Hacia una reforma inteligente del Impuesto sobre Sociedades

Durante las últimas semanas, analistas y medios de comunicación habían barajado la opción de que la próxima reforma tributaria que emprenda el Gobierno del PP sea la del Impuesto sobre Sociedades, pero no para reducirlo, como parecería consecuente, sino para incrementarlo. Es este, pues, un muy buen momento para reflexionar sobre las implicaciones de este tributo y sobre cuál sería su modificación más inteligente. La tributación de las sociedades es una pieza estratégica en la política exterior de un país que pretenda atraer inversión extranjera y dinamizar la actividad económica. Hay diversos ejemplos de naciones que han experimentado un crecimiento económico sin precedentes en poco tiempo, hecho que en la jerga económica les ha granjeado el apelativo de tigres, siendo sus garras y colmillos un sistema jurídico –especialmente las leyes fiscales– que apuesta por la libertad económica. Hong Kong, Singapur y otros países asiáticos son ejemplos a los que debería mirar un Gobierno cuyo máximo objetivo sea el rápido crecimiento económico para su país. Singapur, en concreto, tiene un sistema fiscal envidiablemente sencillo con un tipo impositivo en el impuesto sobre sociedades del 17%.

Pero si el Ejecutivo no quiere mirar tan lejos, en Europa también disponemos de evidencias claras de países que han revolucionado la fiscalidad en materia de sociedades, no sólo para atraer inversión foránea, sino para que sus propias empresas se desarrollen de una manera más competitiva. Sabedores de que sus economías no resultan de por sí atractivas por cuanto en su entorno hay otras más ricas en oportunidades, algunos países están entendiendo que el futuro pasa por destacarse en algún campo. Si no se tiene la elevada tecnología alemana o la marca británica, hace falta ofrecer un valor añadido que los diferencie positivamente de sus competidores: un bajo y moderado impuesto sobre las ganancias empresariales. Ejemplo claro y obligado es el de Irlanda, con un tipo impositivo del 12,5%. España no debería estar en fuera de juego y aplicar una audaz reforma de su Impuesto sobre Sociedades rebajando drástica y urgentemente su tipo impositivo.

Al igual que la reforma laboral se ha aprobado asumiendo que sus efectos serán visibles más bien a medio plazo, tres cuartos de lo mismo habría que plantearse a propósito de la recaudación tributaria por sociedades. No hay que olvidar que este impuesto ha sido el que más ha sufrido con la actual crisis, un reflejo de que las durísimas condiciones a las que han tenido que enfrentarse nuestras empresas no permiten tener un gravamen de este tipo tan elevado como el actual.

No sirve escudarse en que la tributación efectiva en España de nuestras sociedades está en la media de otros países si dichos países son más ricos, más dinámicos, más competitivos y más productivos que el nuestro. Además, parte de estos indicadores que muestran esa favorable tributación de nuestras empresas se basa en gran medida en que España ha aplicado medidas tendentes no a reducir la carga total del impuesto sino a diferir su pago en el tiempo –un ejemplo sería la libertad de amortización para la inversión en activos fijos nuevos, vigente desde 2009 con la condición de mantenimiento de empleo, y sin dicha condición desde el 2011–. Igualmente, el hecho de que las empresas españolas hayan acumulado fuertes pérdidas en estos ejercicios de crisis también ha hecho que su tributación efectiva se haya reducido.

La elevación de la tributación en este impuesto, acordada ayer por el Gobierno, no traerá más que dificultades añadidas y un todavía peor comportamiento recaudatorio. Por el contrario, la decidida reducción del tipo impositivo, junto con el resto de reformas estructurales que requiere la economía española, haría incrementar su recaudación a lo largo de la legislatura por la vía de la dinamización de la economía productiva. El Gobierno podría mostrar a Bruselas unas cuentas públicas totalmente saneadas y una de las recuperaciones más rápidas de toda Europa.

En definitiva, si el Gobierno quiere incrementar la rentabilidad empresarial en nuestro país de un plumazo, no tiene más que reducir drásticamente el Impuesto sobre Sociedades. Siendo un impuesto que afecta enormemente a la competitividad de nuestras pymes, la reducción de este gravamen permitiría incrementar la competitividad internacional de nuestras empresas. La explosión de nuevas compañías, unida a una futura y adecuada Ley de Emprendedores, mejoraría de manera muy sustancial la deriva económica de nuestro país, lo que a su vez repercutiría positivamente sobre el empleo y el bienestar de la población en general.

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Archivado bajo Artículos en La Gaceta, Economía, Fiscalidad

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