Archivo mensual: noviembre 2013

El PP castiga a las empresas con la mayor subida de impuestos de Europa

(Artículo publicado en Libre Mercado.)

España no sólo tiene el dudoso honor de contar con los tipos marginales del IRPF de los más altos del mundo, sino que también ostenta el no menos dudoso honor de tener una de las fiscalidades empresariales más elevadas . Y esto se debe a la subida estratosférica de la carga fiscal que soportan las empresas padecida en 2012, el mayor incremento de la fiscalidad de las empresas en Europa.

El Gobierno de Mariano Rajoy ya tiene otro récord fiscal que añadir a sus dos primeros años de legislatura, el de haber incrementado en 19,9 puntos porcentuales la fiscalidad a las empresas, si tomamos los cálculos realizados por el informe anual Paying Taxes 2014 sobre fiscalidad empresarial (de la variedad de impuestos que soporta una empresa) elaborado por PwC.

También aquí se muestra en parte los caminos totalmente opuestos que han seguido los países bálticos y nuestro país, y por qué ellos están creciendo y corrigiendo desequilibrios mientras nosotros nos arrastramos en el estancamiento. Así, en general, los bálticos suelen estar en torno a la media europea en tributación empresarial, y si están muy por encima, como es el caso de Estonia, llevan el camino de rebajarla.

Este fuerte incremento de la tributación empresarial en España proviene, fundamentalmente, de las múltiples y reiteradas subidas del Impuesto sobre Sociedades, en donde se han limitado o eliminado multitud de deducciones, principalmente aquéllas referidas a gastos que la empresa realmente tiene (y no sólo a beneficios fiscales), con la consecuencia de pagar por beneficios que no ha tenido. Por otra parte, la subida de impuestos a las empresas se ha producido en un contexto global en el que los impuestos sobre los beneficios han decrecido significativamente durante los últimos 9 años (línea negra).

Esto supone que la pérdida de competitividad, ya de por sí elevada a causa de la subida fiscal, es todavía superior por la rebaja de impuestos en el resto del mundo. Aquellas empresas que deban competir en nuevos mercados y en los que la carga fiscal empresarial sea muy inferior o haya ido decreciendo, todavía tendrán más dificultades para ser competitivos y colocar sus productos. Cobra más mérito, por tanto, el esfuerzo que están realizando las empresas para orientarse hacia el exterior a pesar de las trabas que el Gobierno les impone en territorio patrio.

Se da la circunstancia, además, de que este estudio se aplica especialmente a las empresas de tamaño medio. Por tanto, elevar la fiscalidad sobre las empresas medianas significa imponer más barreras a que las empresas pequeñas crezcan, más carga fiscal, en definitiva. Y el tamaño de las empresas es una característica esencial para mejorar la competitividad en el exterior del tejido productivo español.

Tercera fiscalidad empresarial más agresiva

Todo lo anterior explica cómo el nivel de tributación empresarial en España, que, tradicionalmente, se venía situando un poco por encima de la media europea, ahora pase a ser el tercer país de Europa en donde las empresas soportan mayores impuestos, alcanzando el 58,6% de los beneficios.

La parte de la carga fiscal que recae sobre los beneficios (columna negra) ha crecido en España hasta el 21,2%. Y es importante resaltar que éste es un porcentaje sobre los beneficios totales, antes de cualquier impuesto. Una magnitud muy superior a la base imponible del Impuesto sobre Sociedades o al beneficio contable, en el que pueden haberse descontado en forma de gastos algunos impuestos soportados por la empresa que no pueden recuperarse. Por tanto, este beneficio es más real y más grande, por lo que un porcentaje de impuestos mayor sobre este beneficio significa un nivel de tributación muy superior.

Para hacernos una idea de la magnitud de este porcentaje, sólo hay que observar los países que cuentan con tributaciones similares por este concepto, como los dos países de las socialdemocracias nórdicas, Dinamarca y Noruega, o el de Reino Unido, Alemania e Italia. Sin embargo, todos estos países, salvo Italia, soportan una fiscalidad empresarial en conjunto inferior a la española, siendo países mucho más ricos. Italia, el país más similar a España, prefirió optar por el camino opuesto al seguido por el Ejecutivo de Mariano Rajoy, aun atravesando una situación económica parecida, y rebajó la tributación empresarial total en casi dos puntos porcentuales.

