredimensionado gasto público español se ubica bastante por encima de la media de la Eurozona, resultaba incontestable que ya antes del “recargo solidario” de Mariano Rajoy, la respuesta de las Administraciones Públicas para minorar el déficit debía pasar por adelgazar su estructura en lugar de por parasitar al sector privado.

El Gobierno de Mariano Rajoy, empero, ha optado con su subida de impuestos por exprimir un poco más a los contribuyentes para sustentar un modelo de Estado hipertrofiado durante la época de la burbuja y que se resiste a volverse austero, como sí ha hecho, en cambio, la economía privada. Un error gubernamental que todos los españoles pagarán muy caro no sólo por el sangrante recorte en su renta disponible sino, también, por unas menores expectativas de recuperación.

Ir a la página de descarga del informe

Descargar la nota de prensa en pdf

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Los españoles soportan el IRPF más alto de Europa en todos los tramos de renta

La reciente subida de impuestos del Gobierno de Mariano Rajoy ha despertado numerosas críticas por muy diferentes razones. Una de ellas es que, con el “recargo solidario”, los tipos impositivos del IRPF español han pasado a situarse entre los más altos de Europa. Pero, ¿hasta qué punto es cierta esta afirmación? El último informe del Observatorio de Coyuntura Económica del Instituto Juan de Mariana, dirigido por Juan Ramón Rallo, colaborador de Libertad Digital y esRadio, trata de responder a esta cuestión.

Las conclusiones alcanzadas en este trabajo, titulado España: en la cola del paro y a la cabeza de impuestos, muestran cómo la brutal subida fiscal del Gobierno de Mariano Rajoy ha situado los tipos impositivos del IRPF entre los más elevados de toda Europa, superior al de los países más ricos y equiparable al de las socialdemocracias nórdicas.

Advierte el informe, sin embargo, que la combinación de tipos impositivos altos con niveles de renta comparativamente más bajos provocará que la capacidad recaudatoria sea bastante modesta, dando como resultado que los altos gravámenes sólo se emplearán en mantener un “Estado sobredimensionado” y propio de la burbuja crediticia.

El estudio realizado por el think tank español demuestra que la vía para sanear el déficit no debería ser la de incrementar los impuestos sino, únicamente, la de reducir el gasto público. El problema de las finanzas de las Administraciones Públicas, afirma, no es el de ingresos fiscales insuficientes sino el de un gasto desorbitado y alimentado por la burbuja crediticia.

Como consecuencia de lo anterior, el informe advierte de que la subida fiscal retrasará  la recuperación de la economía privada, que sí ha realizado su particular ajuste, obstaculizando el consumo, dificultado la captación del ahorro (interior y exterior) y la inversión, y asfixiando aun más a la clase media, que soportará el 85% del incremento impositivo.

El IRPF español en el contexto internacional

En la primera parte del estudio, se compara internacionalmente los tipos impositivos de nuestro Impuesto sobre la Renta. Así, tras la sustancial subida fiscal del Gobierno, el tipo marginal máximo del IRPF español es el tercero más elevado de Europa (sólo por detrás de Suecia y Bélgica). Todavía más alto para el caso de las Comunidades Autónomas de Cataluña (56%), Asturias (55,5%), Andalucía, Extremadura y Cantabria (55%) o Comunidad Valencia (54%), que son solamente superadas por Suecia.

Además, de acuerdo con dicho análisis, España ostenta el dudoso honor de ser el país grande con los tipos impositivos del IRPF en la escala general más elevados para todos los tramos del impuesto (en el gráfico adjunto se han homogeneizado los tramos y simplificado los tipos para poder efectuar la comparación):

Tipos impositivos de la base general del IRPF para 2012 en Francia, Alemania, Italia, Reino Unido y España después de la subida de impuestos de España

Fuente: Eurostat. Comisión Europea: Taxes in Europe – Tax reforms database y Taxation trends in the European Union 2011.

Lo mismo ocurre comparando los tipos impositivos de nuestro IRPF con el de las socialdemocracias nórdicas, que ahora serán más altos que los aplicados en Noruega, y equiparables a los de Finlandia y Suecia (a la que en algunos tramos llegamos a superar) cuando, sin embargo, los servicios públicos que recibimos son notablemente inferiores. Alejándonos de Europa, el informe también destaca que los tipos impositivos del IRPF español se encuentran a una distancia sideral de los aplicados en países tan importantes como EEUU o con economías tan abiertas como Singapur.

