Archivo mensual: septiembre 2012

El papel de las ganancias y pérdidas de capital

Ahora que se habla de las plusvalías y de las ganancias de capital por el nuevo anuncio del Gobierno de incrementar los impuestos sobre este tipo de ingresos, quizá merezca la pena traer aquí algunas reflexiones sobre el papel de estas ganancias en la Teoría del Capital de la Escuela Austriaca y, en general, en la economía y el bienestar de la población.

Los activos empresariales son utilizados por los empresarios de acuerdo con sus planes de negocio o de producción. La producción es una actividad conjunta, es decir, es un proceso de creación de valor -cuando resulta ser exitoso- que depende de una variedad de factores productivos complementarios entre sí. Dicho proceso productivo mantiene una estructura implícita de inputs y outputs que evoluciona con el tiempo.

Las empresas producen de cara al futuro. El mayor o menor valor de una empresa y sus activos dependerá del valor que se espera que sus clientes atribuyan a los bienes futuros que sea capaz de comercializar. Dependiendo de si esas expectativas con las que los empresarios trazan sus planes de negocio son correctas o no, el proyecto será exitoso y creará valor, beneficios, o destruirá valor, pérdidas. Expectativas no solo sobre la propia actuación del proyecto empresarial emprendido sino también sobre el entorno que lo rodea –qué otras empresas o bienes son necesarios o complementarios para que el proyecto prospere-.

Puesto que hasta la fecha no se conoce ser humano omnisciente, la multitud de planes empresariales con sus respectivas expectativas no contienen toda la información –presente y futura- para que todos los planes sean perfectos. De modo que existirán expectativas empresariales que diverjan unas de otras –no serán consistentes (complementarias) entre sí -.

Con el paso del tiempo, el hecho de que los empresarios mantengan expectativas inconsistentes hará que algunos fracasen –total o parcialmente- mientras que otros sobrepasen las expectativas. Durante este proceso, emergerán nuevos productos y métodos de producción, y desaparecerán otros.

Una de las consecuencias que se manifiestan por el hecho de que los planes empresariales excedan o no lleguen a las expectativas que de ellos se tenían es que los empresarios reevalúen los activos empresariales utilizados. Esta nueva valoración de los activos, que traerá consigo unas ganancias o pérdidas de capital, tienen su reflejo en los activos financieros asociados a la empresa –por ejemplo, acciones o deuda-. El valor de estos derechos sobre los activos empresariales dependerá del valor que sus titulares den a esos factores productivos –o las opiniones que den otros a ese valor-.

Dependiendo de las distintas combinaciones de activos financieros que posean los individuos, a nivel global habrá una determinada “estructura de activos”. Esta estructura de activos es el reflejo de la estructura de capital –la estructura productiva- de la economía, esto es, cómo se ordenan y combinan los distintos planes empresariales, los activos empresariales y los activos financieros.

Existen instituciones que ayudan a definir esta estructura. Ludwig Lachmann daba la máxima importancia el mercado de valores, que reflejaba continuamente las expectativas de las actuaciones de las empresas consideradas y, en consecuencia, de sus ganancias o pérdidas de capital. Pero también podría hablarse de los mercados de futuros o, en general, el sistema de precios.

Pero estas instituciones no sólo definen la estructura de capital sino que ayudan a conformarla o modificarla a través, por ejemplo, de las ganancias o pérdidas de capital. Por ejemplo, las plusvalías o minusvalías en acciones –también futuros u opciones- refleja el éxito o fracaso de los planes de negocio de acuerdo con las expectativas con las que se llevaron a cabo. Estas ganancias o pérdidas facilitan y transmiten información relevante a los empresarios para que estos puedan decidir sobre las mejores combinaciones de bienes de capital y facilitan, así, una mejor coordinación entre los distintos planes de acción y proyectos empresariales. Por tanto, ayudan a cambian la estructura de inversiones al modificar el valor relativo de estas –por cierto, aquí ejercen un papel fundamental los denostados especuladores, que con su actuación tienden a ejercer una influencia estabilizadora sobre los precios de los activos-.

Por tanto, las ganancias o pérdidas de capital sirven para que los empresarios –managers, inversores, etc.- se decantes continuamente –un proceso- por determinados planes empresariales, combinaciones de activos empresariales y financieros que se traduzcan en una economía más competitiva y compleja, que provea a la población una mayor cantidad de bienes y más variados.

De ahí que hacer tributar este tipo de ganancias, y hacerlo de manera agresiva –elevando los tipos marginales hasta un 50% de media para las que se generan en menos de un año-distorsiona el papel que estas ganancias tienen en la economía y en la manera en que se estructura. Esto trae como consecuencia una peor coordinación empresarial y una mayor dificultad a la hora de reconvertir una estructura productiva basada en el ladrillo a otra basada en sectores más competitivos.

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Los ahorradores pagarán un 50% más al Fisco por sus ganancias a corto

(Artículo publicado en Libre Mercado.)