Además, también es importante destacar que en los resultados del informe no se incluye el IVA. Éste es un impuesto sobre el consumo, pero, si tras subirlo las empresas no trasladan este incremento al consumidor, entonces, se convierte en un impuesto sobre los beneficios, parecido al actual Impuesto sobre Sociedades. Con lo cual, si se incluyera la subida del IVA ,que, además, penaliza la liquidez y solvencia de las empresas, la carga fiscal sería muy superior a la mostrada en el gráfico, pues no toda la subida del año pasado se trasladó al consumidor.

Carga fiscal sobre el trabajo

Por otro lado, el trabajo está fuertemente penalizado en la mayoría de sistemas fiscales, pero especialmente en Europa, en donde casi el 65% de la imposición empresarial proviene de la tributación al trabajo. España cuenta con una de las fiscalidades empresariales por el factor trabajo más elevadas. En concreto, supone una carga fiscal para la empresa del 36,8% del beneficio, es decir, el 63% de toda la carga fiscal empresarial. Y eso que en el estudio no se tienen en cuenta la parte de las cotizaciones sociales a cargo del empleado ni tampoco las retenciones de la nómina por IRPF.

Es cierto que el total de las cargas sociales al trabajo son soportadas, principalmente, por el propio trabajador (menor remuneración), aunque las pague a cuenta, en su mayor parte, la empresa. Pero eso no significa que las empresas no se vean obligadas también a afrontar costes laborales superiores y costes añadidos por las obligaciones formales que la fiscalidad al trabajo conlleva.

Un mes para cumplir el ‘papeleo’

Por último, el tiempo destinado por las empresas a cumplir las obligaciones fiscales también es una carga a las empresas, ya que deben destinar recursos y energías a tal fin. En España, el tiempo de cumplimiento de las obligaciones formales sigue siendo de 167 horas, igual que el año anterior.

Dicho en otros términos, estamos hablando de más de 20 jornadas laborales de ocho horas. O dicho de otro modo, lo que se trabajaría un mes (sin contar fines de semana, y ocho horas laborables al día). Es decir, las empresas tendrían un mes menos al año para crear riqueza, empleo y valor, porque deben dedicarlo a obligaciones fiscales (si no son las propias empresas, destinar recursos en asesores u otras empresas subcontratadas para tal fin), además de pagar una carga empresarial de casi el 60% de sus beneficios.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Artículos en Libremercado.com, Economía, Fiscalidad

Las empresas retrasaron aún más el pago a sus proveedores en 2012

(Artículo publicado en Libre Mercado.)

 

A lo largo de la crisis, las restricciones financieras han impuesto la necesidad de que las empresas alarguen los pagos en las transacciones que realizan entre ellas. Especialmente en 2009 y los años sucesivos ha sido habitual no sólo una estrepitosa caída de las ventas sino que las que lograban realizarse tardaran mucho en pagarse, o no se pagaran. La media de días de mora se ha incrementado en el último año, en las grandes y micro empresas, y en aquellas ubicadas especialmente en el sur de España.

El problema es que el plazo de pago también es un componente comercial importante a la hora de diferenciarse de la competencia. Y que se alargue el pago por la debilidad financiera de los compradores dificulta que los vendedores puedan usarlo en su camino hacia la internacionalización, ofreciendo facilidades de pago a sus clientes del exterior.

Días de mora

A este respecto, la Cátedra de Cash Management del Instituto de Empresa (IE) ha calculado recientemente los días de mora en las transacciones entre empresas. Los resultados muestran los golpes a la liquidez que soportan las empresas, haciendo que el plazo de pago no descienda de los noventa días, salvo en 2011, y se incremente durante el año pasado, reflejando el empeoramiento de la crisis en 2012..

Todo ello, tristemente, contradice la pretensión de los gobiernos que han querido fijar el número máximo de días de pago en 60 días (incluso en 30 en algunos productos), como si pudieran imponer una realidad económica a golpe de diktat. Además, las estimaciones que se tienen para 2013 y las previsiones para 2014 no apuntan a que cambie este panorama.

Grandes y microempresas, las que más tardan

El tamaño de las empresas influye también en el número de días en las que se realizan los pagos a los proveedores después de adquirir la mercancía:

La gran empresa es la que más retrasa sus pagos. Es decir, logra financiar su actividad hasta con 24 días adicionales. Lo contrario que las pequeñas empresas, que están seis días por debajo de la media nacional. Pero el tamaño no es definitivo, pues la micro empresa, más por razones de sus duras condiciones de vida que por importancia o poder de negociación, es la segunda que más tarda en pagar. Una tendencia que se incrementó el año pasado.