Por lo que se refiere a la tributación sobre el ahorro, con el golpe fiscal al ahorro perpetrado por el Gobierno, España deja de tener unos tipos impositivos competitivos para pasar a equipararse a los de Reino Unido y Alemania, y ligeramente inferiores a los de los países nórdicos, economías que de por sí ya son más ricas y atractivas que la nuestra para atraer el ahorro y la inversión, hecho notablemente perjudicial por cuanto es ahora cuando más necesitamos atraer el ahorro interior y exterior para poder iniciar la recuperación.

Por consiguiente, la subida fiscal del Gobierno resta enormemente atractivo fiscal a España, que verá empeorar el consumo y la inversión. Además, teniendo en cuenta que la renta per cápita nacional es notablemente inferior, el incremento de recaudación será más que limitada (un 0,6% en estimaciones del propio Gobierno), y será soportada en un 85% por la clase media (rentas de hasta 120.000 euros). Como advierte el informe, los elevados tipos impositivos sólo servirán para mantener un “Estado sobredimensionado e ineficiente”.

Déficit público, un problema de excesivo gasto estatal

Con todos estos efectos perniciosos de la subida impositiva, el estudio se pregunta si realmente era inevitable tal incremento para acabar con el déficit público. La respuesta es clara: el problema del déficit no son unos ingresos fiscales insuficientes sino un gasto público excesivo y, por ello, la solución al problema viene por reducir drástica, y únicamente, dicho gasto.

De hecho, uno de los principales problemas a los que apunta el informe es que el Gobierno consolidó unos niveles de gasto público en la última década sobre la base de unos ingresos fiscales extraordinarios y no recurrentes que provenían de la burbuja crediticia, y que con la crisis se vinieron abajo. No es casualidad que quienes más incrementaran el gasto público entre 2001 y 2007 fueran Irlanda, Grecia y España, y los que más vieron caer la recaudación con la crisis fueron Irlanda y España.

También recoge una interesante ficción presupuestaria según la cual, si nuestro gasto público hubiera seguido la misma evolución que el alemán desde 2001, aun gastando lo mismo que gastamos durante la crisis, a fecha de hoy contaríamos con un envidiable superávit presupuestario.

Saldo presupuestario español en caso de haber incrementado el gasto público al mismo ritmo que Alemania entre 2001 y 2007

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del Fondo Monetario Internacional.

Contra el argumento de no incrementar los impuestos y únicamente reducir el gasto público, no son pocos los que arguyen que, en realidad, los españoles disfrutamos de una presión fiscal baja en comparación con el resto de países europeos. Sin embargo, el informe aconseja realizar ciertas matizaciones al respecto.

Primero, la presión fiscal (recaudación/PIB) no es un buen indicador en épocas de auge económico o recesiones que no han llegado a tocar fondo. En ambos casos, el PIB es artificialmente alto o es susceptible de reducirse todavía más a corto o medio plazo, por lo que los resultados de este indicador ofrecen una visión sesgada del peso relativo del sector público, aunque no variara el nivel del gasto público total.

Segundo, independientemente del peso relativo del sector público, dos cosas son ciertas en estos momentos de recesión: la necesidad de sanear las finanzas públicas y la necesidad de favorecer la recuperación del sector privado. Ante estos dos claros objetivos, sólo cabe la reducción del gasto público, puesto que incrementando los ingresos fiscales todavía se impone más peso a un sector privado que lucha por reflotar.

Finalmente, el texto llama la atención en que si se quieren realizar comparativas internacionales de ingresos y gastos públicos, es necesario corregir ambos indicadores a través de un parámetro -la renta per cápita– que permita efectuar comparaciones homogéneas entre países con distinto nivel de desarrollo: el esfuerzo fiscal y el esfuerzo de sostenibilidad del gasto público.

Los resultados mostrados respecto a estos indicadores irían en consonancia con el resto de conclusiones ofrecidas: el esfuerzo fiscal de los españoles está en la media de la Eurozona pero el esfuerzo para sostener el gasto público está notablemente por encima. Es decir, “no es que el esfuerzo fiscal sea demasiado bajo, es que el esfuerzo de sostenibilidad del gasto público es demasiado elevado con respecto a Europa”, por lo que se hace imperativo no subir impuestos y sí reducir el gasto público.

