Archivo mensual: octubre 2013

Los cuatro grandes problemas de la industria española

(Artículo publicado en Libre Mercado.)

 

La crisis económica ha golpeado especialmente a la industria española. Y para su recuperación, no solo de la industria sino de la economía en la que está inserta, es imprescindible su orientación al exterior y, por ello, su competitividad.

Desgraciadamente, nos queda un largo camino por recorrer, puesto que contamos con una industria, en comparación con la europea, con una baja productividad, con muchas micropymes, con elevados costes energéticos, y una menor inversión en I+D y en bienes de capital. Algunos informes hablan de que la mejora en la competitividad de la industria española podría generar un incremento de entre el 2% y el 3% del PIB.

Escasa productividad

El coste salarial en España se sitúa por debajo de la media de la UE, especialmente en la industria química y equipo eléctrico y óptico. La industria farmacéutica y material de transporte es donde menores diferencias existen.

La remuneración por asalariado en el sector industrial español ha crecido a tasas medias del 3% entre 2000 y 2011, de acuerdo con los datos suministrados por el Ministerio de Industria. Para el periodo 2010-2011 (últimos años con datos), la tendencia sigue siendo mayoritariamente positiva (6,5% en la metalurgia, por ejemplo) y tan sólo en 5 de los 21 sectores considerados se han reducido: cuero (-2,4%), bebidas (-1,1%), química y farmacéutica (-0,9%) y material ferroviario y tabaco (ambos -0,7%).

La productividad ha crecido desde el año 2000 en todos los sectores, especialmente en material ferroviario, alimentación, calzado y construcción naval. No obstante, entre 2010 y 2011, se deterioró en casi la mitad de los sectores industriales considerados. Decreció en construcción naval (-25,3%), la electrónica y TIC (-6,6%) y maquinaria eléctrica (-14,8%). Y creció, especialmente, en construcción aeronáutica (+19,4%), vehículos de motor (+5,1%) y alimentación (+4,5%).

Con todo, estamos un 34,1% por debajo de la UE15 (excluyendo construcción), sobre todo en la industria farmacéutica (una de las más importantes en nuestro país). La industria química, la farmacéutica (la que más) y el equipo electrónico y óptico (sectores en los que España es poco competitiva) es donde hay mayor déficit de productividad respecto a la UE15. Únicamente somos algo más productivos en la industria de material ferroviario.

Costes energéticos muy superiores

Los costes energéticos españoles son elevados y superiores a la media de la UE15, especialmente en madera y corcho, caucho y materias plásticas y bebidas y tabaco. Tan solo metalurgia, textil, confección y calzado disfrutan de costes menores.

En general, los costes energéticos no es la principal partida de gasto en la cuenta de resultados industrial. Sin embargo, su coste es tan elevado que las empresas tienen que buscar fuentes de energía más baratas, invertir para la mejora de procesos y renovación de maquinaria y equipos para mejorar la eficiencia energética, y ajustar sus patrones de consumo para hacerlos coincidir con los momentos de menores precios energéticos. Algo que, en ocasiones, también se considera un coste asociado que malgasta recursos que no se hubieran empleado de no ser la energía tan cara o que, como mínimo, distorsiona el normal desarrollo de la actividad.

Menor inversión en I+D

Donde más se invierte es en el sector farmacéutico y en el de material de transporte (superan el 4% del valor de producción), seguido de equipo eléctrico/electrónico/óptico (casi el 2%). En el que menos, el sector de papel y artes gráficas, madera y corcho y bebidas y tabaco.

Sin embargo, la industria española, en general, realiza una inversión en I+D del 0,84% del valor de producción, frente a casi el doble de la media UE15 (1,5%). Únicamente el sector de material de transporte, donde la industria española presenta mejores indicadores, es donde este tipo de inversión es superior al promedio europeo. En todos los demás, el porcentaje es menor, especialmente en el poco competitivo sector de equipo eléctrico/electrónico/óptico (con una diferencia de hasta 3 puntos porcentuales).

