Los inversores demandan reformas de calado

Los mercados vuelven a empujar contra las cuerdas al Gobierno, esta vez de otro signo político. Y es que a quienes podrían prestarnos su dinero, los inversores, les da igual el color del Ejecutivo de turno siempre que éste asegure la viabilidad de las cuentas públicas y el pago de la deuda. Es precisamente la desconfianza en que la estrategia global seguida hasta ahora por el Gobierno pueda lograr estos objetivos lo que ha hecho dispararse la prima de riesgo y teñirse de rojo día tras día la bolsa española.

Los inversores, por tanto, exigen al Ejecutivo español que modifique su estrategia para combatir la crisis, no sólo en lo que se refiere a los Presupuestos de las Administraciones Públicas –con ajustes y límites de gasto-, sino en cuanto a la estructura y tamaño de un sobredimensionado Estado.

En efecto, los inversores están juzgando del todo insuficientes las cuentas públicas presentadas por el Gobierno. Estos Presupuestos están basados en hipótesis de recaudación muy alejadas de la realidad, sobre todo si tenemos en cuenta una economía en recesión a la que, además, se le ha incrementado su pesada carga con reiteradas subidas fiscales. Las cifras de recaudación de los primeros meses del año ya atestiguan un empeoramiento de los ingresos públicos con respecto a los presupuestados. Y es que, el problema de base de estos presupuestos es su escaso margen de maniobra: a poco que los ingresos confirmen una caída de poco más de un 3%, nuestro déficit se alejará entre un 8-10% del objetivo.

Igualmente, las estadísticas de los últimos meses ya están alertando de que partidas tan importantes como las prestaciones por desempleo, afiliaciones a la Seguridad Social o pensiones, van a comportarse mucho peor de lo presupuestado. A ello se le suma lo poco ambicioso que ha sido el Ejecutivo a la hora de reducir gran cantidad de gasto público superfluo, que algunos analistas cifran en 39.000 millones de euros.

Pero no sólo la desconfianza se ha adueñado de quienes nos podrían prestar su dinero por unas defectuosas previsiones presupuestarias en un contexto recesivo. Su temor va más allá y nace de la falta de una verdadera reforma que aplique un auténtico lavado de cara al Sector Público y a la economía productiva. Respecto a ésta última, es necesaria una progresiva y acelerada liberalización que tan buenos resultados ha dado en otros países, en términos de crecimiento y empleo. Respecto al Sector Público, los inversores demandan una urgente reforma del Estado de las Autonomías que ponga auténticas bridas a los 17 mini-estados y elimine de raíz duplicidades e ineficiencias producidas por la descentralización que se ha llevado a cabo.

De no producirse estas reformas de calado, lo peor no será que nos rescaten, sino que nuestra economía persistirá en un estado zombi, en el que la reducción del nivel de vida que hemos experimentado no será algo momentáneo sino prolongado. En manos de Rajoy está el hacer que un sobredimensionado Estado y las rigideces económicas no sean más un pasivo sino un activo a contabilizar con las necesarias reformas que los inversores están esperando de su mandato.

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Archivado bajo Artículos en La Gaceta, Economía

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