Esfuerzo fiscal para el sostenimiento del gasto público en la Eurozona

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del Fondo Monetario Internacional.

Sin embargo, como señala el informe, Mariano Rajoy ha optado por el camino fácil para el Gobierno -subir impuestos- a costa de exprimir un poco más a los contribuyentes, en lugar de aplicar a un sobredimensionado Estado un ajuste que sí ha realizado dolorosamente la economía privada.

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Hungría, ¿la nueva Islandia?

(Artículo publicado en libremercado.com el 22-01-2012.)

Estos últimos días dos países han copado los titulares en cuanto a riesgo de suspensión de pagos se refiere. Grecia, que ya es un habitual en ese terreno, y Hungría, país que para muchos ha pasado desapercibido hasta el momento, pero que también lleva años en el filo de la navaja.

El martes la Comisión Europea inició un procedimento de infracción contra este país por considerar que su legislación podría restar independencia al banco central húngaro, a los jueces y a la autoridad de protección de datos. Todo apunta, sin embargo, a que ambas partes terminarán por entenderse, ya que Hungría necesita urgentemente una línea extraordinaria de liquidez del Fondo Monetario Internacional (FMI), y éste ya ha declarado que hasta que Budapest no tenga el respaldo de las autoridades europeas no habrá crédito alguno.

De hecho, Hungría está empezando a ceder ante las crecientes presiones de la Unión Europea (UE), y su primer ministro, el conservador nacionalista Viktor Orban, prometió el viernes garantizar plenamente la independencia del Banco Central MNB, la principal exigencia comunitaria. El Gobierno magiar pretendía, entre otras medidas polémicas, fusionar el MNB con una nueva entidad supervisora, liderada por una persona elegida por el Gobierno, lo que provocó esta semana tres procedimientos sancionadores de la Comisión Europea contra Hungría.

Pero Hungría no es noticia sólo por esta controversia política. Se le suma la situación económica del país, que se deteriora mes a mes, incrementando el riesgo de contagio en la zona del este, como Polonia o la República Checa. Una crisis económica que presenta todas las características propias de las crisis de los países periféricos -incluida España-, pero que, a diferencia de estos, tiene un elemento que la asemeja a la crisis sufrida por Islandia desde 2006: la importante denominación en moneda extranjera de las deudas del país.

Deterioro de la economía húngara

Hace unas semanas, Fitch rebajaba el rating de la deuda soberana de Hungría a BB+, es decir, bono basura. Los mercados reaccionaron exigiendo unos tipos de interés para los bonos a 10 años cada vez mayores. Al conocerse la decisión de Fitch, la prima de riesgo de Hungría se disparó hasta alcanzar los 754 puntos básicos, arrastrando los de Polonia -que pasaron de 16 a 307- y República Checa -de 15 a 194-.

La reacción de los mercados se entiende, fundamentalmente, por la gravedad de la situación que está atravesando la economía húngara, que se está deteriorando en los últimos meses hasta el extremo de necesitar la comentada línea de liquidez del FMI para no entrar en default. No en vano, Hungría es el país del Este con el mayor nivel de endeudamiento: una deuda pública del 80% del PIB y una deuda externa total entorno al 140% del PIB.

La raíz del problema de la crisis húngara es similar a la del resto de economías en dificultades: un sistema financiero internacional -también el húngaro- diseñado para que los agentes económicos (bancos, empresas, familias) invirtieran en activos cuya maduración excedía en mucho el vencimiento de las deudas contraídas para financiarlos.

De hecho, desde que el país magiar accediera a la UE, se produjo un fuerte crecimiento del endeudamiento del sector privado, hasta el punto de que en el bienio 2009-2010 su volumen superó el 300% del PIB –no muy elevado para las economías de la eurozona pero que, considerando el grado de desarrollo del país, sí resulta demasiado gravoso-. Con el advenimiento de la crisis, el modelo de refinanciación continua a corto plazo para realizar inversiones a largo se cortó abruptamente.