Es decir, que en los sectores donde más se invierte todavía debería invertirse más (de acuerdo a los niveles mostrados por nuestros pares europeos), especialmente en el de equipo eléctrico y óptico, mientras que en los que menos se invierte, no hay mucha diferencia.

Inversión en capital decreciente

Entre 2000 y 2011, la inversión en capital como porcentaje del valor añadido se ha mantenido igual o ha decrecido en los sectores industriales españoles. Tomando el porcentaje de inversión respecto al valor de la producción, en la mayoría de sectores considerados se invierte menos que en las industrias de la UE15. Tan sólo en la industria farmacéutica, material de transporte, alimentación, bebidas, tabaco, papel y artes gráficas se invierte más.

Aunque, en términos generales, el nivel tecnológico de las plantas españolas son modernas y eficientes, la escasa inversión a medio o largo plazo podrían determinar lo contrario. Sobre todo, en el caso de las Pymes (por su peor acceso al crédito), pero también para las empresas exportadoras o filiales de las multinacionales, cuyos proveedores suelen ser las propias Pymes.

Acceso a la materia prima ¿’comoditizada’?

El poder adquirir la materia prima como commodities en mercados internacionales supone evitar que este coste sea muy diferente al de los competidores europeos. Esto es clave porque las materias primas son el principal coste de la cuenta de resultados de la industria. En sectores como el alimentario o el del metal, sin embargo, su aprovisionamiento se produce a nivel local, por lo que son sus suministradores los determinantes de que las empresas sean o no competitivas.

El aprovechamiento de las materias primas también es clave para ganar competitividad. Y para esto es necesaria una maquinaria adecuada (y moderna), lo mismo que para reciclar parte de los productos terminados, algo que abarataría este importante coste.

El pequeño tamaño de la empresa española

Somos un país de microempresas, y ello conlleva numerosos problemas de competitividad, como la insuficiente capacidad productiva y operativa para soportar una inversión en bienes de capital elevada o el aprovechamiento de las economías de escala, el acceso al crédito, las actividades I+D, etc.

La mayor diferencia de tamaño se da, paradójicamente, en donde las empresas españolas son más grandes -farmacéutica, química y metalurgia- y algo menos en la alimentación y vehículos a motor. Es decir, que nuestras empresas más grandes (en términos de empleados) todavía deberían serlo más si tomamos como parámetro a sus pares europeos de la UE15.

La solución podría pasar por la internacionalización, sobre todo en las empresas más medianas que tienen un cierto nivel de consolidación de su negocio en el país. Pero, concretando en nuestros sectores industriales más importantes, observamos que a nuestra menor productividad hay que añadirle, además, que las empresas son mucho más pequeñas en comparación con la UE15 (en términos de empleados). Es decir, que nuestras empresas, en nuestros sectores más importantes, tienen muchos menos empleados y, además, son menos productivas.

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La automoción lidera el aumento de la productividad industrial

El sector industrial español ha sufrido un fuerte revés en lo que va de crisis. No obstante, no todas las ramas de actividad de la industria se han comportando de igual manera. ¿Cuáles son los sectores que más se han recuperado? ¿En dónde son más productivos los trabajadores? ¿Y el tamaño de las empresas, en qué industrias están agrandándose y en cuáles se están reduciendo? Quizá contestar a estas preguntas nos ofrezca una aproximación de por dónde se está reestructurando nuestro sector industrial, que aporta alrededor del 14% al PIB español.

¿Qué sectores se recuperan?

Una manera de verlo es la producción por ramas de actividad en 2012 tomando como base la producción de 2005. De este modo, de acuerdo con los datos ofrecidos por el Ministerio de Industria, encontramos que la industria farmacéutica está al 139,6%, la química al 100,5% y la alimentación al 98,6%, seguidos de coquería y refino de petróleo 97,6%.

Se da la feliz circunstancia de que las tres primeras ramas de actividad que más se han recuperado de la crisis (especialmente del 2009, el año más dañino en términos industriales) son los que aportan casi el 30% de toda la industria (en términos de valor añadido). Esto quiere decir que de no haberse recuperado mejor que la media de sectores industriales (que están en un 75% de la producción de 2005) la economía habría decrecido mucho más y nos encontraríamos en una situación mucho peor.

