Sobre los efectos de los impuestos sobre los beneficios empresariales

El análisis dominante sobre los efectos económicos de los impuestos suele basarse en la premisa de que los impuestos son introducidos en un mundo en el que las oportunidades de ganancia disponibles están dadas y son conocidas por el empresario. El impacto de los impuestos se estudiaría en la medida en que estos afectarían a la preferencia relativa de las distintas alternativas de acción del empresario una vez introducido el impuesto. Así, el impuesto incentivaría al empresario a desechar un proyecto empresarial y optar por emprender otro en su lugar. O dicho con otras palabras, lo que importa sería el margen de sustitución entre una acción empresarial y otra.

Por ejemplo, la introducción de un impuesto sobre los beneficios provocaría una reducción en los beneficios y la rentabilidad de los planes empresariales. Esto incentivaría que los empresarios reelaborasen sus planes empresariales y sustituyeran aquellos que, con el impuesto, no cubrieran el coste de oportunidad por otros que, aun con el impuesto, sí lo hicieran –por obtener más beneficios o tener una tributación efectiva menor-.

Puede ser, también, que la presencia de un impuesto sobre los beneficios incentive a algunos agentes a, directamente, no realizar este tipo de planes y, en su lugar, realizar otras tareas no empresariales, labores más rutinarias, que conlleven menos innovación, especulación o previsión.

Sin embargo, otros autores han tratado de realizar un análisis desde otras perspectivas. Así, los impuestos sobre los beneficios tendrían otra serie de impactos no ya sobre la preferencia relativa de las distintas oportunidades de ganancia disponibles, sino sobre la propia percepción que los empresarios tienen de las oportunidades de negocio que les rodean. Esta es la idea desarrollada por Israel Kirzner, según la cual el empresario está en un continuo estado de alerta que le lleva a descubrir las oportunidades de negocio a explotar -que, por supuesto, no están dadas-.

De acuerdo con esta línea de investigación, los efectos de la tributación sobre los beneficios empresariales simplemente reducirían el beneficio de ese estado de alerta, pero no el nivel de ese estado de alerta. Esto se explica porque ese estado de alerta es una actividad que no conlleva ningún coste de oportunidad –es un estado mental en el que el empresario está sin elección y sin necesidad de renunciar a ninguna otra actividad valiosa-, por lo que el impuesto no induciría a su sustitución por la acción alternativa a la que se estaba renunciando. Tan solo un impuesto sobre el 100% de los beneficios empresariales haría que al empresario le fuera indiferente entre estar alerta o no y, por tanto, ejercer o no la función empresarial.

Por tanto, el empresario (desde la concepción kirzneriana) no se vería afectado por el impuesto (parcial) sobre los beneficios empresariales, y continuaría estando alerta ante posibles oportunidades de negocio aunque obtuviera menores ingresos, sin ningún tipo de incentivo a modificar su actuación por otras alternativas.

Sin embargo, es cierto que el propio Kirzner ofreció unas conclusiones algo matizadas en su trabajo dedicado expresamente a los impuestos desde una perspectiva empresarial. Parece que este autor abre la posibilidad a que el impuesto sobre beneficios empresariales (parcial, que no grave el 100% del beneficio) también podría tener sus consecuencias, aunque sea “ligeramente”, en el sentido de que haga que el empresario deje inexplotadas algunas oportunidades de ganancias. Esto se explica porque el impuesto reduciría el beneficio empresarial puro, que es el incentivo para que el empresario descubra, a través de la alerta, las posibilidades de ganancia a su alrededor[1].

Por tanto, quedaría pendiente aclarar si realmente el impuesto sobre beneficio empresarial también afectaría a la propia perspicacia del empresario en el descubrimiento de nuevas oportunidades de negocio (ex ante) o sus efectos provendrían de gravar las acciones empresariales ya planeadas o realizadas (ex post).


[1] Pero admitir este efecto tiene poco encaje en el concepto de empresarialidad del propio Kirzner, explica Valerio Filoso, puesto que implica que el empresario puede decidir si estar o no en un estado de alerta, y que este tiene un coste de oportunidad, aunque sea mínimo.

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Archivado bajo Artículos Instituto Juan de Mariana, Economía, Fiscalidad

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