El deterioro de las cuentas públicas corrió similar suerte. Hasta 2001 se habían hecho notables esfuerzos para mejorar los niveles de deuda pública heredada de la era comunista. Sin embargo, desde entonces, los déficits alcanzaron niveles alarmantes, llegando al 9% en 2006, mientras que su deuda pública sufrió un notable aumento alcanzando el 80% en 2010, menoscabando significativamente la confianza de los inversores en la economía húngara (en el siguiente gráfico, el déficit público húngaro).

El paralelismo islandés

No obstante, a diferencia de otras economías periféricas -que se encuentran en la eurozona-, la húngara presenta un detalle que la asemeja en cierta medida a la islandesa. Y es que, una parte importante de su deuda está denominada en moneda extranjera. En concreto, un 45% de la deuda pública está denominada en divisas foráneas, así como un tercio de todas las hipotecas concedidas al sector privado -denominadas mayoritariamente en francos suizos (un 88%)-.

Del mismo modo, el endeudamiento que se gestó en Islandia hasta 2008 presentaba la misma característica, siendo así que el 70% de la deuda de los bancos islandeses había sido concertada en moneda extranjera. El motivo por el que tanto Hungría como Islandia se endeudaron en el exterior podemos encontrarlo en que los tipos de interés fuera de estos países, sobre todo en la Eurozona, Estados Unidos o Suiza, eran mucho menores.

Por ejemplo, el tipo de interés promedio en Suiza entre 2000 y 2010 fue del 1,52%, mientras que en Hungría ascendió a casi el 14% entre 1990 y 2010 -siendo el mínimo el 5,25% en 2010-. Como consecuencia, el nivel de créditos denominado en moneda extranjera -mayoritariamente en francos suizos- concedido por la banca en el mercado interior húngaro alcanzó una elevadísima magnitud, alcanzando el 45% de la deuda pública.

Por otra parte, al mismo tiempo que se endeudaban en moneda extranjera, la evolución de los balances de los bancos ha ido deteriorándose. Así, en los últimos trimestres la mayor parte de la deuda del sistema bancario denominado en moneda extranjera vence a corto plazo, agravando las necesidades de liquidez. En el gráfico siguiente se aprecia cómo en 2006 la deuda a corto plazo se situaba en torno al 20%, hasta llegar a casi un 60% en el tercer trimestre de 2010.

Es decir, los bancos se endeudaron en el exterior a corto plazo para invertir en activos hipotecarios -largo plazo-. Y al igual que en el caso islandés, en el momento en el que estalló la crisis, la falta de liquidez en los mercados internacionales propició que la financiación de Hungría se viera interrumpida en seco.

La necesidad de devolver la deuda a corto plazo en euros o francos suizos es lo que ha provocado, en parte, la brutal depreciación del florín húngaro con respecto al euro (que en la segunda mitad del 2011 llegó a depreciarse un 16%) o al franco suizo (con una depreciación del 40% en los últimos años), y la consiguiente necesidad de una inyección de liquidez del FMI so pena de quiebra.

Para contrarrestar esta situación, el banco central húngaro -al igual que hiciera el islandés- está elevando los tipos de interés con dos objetivos. En primer lugar, desincentivar un mayor endeudamiento por parte de la economía nacional. En segundo lugar, y lo más importante, tratar de incrementar los depósitos en moneda húngara, y así aumentar la conversión de francos suizos en florines húngaros y, al mismo tiempo, evitar la fuga de capitales y que se conviertan florines en francos suizos, depreciándose el tipo de cambio.

En concreto, el banco central islandés elevó fuertemente los tipos de interés -del 9 al 15% en un par de años- para tratar de contrarrestar la depreciación de la corona islandesa. Por su parte, el banco central de Hungría está volviendo a subir los tipos de interés -en octubre los elevó en dos ocasiones- alcanzando actualmente el 7%, aun cuando las estimaciones auguran la entrada de su economía en una nueva recesión.

En definitiva, tanto la economía islandesa como húngara adolecen del mismo problema de sobreendeudamiento fruto de la burbuja crediticia que no se resolverá elevando los impuestos -Hungría tiene el IVA más elevado de Europa, el 27%-, sino con auténticas reformas estructurales. Mientras los gobiernos continúen mareando la perdiz haciendo como que hacen pero no hacen (Grecia) o elevando los impuestos sin medidas estructurales que liberalicen la economía (España, Italia, Portugal), las economías de estos países seguirán renqueantes -si no hundiéndose en una nueva recesión con riesgo creciente de default-.