¿Y los que no levantan cabeza?

Los que menos se están recuperando son el sector el de madera y corcho, muebles, prendas de vestir, productos informáticos/electrónicos y ópticos. En algunos casos se explica por la propia corrección de la burbuja (caso de los muebles) y en otros, por la falta de competitividad.

¿Dónde crece más la productividad?

Los sectores que suponen el 40% de la industria en términos de valor añadido -la alimentación, la industria farmacéutica y química y la de fabricación de productos metálicos (excepto maquinaria)- son menos productivos por empleado que sus pares en la UE15. Especialmente la industria farmacéutica europea, que cuenta con el doble de productividad por empleado que la española. No obstante, es de resaltar que entre 2010 y 2011 la productividad por empleado en estos importantes sectores ha crecido a un ritmo superior al mantenido desde el 2000.

Mención especial tiene el sector vehículos de motor, que es casi el 9% de la industria, donde la productividad por empleado ha crecido en esos dos últimos años a más del doble del ritmo mantenido desde el 2000. Es el sector donde más ha crecido la productividad en estos dos últimos años y, quizá por ello se entiende las últimas inversiones de unos 7.000 millones de euros de las multinacionales del sector.

¿Cómo evoluciona el tamaño de las empresas?

España es un país de pymes y micropymes. Sin embargo, la evolución que han experimentado nuestras empresas varía en función del sector en el que se encuentren. Así, las empresas que entre el 2010-2011 están creciendo en tamaño (en términos de empleados) a un ritmo muchísimo mayor al mantenido entre 2000-2011 son las del sector del cuero (un 12% en 2010-2011 frente al 0,8% en 2000-2011), vehículos de motor (11,5%, -0,1%) y del calzado (9,5%, 0,2%). No por casualidad son industrias altamente orientadas al exterior.

El crecimiento del tamaño de las empresas de nuestros sectores industriales más importantes (alimentación, farmacéutica, química) siguen una evolución similar en los últimos años (2010-2011) que desde el 2000.

Las empresas en donde más se está acentuando la disminución de su tamaño en los últimos años con datos (2010-2011) son los sectores del tabaco, material ferroviario, madera, muebles y corcho, y electrónica y TIC. La única en la que podría entenderse una cierta disminución es en el de material ferroviario, donde el tamaño suele ser similar al tamaño en la UE15.

¿Dónde hay mayor intensidad inversora?

Entre 2000 y 2011, en todos los sectores industriales se redujo la inversión en maquinaria y equipo con respecto al valor añadido generado. Donde más se ha reducido, en el sector del material ferroviario (-9,7%), el calzado (-9,2%), madera, muebles y corcho (-8%), fabricación de productos metálicos (7,5%), textil, confección y maquinaria y equipo mecánico (algo más del -6%).

Sin embargo, según los datos más recientes, entre 2010 y 2011 hubo una fuerte intensidad inversora en la electrónica y TIC (73,8%), el tabaco (60,7%), maquinaria eléctrica, caucho y materias plásticas. Estos son sectores donde más se está reduciendo el tamaño de las empresas en términos de empleados (sobre todo las dos primeras) y en donde, a priori, se estaría produciendo una sustitución entre mano de obra y maquinaria, al estar cayendo fuertemente la productividad por empleado.

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La industria acapara el 53% de las exportaciones españolas

(Artículo publicado en Libre Mercado.)

 

La caída de Panrico, Fagor o Pescanova son tres ejemplos recientes de las dificultades y problemas que atraviesa la industria española. Pero, ¿cómo ha evolucionado este sector durante la crisis? Los últimos datos de producción industrial muestran una ralentización de su contracción. Con todo, la industria española sigue en niveles inferiores a 2008 ó 2010, y peor que sus pares europeos.