Empeoramiento

Todos los sectores analizados empeoraron en 2012 con respecto al año anterior, especialmente la construcción, en el que el retraso en el pago de las facturas se incrementó casi un 8%. Tanto la industria como el comercio empeoraron casi un 5% mientras que la agricultura se mantuvo casi igual.

Por regiones: división norte-sur

Finalmente, la ubicación de la empresa también juega un papel destacado. Una empresa situada en Andalucía tarda, por término medio,más de un mes en pagar que una situada en Navarra. Una muestra más del tejido productivo y la cultura empresarial en el que están inmersas las empresas en función de su localización geográfica.

En todas las comunidades empeoró el plazo de pago a proveedores, a excepción del País Vasco, en el que se mantiene estable. Se aprecia una división entre el norte y el sur de España. Si bien sorprende la posición de la Comunidad de Madrid, que está entre las áreas geográficas en las que más se tarda en pagar, e igualmente la Comunidad de Valencia, que, a pesar de tener un gran peso de la construcción, parece que el resto de sectores contrarresten este efecto y la sitúen por debajo la media nacional.

En opinión de los investigadores del IE, aquellas comunidades con un fuerte peso del tejido empresarial, como Cataluña, Valencia o País Vasco han logrado mantener el plazo de pago. Navarra, con un sistema productivo muy maduro, capitalizado y orientado a la exportación presenta los plazos más reducidos.

Deja un comentario

Archivado bajo Artículos en Libremercado.com, Economía

Bruselas echa por tierra la política fiscal de Montoro

(Artículo publicado en Libre Mercado.)

 

La Comisión Europea ha publicado un nuevo estudio que reaviva el debate que ya inició en su día el Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre los multiplicadores fiscales, es decir, el impacto que tienen los recortes de gasto y las subidas de impuestos sobre el PIB. El citado informe ha causado cierto revuelo porque trata de medir los efectos negativos que ha provocado la tan denostada austeridad presupuestaria en los países de la zona euro, especialmente en los periféricos, y el grado de responsabilidad que tiene Alemania en este ámbito.

Como era de esperar, esta investigación ha sido rápidamente usada por los críticos de la austeridad y por quienes abogan por políticas de mayor gasto público e intervención gubernamental (keynesianos). Curiosamente, el Tesoro de EEUU también acaba de lanzar duras críticas a las políticas de Angela Merkel, acusándola de dificultar la recuperación del sur de Europa debido a su obsesión por controlar el déficit y la deuda pública.

Sin embargo, el análisis en detalle de dicho estudio muestra unas conclusiones muy diferentes a las que se han tratado de difundir, ya que demuestra que es el modo en que se aplica la austeridad, no la austeridad en sí misma, lo que está lastrando la recuperación de la zona euro. Y, en concreto, lo que está dificultando la salida del túnel son, muy especialmente, las subidas de impuestos y el retraso en la aplicación de planes de consolidación fiscal creíbles, capaces de modificar al alza las negras expectativas de los agentes económicos.

Subir impuestos es muy negativo

Así, de acuerdo con el trabajo publicado por la Comisión Europea, recortar el gasto público tendría un efecto más positivo en el PIB que basar los ajustes en la subida de impuestos. Tal y como se observa en el siguiente gráfico, reducir el gasto público (línea verde) supone una caída del PIB más intensa, pero también mucho más corta en el tiempo. De este modo, la austeridad basada en drásticos recortes para eliminar el déficit permite salir antes y con más fuerza de la recesión, alcanzando mayores tasas de crecimiento a medio y largo plazo. Por el contrario, si únicamente se opta por subir los impuestos (línea roja) no se decrecería tanto al principio, pero el problema es que las dificultades económicas se prolongan. Es decir, la crisis se alarga.

El informe de Bruselas también pone de manifiesto que combinar ambos tipos de políticas (línea azul), que es, precisamente, lo que han venido haciendo los Gobiernos de Rajoy y Zapatero, implicaría alargar más la recesión y, tras salir de ella, tener un minúsculo crecimiento. Efectivamente, PSOE y PP han apostado, básicamente, por disparar los impuestos al tiempo que contenían algunas partidas presupuestarias para tratar de reducir el déficit.