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El ‘golpe’ fiscal al ahorro castigará a empresarios, trabajadores y pensionistas

(Artículo publicado en Libremercado.com el 5-01-2012.)

El inicio keynesiano de Rajoy con la cornada fiscal de fin de año no sólo resulta sangrante por su cuantía y por la sorpresa de la misma. De acuerdo con la experiencia histórica y algunos estudios realizados, aumentar los impuestos sobre las rentas del capital no tiene por qué incrementar la recaudación. Además, el montante que se recaudaría de acuerdo con el Gobierno supondría un 0,1% del PIB, una cantidad ridícula en relación con el enorme déficit público existente y, sobre todo, comparado con las nefastas consecuencias que traerá sobre nuestra economía, donde el ahorro es una pieza fundamental en la recuperación del crecimiento.

Efectos presupuestarios

Según las estimaciones del Gobierno, la subida de la tributación sobre el ahorro supondrá un incremento de la recaudación de 1.246 millones de euros, es decir, el 0,1% del PIB, cuando el déficit público se estima que alcance (o supere) el 8%. Una cantidad que podría haberse obtenido de la reducción de otras partidas presupuestarias. Por poner dos ejemplos: la eliminación de los fondos destinados a la innovación tecnológica del Ministerio de Industria (721 millones) y las transferencias a RTVE (631 millones) del Ministerio de Economía y Hacienda -en total, más que la recaudación estimada-.

Por otra parte, no es tan sencillo predecir los ingresos públicos fruto de un incremento impositivo, sobre todo cuando no hablamos del IVA (cuyo poder recaudador es superior) sino de impuestos sobre actividades para las que, hasta cierto punto, el contribuyente tiene más margen de maniobra.

Son estimaciones que más de una vez no han sido refrendadas por la realidad, incluso cuando se redujeron los impuestos. De hecho, la reducción de la tributación de las ganancias de capital en Estados Unidos en 2003 es un ejemplo en el que los incrementos estimados de la recaudación por la reducción fiscal (columnas rojas) fueron mayores de la prevista (azules):

En cierto modo, la dificultad en acertar en las estimaciones proviene de la propia naturaleza estática de los modelos en los que se asientan. Hay multitud de variables que pueden torcer los ingresos esperados en ambos sentidos. Parte de la recaudación de los activos más cautivos, los depósitos bancarios, ofrecen ahora considerables rentabilidades cuando hace unos años no lo hacían. Pero otros activos, cuya realización es algo más voluntaria -reparto de dividendos, rescate en forma de capital de los fondos de pensiones (correspondientes a las aportaciones realizadas hasta 2006), venta de acciones o participaciones, etc.- son mucho más sensibles y pueden posponerse para cuando el tipo impositivo vuelva a los niveles iniciales -si lo hace-.

A estas conclusiones llegan algunos estudios, que han investigado los efectos de disminuciones del tipo impositivo sobre las ganancias de capital en Estados Unidos y la realización de dichas ganancias, ofreciendo como resultado que por cada punto porcentual que se redujo el tipo impositivo se incrementó un 10,32% las ganancias de capital, con lo que el Estado logró aumentar la recaudación tributaria.

En este ámbito es tradicional remitirse a los trabajos realizados por la Oficina Presupuestaria del Congreso de EEUU. Así lo hace un trabajo realizado por el Adam Smith Institue, en el que se muestra una relación inversa entre los incrementos/disminuciones de impuestos sobre el capital y su recaudación.

Con todas las salvedades que este tipo de mediciones conllevan, puede observarse en el siguiente gráfico cómo las subidas y bajadas de impuestos sobre el capital en Estados Unidos durante medio siglo han ido acompañadas de menores y mayores ganancias de capital, respectivamente. Es decir, cuando se ha incrementado el tipo se ha recaudado menos, y al revés.

Algunos efectos macroeconómicos

Y si los efectos sobre la recaudación del incremento de la tributación sobre el ahorro son más que dudosos, sí son más claros los terribles efectos sobre el sistema económico, no sólo en épocas de bonanza sino en periodos de recesión con niveles altos de endeudamiento.

