El capital y el plan de negocio en un mundo de incertidumbre

(Artículo publicado en el Instituto Juan de Mariana el 18 de octubre de 2012.)

Para la producción de bienes y servicios con valor es necesario realizar una serie de actividades a lo largo del tiempo. No es un hecho automático y necesita de la acción y decisión humana. A ciertos niveles, también es necesario que el empresario organice el proceso productivo.

Por tanto, la actividad productiva requiere de tiempo, se lleva a cabo durante el tiempo real. A lo largo de éste, los recursos productivos, en combinación con otros recursos físicos o humanos, son capaces de aportar valor –si el proceso resulta exitoso-. Esa relación entre el valor que añaden los recursos y el tiempo –valor y tiempo- es lo que caracteriza esencialmente al concepto económico de “capital”.

El conjunto de recursos productivos, de bienes que forman el capital, son bienes de capital, forman una estructura en el seno de la empresa, porque están ordenados y combinados de una determinada manera para que rindan sus servicios a lo largo del tiempo y que, si es un proyecto exitoso, producirán bienes valorados por los consumidores. La valoración de los productos que ayudan a producir es lo que da un valor a los bienes de capital. En definitiva, el valor de los bienes de capital no es más que el resultado de un proceso de búsqueda prospectiva planeada por el empresario.

Plan de negocio

Para esa búsqueda del valor debe haber un plan de producción –o un plan de negocio-. En la elaboración del plan de negocio intervienen dos fuerzas contrarias entre sí: la reducción de incertidumbre y la adaptabilidad. Por un lado, se tratará de reducir el grado de incertidumbre a través de la inclusión de determinados contratos de diversos términos, tiempos y condiciones –con empleados, proveedores, etc.-. Sin embargo, esto se hará a costa de reducir la adaptabilidad del proyecto. Dado que pueden acontecer innumerables circunstancias imprevistas en el plan, el empresario deseará desarrollar un programa lo más flexible y adaptativo posible, de modo que su plan pueda adaptarse a dichas circunstancias.

En el plan, trazado por el empresario de manera consciente, y más o menos precisa o vaga, se reflejan tres conceptos clave, el conocimiento del empresario –o como ahora gusta decir, emprendedor-, sus expectativas y los recursos que, cree, deberá emplear.

Recursos productivos heterogéneos

Los recursos productivos son heterogéneos porque están construidos para propósitos más o menos específicos, tienen un rango de aplicaciones limitado. Esos propósitos deben ser descubiertos por el empresario, que otorga una función económica determinada a cada bien de capital, para la cual la forma física de estos es apropiada.

Cada bien de capital tiene unos atributos útiles para el proceso de producción que determina los servicios que prestan. No tienen que ser completamente conocidos en la elaboración del plan de negocio porque durante la realización del proyecto empresarial en la que los bienes se combinan con otros factores productivos, pueden descubrirse nuevas características valiosas o potenciales del bien productivo. Dependerá de la perspicacia del empresario en cada momento del tiempo.

Expectativas heterogéneas

Las expectativas es otro de los elementos reflejados en el plan de negocio. Las combinaciones de bienes de capital deben ser organizadas por el empresario en función de lo que subjetivamente perciban que va a ser el valor del producto realizado con estos recursos, o la corriente de ingresos que se espera que generen en circunstancias cambiantes.

Las expectativas del valor de esas combinaciones de recursos productivos no es lo único relevante, también deben tenerse en cuenta las acciones futuras de sus competidores y productores de bienes o servicios complementarios, dado que estos afectarán igualmente al valor del bien o servicio ofrecido –si el producto es la fabricación de chips, deberán hacerse cábalas sobre la venta de ordenadores, uno de sus bienes complementarios-.

Dependiendo de su apreciación subjetiva, los empresarios tendrán unas expectativas u otras. No en vano, lo que en realidad hacen los empresarios en la combinación de los recursos productivos es plasmar su particular visión. En definitiva, los modelos cognitivos son heterogéneos también. Por ello es inevitable que las expectativas no siempre sean consistentes –o complementarias- entre sí. Hay que recordar que los modelos económicos rivales son la esencia del proceso competitivo y las expectativas son parte normal de la experimentación del proceso de mercado.

Por consiguiente, los empresarios enfrentan sus juicios unos contra otros. Unos juicios necesarios en un mundo donde el valor del producto es incierto. Cuanto más exitoso sea el juicio, más ganancias obtendrán.

El conocimiento

El conocimiento es una dimensión importante y compleja de cada plan de producción. De hecho, los atributos de los bienes de capital, los recursos productivos, son un conocimiento (productivo) útil para el empresario. De ahí que sea necesario saber cómo el conocimiento entra en el proceso de producción.

La relación fundamental del conocimiento y el capital es que el primero está plasmado en los bienes de capital. Es decir, los bienes de capital expresan un conocimiento sobre el proceso productivo y cómo este debe ser llevado a cabo; encierran el conocimiento para cumplir su función y propósito. Por eso se dice que gran parte del conocimiento de una sociedad puede encontrarse no en nuestras mentes, sino en los bienes de capital que empleamos. Por ejemplo, el conductor de un camión puede no disponer de los conocimientos necesarios para construir un camión, pero sin embargo lo usa dentro de un plan de producción –elemento de transporte de mercancías-. Es decir, este medio de transporte es la plasmación, la materialización, del conocimiento de quienes diseñaron y combinaron todas sus piezas.

Además, este conocimiento hace que los factores productivos menos cualificados alcancen elevadas tasas de productividad. Pero también los trabajadores con mayor capital humano pueden aportar y mejorar el diseño de sus herramientas y dejar su impronta de conocimiento –los denominados intraempresarios-.

En suma, todo este conocimiento del poder productivo de los recursos es extraordinariamente relevante para que el empresario pueda organizar la producción, ya sea integrando dichos bienes en una empresa, subcontratando parte de los servicios necesarios y, en definitiva, perfilando la forma y tamaño de la empresa que quiere montar según su proyecto.

La economía está basada en el conocimiento. Y las empresas están basadas en el conocimiento porque se basan en el capital.

(Este comentario está basado en el excelente y muy recomendable trabajo de Peter Lewin “The capital-based view of the firm”)

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Archivado bajo Artículos Instituto Juan de Mariana, Economía

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