Una situación que explica en buena medida la situación económica general de España, pues, según algunas estimaciones, la industria tendría un impacto en el PIB y en el empleo del 25% y del 23%, respectivamente. Y dentro de la industria, la alimentación y el sector farmacéutico o químico son las ramas de actividad que más peso tienen, no así los que más exportan, donde el textil, equipo eléctrico y vehículos de motor destacan sobre los demás.

La producción industrial del pasado agosto arroja resultados que, una vez corregidos las variaciones estacionales y el efecto calendario, muestran la ralentización de la contracción de la actividad industrial.

De acuerdo con el BBVA Research, descontando las variaciones estacionales y el efecto calendario, la mayor parte de los componentes de la producción industrial evolucionaron positivamente en agosto, salvo la producción de bienes energéticos.

Evolución de la industria durante la crisis

La producción industrial en España ha bajado hasta el 90% del nivel alcanzado en 2010. Tan sólo Italia ofrece datos similares (91,6%). Países como Reino Unido (95,7%) y Francia (99,6%) han retrocedido menos industrialmente. Otros incluso han aumentado su producción industrial respecto al citado año, como EEUU (109,1%) y Alemania (106,1%).

Fuente: Minetur

Respecto al inicio de la crisis, la industria española todavía no se habría recuperado. Prácticamente en todos los sectores se ha reducido la producción industrial, excepto en la industria farmacéutica. En términos de valor añadido, la industria se encuentra en un 94,1% de 2008, aunque en el segundo trimestre ha crecido, alcanzando el 95%. A ello, se suma una pobre utilización de su capacidad productiva, de poco más del 70%.

Ramas más importantes

De acuerdo con los últimos datos del Ministerio de Industria (Minetur), la industria aportó en 2012 el 13,32% al PIB (en forma de valor añadido -VA-), frente al 14,8% en los países de la UE15. Dentro de la industria, la manufacturera es el sector que más peso tiene, un 74,8%, frente a la energética (20,7%) y la extractiva no energética.

Nuestros sectores más potentes son la alimentación, que supone el 11,9% del VA de la industria y la primera creadora de empleo (el 17,5% del total de trabajadores empleados en la industria, 1.781.353). El segundo sector que más VA aporta, la industria química y farmacéutica (8,6% del VA de la industria) es, sin embargo, el quinto en empleo. El tercer sector, la fabricación de productos metálicos, excepto maquinaria y equipo, es el segundo en creación de empleo (251.091). Y la producción de vehículos de motor, nuestro cuarto sector por VA, es el tercero en empleo (139.446).

Fuente: PwC

Valor añadido y empleos indirectos

De acuerdo con un informe de la consultora PwC patrocinado por Siemens, por cada euro de PIB generado de forma directa por la industria en su conjunto, se generan 1,14€ adicionales de forma indirecta en la cadena de valor (gracias al valor añadido generado por los proveedores de las empresas industriales), y 0,47€ de forma inducida (gracias a las rentas de los trabajadores de la industria). Y por cada empleo generado de forma directa se generan 1,03 empleos indirectos y 0,40 empleos inducidos.

Destaca, de nuevo, la alimentación (que por cada euro genera más de 4€ adicionales de riqueza y más de tres empleos adicionales), bebidas y tabaco (más de 3€ y casi 4 empleos) o la metalurgia (casi 2€ y 2,62 empleos). La rama de vehículos a motor se encontraría en torno a la mitad de los valores de la tabla (1,87€ y 1,79 empleos).

Fuente: PwC

Es decir, teniendo en cuenta estos multiplicadores, el porcentaje de PIB relacionados directa o indirectamente con la industria española se elevaría hasta el 25,8%, calcula PwC. Un impacto del 23,4% en el caso del empleo. Un análisis que, a la contra, también explicaría la capacidad de destrucción de la actividad económica y empleo en los momentos de recesión económica (especialmente en 2009, el peor año de crisis para la industria).

Exportaciones

Por otro lado, la industria acaparó el 52,8% de las exportaciones españolas, con un superávit de más de 8.500 millones de euros. Los sectores que más exportan en términos absolutos son: los vehículos de motor, la industria química y farmacéutica, la alimentación y la metalurgia; los que menos, madera y corcho, minerales y caucho.