Elevar los tipos impositivos sobre el ahorro desincentiva la inversión al reducir los rendimientos que de ella se obtienen. Esto provoca un menor volumen de inversión en nuevos proyectos empresariales, en mejorar los bienes de capital para que incrementen la productividad del trabajo y nuestra competitividad en el exterior. Como consecuencia, no se creará empleo -o se destruirá más- de no haberse aplicado la subida impositiva, la actividad económica se resentirá -también la recaudación que de ella se deriva- y, en definitiva, se disminuirá un, ya de por sí, malogrado bienestar.

Además, en un entorno de fuerte endeudamiento como el que padecemos, gravar más el ahorro significa alargar el sufrimiento de la crisis dado que es ahora cuando más necesitamos, por una parte, ahorro con el que amortizar deuda y, por otra, producir más y mejores bienes con cuya venta fuera de nuestra fronteras podremos pagar la deuda exterior que acumulamos.

A este respecto, no nos viene nada bien que estemos transmitiendo al exterior que en España sale más caro invertir. Es decir, nos estamos tirando piedras contra nuestro propio tejado al obstaculizar que entre nuevo capital extranjero con el que (re)financiar proyectos empresariales en suelo patrio que favorecerían la recuperación, no sólo en forma de nueva deuda sino de nuevos fondos propios para invertir en nuevas, o ya existentes, empresas.

Algunos efectos microeconómicos

Por otra parte, el incrementar la tributación con las ganancias del capital significa disminuir el rendimiento de las inversiones y, por consiguiente, disminuir el valor de nuestros activos -si la rentabilidad se reduce a consecuencia de los mayores impuestos, el valor que se otorga al activo será menor porque éste producirá menores flujos de caja-. Además, ese menor valor de los activos hará que, a la hora de su venta, obtengamos menores ganancias y, por tanto, se recaude menos.

Por tanto, no sólo habrá consecuencias negativas para la economía en general, sino para los propietarios de esos activos -acciones y participaciones, depósitos, rescates de fondos de pensiones en forma de capital, venta de participaciones en fondos de pensiones, etc.- que verán reducida no sólo su riqueza sino su capacidad para generar riqueza. Incluimos entre estos propietarios a los grandes reivindicados por el Partido Popular durante la campaña electoral: los pensionistas, a los que Rajoy, sin embargo, ha incrementado las pensiones, y a los emprendedores, que contarán con menos ahorro con el que iniciar sus empresas.

Sin embargo, como ya ocurrió con la última subida del Gobierno de Zapatero, existen diversas fórmulas para la elusión fiscal que tratarán de corregir el incremento impositivo del Gobierno. Ejemplo de ello será la creación de sociedades en lugar de tributar por renta, la sustitución del dividendo por la entrega de acciones liberadas o la venta de derechos de suscripción (exentos de retención). Estrategias que, paradójicamente, también traerán como resultado una menor recaudación fiscal.

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PP y PSOE disparan hasta un 80% la fiscalidad sobre el ahorro en plena crisis

Por si no fueran suficientes los cinco millones de parados, las empresas quebrando -y las que no lo están, luchando por hacer frente a sus pagos todos los meses-, y el crédito cerrado a cal y canto, el Gobierno de Mariano Rajoy aprobó el 30 de diciembre una brutal subida de impuestos que llegaba a suponer hasta un recargo de siete puntos sobre los gravámenes anteriores en el IRPF.

Pero, ¿realmente somos conscientes de lo que esta modificación tributaria representa en términos de incremento de los impuestos que pagamos? En realidad, estos “recargos solidarios” esconden unos incrementos de tipos impositivos de hasta un 15% en la parte general del IRPF, o un 30% en la parte del ahorro.

Y todo ello se enmarca en una coyuntura en que los contribuyentes -personas físicas- necesitan más que nunca toda la liquidez posible para poder afrontar sin riesgo de insolvencia sus pagos regulares de, sobre todo, la deuda contraída durante los años de la expansión crediticia. En esta difícil situación, tanto la tributación general como la del ahorro -en el IRPF- aplicada por los gobiernos de Zapatero y de Rajoy sigue diseñándose ajena absolutamente a la realidad de la sufriente población. Dándose preeminencia a las cuentas del Estado -que los propios gobernantes se han ocupado de desajustar irresponsablemente- y relegando a un segundo plano las economías de quienes, al pie del cañón, sufren las consecuencias de la debacle económica.