Justo después de anunciar que no iba a subir otra vez el IRPF, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, avanzó la semana pasada un nuevo aumento fiscal, en concreto, la tributación del ahorro a más corto plazo -menos de un año-.

El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, ya advirtió el pasado julio de que su intención era gravar las plusvalías imitando el modelo alemán. Sin embargo, la legislación germana contradice al ministro, ya que dicho sistema no elevaría la tributación, por ejemplo, de las plusvalías por la venta de acciones en el corto plazo, las que denomina ahora “especulativas”.

También se ha hablado de volver al sistema que aplicó el PP de Aznar. No obstante, los elevadísimos tipos marginales actuales alejan cualquier posibilidad de hablar de “vuelta” a un sistema en que los tipos eran mucho menores. Unos tipos marginales, los actuales, que multiplicarán el nocivo efecto de la nueva subida fiscal que prepara el Gobierno.

¿Qué ocurriría si se aplicara el modelo alemán?

Alemania modificó la tributación de las ganancias de capital en 2009. Con la vieja ley gran parte de las ganancias de capital a más de un año solían estar exentas -con determinadas condiciones- y las que se generaban en menos de un año tributaban según los tipos marginales de la escala general del impuesto, pero sólo el 50% de dichas ganancias -la otra mitad estaba también exenta-.

La ley Abgeltungsteuer modificó la tributación del ahorro en Alemania a partir de 2009 introduciendo un tipo impositivo único del 25%, que con el recargo de solidaridad asciende al 26,375%, sin contar el impuesto eclesiástico, que cuando se aplica lo eleva al 28%. Por tanto, el ahorro alemán se grava, resumidamente, del siguiente modo:

1. Las plusvalías por la venta de acciones, independientemente del tiempo de generación (si es mayor o menor a un año), al tipo único del 25% (más recargo y en su caso el impuesto eclesiástico).

2. Para aquellos accionistas que posean el 1% o más del capital social de la empresa durante los últimos cinco años, la ley dispone que el 60% de las plusvalías por la venta de dichas acciones tributa en la escala general (tipos marginales), el otro 40% está exento.

3. Para las plusvalías generadas por la venta de otros activos muebles, la ley alemana sí distingue el plazo, siendo así que si son realizadas dentro de un año tributan en la escala general (tipos marginales), y si son a más de un año al tipo único del 25% más recargos.

4. Los ingresos por inversiones privadas -lo que aquí serían rendimientos del capital mobiliario como intereses, dividendos, etc.-, al tipo único del 25% (26,375% con recargo).

5. Las plusvalías por la venta de inmuebles mantenidos 10 ó menos años tributarían según la escala general (tipos marginales). Los que excedan dicho plazo al tipo único.

6. Otro aspecto interesante es que la ley alemana ofrece a los ahorradores que tributen por el tipo único, pero que tengan tipos marginales de la escala general inferiores, la posibilidad tributar por estos últimos.

Así pues, Montoro no acertó al marcarse como objetivo aplicar un régimen como el alemán, ya que dicho sistema no grava las ganancias a corto plazo según los tipos marginales de la escala general sino al tipo único.

Imposible volver al pasado

La intención inicial del Gobierno es regresar a la tributación del ahorro existente bajo el mandato de Aznar, vigente hasta 2007. Sin embargo, los datos desmienten nuevamente al Ejecutivo si se tiene en cuenta la diferencia de tipos marginales que hay hoy en día y los que había entonces.

De hecho, con la subida del IRPF aprobada en diciembre de 2011, el Gobierno colocó los tipos marginales de España entre los más elevados de Europa, tan sólo superados por un par de países nórdicos o el tipo marginal que Hollande pretende imponer en Francia y, por supuesto, más elevados que países más productivos, como es el caso de Alemania -cuyos menores tipos marginales, sin embargo, no atraen al ministro-.

Fuente: “España: en la cola del paro y a la cabeza en impuestos“. Instituto Juan de Mariana.

Por tanto, de gravarse el ahorro a corto plazo a los tipos marginales de la escala general del impuesto, su tributación aumentará de forma muy sustancial, tal y como refleja la siguiente tabla.

Así, tan sólo para las plusvalías del segundo tramo habría una ligerísima reducción del tipo impositivo, mientras que para el resto habría un fuerte incremento. Por ejemplo, del 18% para las pequeñas plusvalías -pequeños ahorradores- o casi de un 100% para las plusvalías más elevadas. El nuevo sistema elevará un 50% de media la fiscalidad sobre el ahorro a corto plazo.

Un segundo efecto negativo algo más sutil, pero notablemente perjudicial sería el de la acumulación de ingresos. De integrarse las plusvalías o ganancias de capital a corto plazo junto con el resto de ingresos, se produciría una acumulación mayor de renta, de modo que los contribuyentes alcanzarían con mayor facilidad tramos más elevados que, de nuevo en el IRPF y gracias a la reciente subida fiscal, se penalizan mucho más que en otros países.

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