Sin embargo, es interesante considerar el porcentaje que se exporta de la producción de cada sector. Destaca el textil, confección, cuero y calzado (88,5% de lo producido), el equipo eléctrico (77%) o los vehículos de motor (75,7%). Y los que menos exportan su producción, la alimentación (21,9%), bebidas y tabaco (19,8%) o la madera y corcho (19,3%).

Los que menos exportan no tienen por qué ser los sectores menos competitivos sino que al tener costes de transportes más elevados o generar poco valor añadido han tendido a acomodarse más en la demanda local.

Fuente: PwC

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“Activos fiscales”, la última argucia contable para ayudar a bancos y cajas

Las nuevas regulaciones financieras nacionales e internacionales conllevan una doble presión para los bancos españoles: están obligados a elevar el nivel de capital de sus balances y también su calidad. Esto significa deducir de su capital, por ejemplo, gran parte de los activos de baja calidad, como los activos fiscales (pérdidas compensables o deducciones futuras).

Y no por casualidad, desgraciadamente, los bancos españoles están cargados de este activo (alrededor de un 30% de su patrimonio neto). Lo que significa que su deducción del capital impactará muy negativamente en la solvencia de sus balances, y requerirá mayores dosis de capitalización urgente. Por tanto, menos capacidad de financiación para la economía.

Por ello, crecen las presiones e intereses de banca y autoridades de aliviar esta situación a través de ciertas argucias contables y fiscales que minorarían este impacto y elevarían la capitalización bancaria. Una solución implementada ya por Italia.

El problema de la capitalización

La obligada recapitalización de los bancos está siendo un ejercicio lento y muy difícil por la propia situación de la banca y la calamitosa posición de sus clientes, demandantes de capital. De hecho, parte de su capacidad para prestar capital a la economía real la han reservado para atender a las obligaciones legales de incrementar las ratios de capital.

Con todo, los bancos están reduciendo las necesidades de capital mínimo legalmente exigido, a tenor de los últimos datos expuestos por el comité de supervisión de Basilea III. Sin embargo, y en concreto en España, las necesidades de capital de la banca todavía son notables.

A lo que hay que sumar la poca capacidad de la banca de generar capital vía beneficios, dado que, según algunas estimaciones (Credit Suisse), las entidades financieras españolas todavía necesitarían activar provisiones durante los próximos dos años y medio de unos 23.000 millones de euros.

Mucho más presentes en la banca española

Por ello, en los países más afectados, España e Italia, se está barajando la posibilidad de acometer cambios de tipo contable y fiscal que podrían significar una gran bocanada de oxígeno que modifique algo el estado zombi de nuestra banca.

Los activos fiscales (activos por impuestos diferidos) representan, básicamente, la posibilidad de pagar menos impuestos en el futuro y, por tanto, tener más beneficios con los que nutrir los fondos propios de la entidad. El ejemplo más claro son las pérdidas acumuladas que pueden compensarse con futuros beneficios y así pagar menos impuestos. También están las deducciones que temporalmente se harán efectivas en ejercicios futuros.

Gran parte de estos activos se generaron como consecuencia de la dotación de cuantiosas provisiones en 2012, y suponen alrededor del 37% del Capital Ordinario de Nivel 1 (el denominado TIER I: acciones, preferentes, deuda sin pagar, híbridos) de la banca española.

El problema es que, de acuerdo con la normativa Basilea III, estos activos fiscales no pueden computar como capital. Eso significa que entre 2014 y 2018 los bancos deberán ir deduciendo gradualmente estos activos del capital TIER I, es decir, minorándolo. Sin embargo, al mismo tiempo, y, simplificando, las entidades están obligadas a aumentar este capital hasta el 10,5%.