Base liquidable general

De este modo, resulta que el recargo aprobado el penúltimo día del año -para hacer así más difícil cualquier economía de opción legítima por parte del contribuyente- se traduce en cuantiosos incrementos impositivos. Así, el recargo impositivo introducido por el Gobierno de Rajoy para el primer tramo de la escala de gravamen del IRPF (de 0 a 17.707,20 euros) supone un incremento del tipo impositivo de este tramo de un 3,13%. En el segundo tramo -las cantidades de la base liquidable general a partir de 17.707,20 euros hasta 33.007,20 euros- el gravamen complementario del 2% se traduce en una subida del tipo impositivo de más del 7%. En el tercer tramo -desde los 33.007,20 a 53.407,20 euros- la subida del tipo impositivo es del 8,11%, y así sucesivamente, tal y como muestre el siguiente cuadro. La subida media sobre las rentas del trabajo alcanza el 10%.

Traducido en euros, el incremento de los tipos impositivos significa que cada contribuyente pagaría de más gracias a la subida de impuestos -sin tener en cuenta los mínimos personales y familiares y demás deducciones aplicables- las siguientes cantidades por tramos:

Base liquidable del ahorro

Por lo que se refiere al incremento de los tipos aplicable a la base liquidable del ahorro, el incremento de los tipos todavía ha sido superior al aplicado en la base liquidable general.

En concreto, y siguiendo el mismo ejercicio que en el epígrafe anterior, obtenemos que las rentas del ahorro ahora se gravarán teniendo en cuenta tres tramos impositivos, los tipos impositivos de los cuales se han incrementado en un 10,53%, 19,05% y 28,57%, con respecto a sus niveles previos del ejercicio 2011. Unos incrementos que más de un gobierno ultraintervencionista habrá soñado y que el PP ha hecho realidad:

La terrible evolución de la fiscalidad del ahorro en España

Y si el incremento de los tipos sobre el ahorro de casi un 30% no fuera suficiente, echando la vista atrás todavía nos preguntamos con más fuerza si nuestro país hace que valga la pena ahorrar e invertir para crear empresas y puestos de trabajo.

Así, todavía es más sangrante el hecho de que no hace muchos años (ejercicio 2006) la fiscalidad del ahorro en el IRPF era bastante atractiva. Pero una evolución tan negativa como el atino con el que los gobernantes han hecho cara a la crisis, la ha llevado a que, actualmente, los tipos impositivos sobre el ahorro se acerquen con más fuerza a la tributación de la base liquidable general (progresiva y con tipos impositivos muy elevados) y sean superiores a los aplicados en el Impuesto sobre Sociedades a PYMES y empresas de reducida dimensión.

Así, hasta 2006, el tipo impositivo aplicado a la base imponible especial (constituida por las ganancias patrimoniales a largo plazo) se gravaba al 15%. Más tarde, a partir del 1 de enero de 2007, cuando la base imponible especial fue reconvertida a la base imponible del ahorro (en la que se incluyó prácticamente todos los rendimientos del capital mobiliario más las ganancias patrimoniales, a corto y largo plazo), el tipo impositivo pasó a ser el 18%, es decir, un incremento del 20%. Con la modificación en vigor a partir del 2 de enero de 2010, se introdujeron los dos tipos impositivos que se acaban de incrementar, el 19% y el 21%, que supusieron un incremento del 26% y 40% respecto al nivel impositivo de 2006. Finalmente, con el rejonazo fiscal de fin de año, los tipos han acabado de completar una subida del 40%, 66% y 80%, con respecto a los niveles de 2006.

Por consiguiente, desde unos meses anteriores a la crisis actual, y durante toda ella, la fiscalidad sobre el ahorro se ha llegado a incrementar en España hasta en un 80%. Un brutal incremento que se ha aplicado en su mayor parte en un periodo de crisis en el que es más necesario que nunca incrementar nuestras tasas de ahorro para poder amortizar las deudas contraídas durante la expansión crediticia que desembocó en Gran Recesión.

Pero parece que el Gobierno de Rajoy prefiere seguir dando dádivas a los grupos de presión y mantener una Administración sobredimensionada, que preocuparse y velar por la situación extrema que estamos viviendo los españoles que le pagamos el sueldo.

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