Por tanto, la banca afronta unas medidas que apretarán más las tuercas a los muy débiles bancos españoles y, por ende, a la economía. No en vano, las estimaciones más conservadoras cifran el valor de estos activos en unos 50.000 millones en términos netos (aproximadamente el 5% del PIB). Tan sólo dos de los bancos nacionalizados que se pretenden vender cuentan con unos 5.000 millones de este tipo de activos. La deducción de este tipo de activos del capital de las entidades españolas se dejará sentir mucho más que en el resto de países europeos, pues nuestros bancos albergan en sus balances muchos más activos de este tipo:

Por qué no pueden considerarse capital

La explicación de por qué no pueden considerarse capital es bastante lógica, y es que no son activos de alta calidad, puesto que, por ejemplo, necesitan beneficios para poder aplicarse. Además, ante shocks importantes no tendrían ninguna capacidad para absorber las pérdidas en caso de insolvencia de la entidad financiera. Es decir, que son activos que no tienen una calidad equiparable al capital, debido al plazo de maduración y al riesgo que conllevan, por tanto, no sanean convenientemente el balance de un banco.

La solución italiana

Una posible solución ya implementada en Italia recientemente seria convertir estos activos en créditos fiscales (que pueden compensarse con otros impuestos e incluso venderse) que sí computarían como capital bajo Basilea III. Pero no todo el activo fiscal podría convertirse, tan sólo los que hayan surgido por deferencias temporales (las deducciones fiscales españolas a las que el banco podrá optar en ejercicios futuros). Es decir, no podrían computarse los 50.000 millones, pero sí una cantidad considerable.

Sin embargo, en opinión del FMI en su último informe sobre la banca española, la capacidad de hacer tal conversión estaría condicionada a los esfuerzos del banco para sanear su balance: no distribuir dividendos durante un periodo de años, emitir nuevas acciones (ampliar capital), acometer planes de reestructuración…

Según algunas estimaciones, la conversión podría suponer incrementar en más de un punto porcentual el capital de los bancos españoles, un alivio bastante difícil de conseguir a través de los mecanismos habituales (cuenta de resultado o ampliación de capital) en las condiciones actuales del mercado.

Una banca privilegiada

El problema de fondo es que el sistema bancario es un sector privilegiado por el Estado en el que se permite legalmente que las entidades financieras puedan operar con unos balances totalmente descompensados, en el que el activo y el pasivo no casan en plazo ni riesgo. De hecho, cualquier otra empresa estaría obligada a presentar concurso de acreedores si tuviera unas ratios de capital tan bajos como los de la banca. El privilegio ha conducido a un desequilibrio de estas entidades que no están sometidas a la necesidad de auto regularse prudentemente como el resto de empresas

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La fiscalidad real de las grandes empresas oscila entre el 13% y el 27%

(Artículo publicado en Libre Mercado.)

En los últimos días se ha venido afirmando en diversos medios e incluso desde la Agencia Tributaria que las grandes empresas tributan tan sólo a un 4,13% de sus beneficios. Cifra que, obviamente, se utiliza para justificar reiteradas subidas de impuestos a estas empresas y para contraponer la injusta diferencia de tributación de las grandes corporaciones frente a las Pymes y así subir impuestos a las primeras (en lugar de bajarlos a las Pymes).

Sin embargo, las grandes empresas no pagan sólo esta proporción. En realidad, y tras usar una corrección en los cálculos (una metodología utilizada por la propia Dirección General de Tributos), los grupos consolidados habrían pagado en 2012 más del 13% y las grandes empresas el 27%. Porcentajes muy lejos de la versión oficial de los partidos políticos y la mayoría de medios de comunicación.

Pagan más del 4,13%

En primer lugar, lo que torticeramente se llama grandes empresas que apenas pagan impuestos, en realidad son las empresas que aplican un régimen especial de consolidación fiscal. Pero a este régimen pueden acogerse los grupos de empresas grandes y pymes, aunque sean mayoría las primeras. Al mismo tiempo, no todas las grandes empresas forman grupos consolidados. Luego, no es correcto y es demagógico afirmar que las grandes empresas pagan apenas el 4% de impuestos.

Por otra parte, la cifra del 4,13% se explica atendiendo a las estimaciones contenidas en el Informe Económico y Financiero que acompaña al proyecyo de ley de Presupuestos Generales del Estado para el 2014. Según este informe, las subidas de impuesto del Gobierno han elevado en 2012 la tributación efectiva de estas empresas un 18% en comparación al ejercicio 2011, año en el que, según el último Informe Anual de Recaudación de la Agencia Tributaria, estas empresas pagaron tan sólo el 3,5% de sus beneficios.

No obstante, tampoco es cierto que sólo pagaran el 3,5% de sus beneficios, como dice la Agencia. El motivo es que este cálculo omite una necesaria corrección del tipo efectivo que permitiría hallar una medida de tributación efectiva más realista. Por cierto, esta corrección es utilizada por los técnicos de la propia Dirección General de Tributos en sus análisis de la recaudación fiscal de cada año.

La tributación efectiva corregida

La mencionada corrección se basa en descontar el efecto de las deducciones que corrigen la doble imposición. La doble imposición se produce cuando se tributa dos veces por la misma renta. Por ejemplo, los beneficios de una empresa derivados de haber recibido dividendos de una participada están sujetos al impuesto. Sin embargo, esos dividendos fueron beneficios que ya pagaron en la empresa que los distribuyó. Se produce así una imposición en la empresa que los recibe y en la que los distribuyó.

Para corregir este efecto, el Impuesto permite aplicar estas “deducciones por doble imposición” a las empresas que reciben esas rentas que ya tributaron en su momento, y así evitar pagar dos o más veces por lo mismo. Tradicionalmente, éstas son las deducciones más elevadas que aplican las empresas, sobre todo las grandes, porque están más internacionalizadas y tienen más vínculos de propiedad con otras empresas.

El problema es que estas deducciones distorsionan enormemente el cálculo del tipo efectivo. En palabras de la Dirección General de Tributos (página 205 del documento enlazado), las deducciones por doble imposición son “minoraciones técnicas que no persiguen eximir de tributación ciertas rentas, sino evitar gravar dos o más veces los mismos beneficios”. Es decir, con estas deducciones no se pretende favorecer o reducir los impuestos a las empresas, no es una concesión que privilegia a las entidades, sino que se pretende evitar que se pague dos o más veces por lo mismo.

Aislar esta distorsión a la hora de calcular la tributación efectiva de las empresas conduce a que debamos excluir estas minoraciones por doble imposición del cálculo del tipo efectivo (que es lo que realmente se paga en impuestos respecto al beneficio o resultado contable). Y el resultado es que el tipo efectivo descontando esta corrección, aumenta.

Lo que realmente pagan en impuestos

Tras excluir las minoraciones por doble imposición, y teniendo en cuenta los datos del Informe Anual de Recaudación 2012 de la Agencia Tributaria, obtenemos una tributación efectiva corregida para los grupos consolidados para el ejercicio 2011 de poco más del 11% aproximadamente, en lugar del 3,5% mostrado por la Agencia. Si a esto le añadimos el 18% de incremento anunciado en el Informe Económico y Financiero, obtenemos que los grupos tributarán a poco más del 13% en 2012.

Es decir, las medidas del Gobierno habrían incrementado los impuestos a estos grupos más del triple de lo anunciado a bombo y platillo por la Agencia, los partidos políticos y algunos medios. Y si aun así puede parecer poco el nivel de tributación efectiva, ésta se debe en muy buena medida a las pérdidas (compensables fiscalmente) que estos grupos han acumulado durante la crisis.

Respecto a las grandes empresas (que no consolidan), la tributación efectiva corregida ascendería aproximadamente a más del 23% en 2011. Si, hipotéticamente, aplicamos el mismo incremento del 18% para las grandes empresas y no sólo a las consolidadas (aunque aquí nos faltan detalles que expliquen este incremento), obtendríamos una tributación efectiva corregida para las grandes empresas del 27% en 2012. Así pues, ambas cifras están muy alejadas de la tradicional propaganda utilizada para subir los impuestos.

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