Sin embargo, tras casi seis años de crisis, los datos demuestran que el gasto público sigue superando los niveles de burbuja, mientras que los contribuyentes españoles soportan una de las fiscalidades más agresivas y confiscatorias del mundo desarrollado. Asimismo, el PIB español ha sufrido una doble recesión, dibujando así una crisis en forma de W que, debido al exiguo crecimiento registrado, pinta más bien una figura en forma de L -caída desde máximos y, después, prolongado estancamiento-.

Dicho de otro modo, según Bruselas, España ha optado por el peor ajuste fiscal posible (muchos impuestos y escaso recorte de gasto), en lugar de imitar el exitoso modelo aplicado por los países bálticos, centrado en reducir, casi exclusivamente, el tamaño del Estado.

El ajuste fiscal menos efectivo

De igual modo, los expertos de la Comisión ponen de manifiesto que el impacto de los ajustes sobre el crecimiento económico depende, en gran medida, de la composición de éstos. El trabajo estudia una variedad de medidas presupuestarias, tanto reducciones de gasto como incremento de impuestos, cuyos resultados -se asume- serían utilizados para disminuir la deuda pública en 20 puntos porcentuales y, consecuentemente, los gastos en intereses, hecho que permitiría reducir los impuestos al trabajo a medio plazo.

Aunque hay muchas cautelas que cabría argüir respecto a esta metodología y asunciones, el citado infoeme ofrece resultados concretos, como que la reducción del consumo público no sería negativa a largo plazo para la economía. Igualmente, una reducción de los impuestos al trabajo (IRPF y cotizaciones a la Seguridad Social) impulsaría el crecimiento del PIB a medio y largo plazo. Si a esta disminución se le añadiese una reducción de las transferencias a las familias, también se obtendrían efectos positivos a medio y largo plazo en el PIB.

Por el contrario, recortar la inversión pública (que el autor asume que es productiva, aunque esto podría matizarse mucho) sería contraproducente, tanto a corto como a largo plazo. Este punto supondría, por tanto, un nuevo palo a la política fiscal española, ya que los escasos recortes del Gobierno se han centrado, sobre todo, en reducir inversión pública.

Por otro lado, incrementos en los impuestos sobre el consumo (IVA), sobre el trabajo (IRPF y cotizaciones) y sobre Sociedades tendrían un impacto negativo. Sólo si los efectos de estas subidas permitieran la mencionada reducción de la deuda pública y la consiguiente reducción de impuestos al trabajo (IRPF y SS), entonces, exclusivamente la subida del Impuesto sobre Sociedades tendría efectos negativos a largo plazo. Nuevamente, jarro de agua fría para Montoro, ya que éste ha optado por subir todos los impuestos, especialmente Sociedades -eliminando deducciones-.

Teniendo en cuenta estos resultados, el Gobierno del PP habría optado por un gran número de ajustes contraproducentes. Sobre todo, por subir impuestos (especialmente sobre el trabajo, IRPF y cotizaciones) y no bajar lo suficiente el gasto, hecho que no sólo no ha reducido la deuda sino que la ha disparado -rondará el 100% el PIB en 2014-. Y el problema es que este mayor endeudamiento, sumado a los elevados déficits, no permitirán una futura rebaja de los impuestos al trabajo. En primer lugar, porque la Seguridad Social es deficitaria y gran parte de sus ingresos proviene de la fiscalidad al trabajo (cotizaciones), y, en segundo lugar, porque dicha recaudación no se podrá reducir ni sustituir por otra al no haberse reducido suficientemente el gasto público.

Todo ello significa que la estrategia de consolidación fiscal aplicada por Rajoy -y antes por Zapatero-, basada en subir impuestos y reducir de forma sustancial la inversión pública, tendrá efectos negativos sobre la economía española a medio y largo plazo, según dichas conclusiones. Esto vendría a coincidir con las negras previsiones elaboradas por el FMI sobre España, al dibujar una recuperación lenta y frágil a lo largo de la presente década, con tasas de crecimiento bajas y una tasa de paro muy elevada en los próximos años.

La peor planificación posible

Por último, el informe de Bruselas concluye que cuanto más creíbles sean los ajustes más posibilidades habrá de que los agentes confíen en que el aumento de la deuda pública y de los impuestos se revierta. Y cuanto más pronto se obtenga esa credibilidad y confianza (mayor anticipación), más se reducirá el impacto negativo de los ajustes.

Esto explica el por qué, durante los primeros meses del nuevo Gobierno del PP, muchas voces exigieran a Rajoy la aprobación inmediata de ajustes fiscales drásticos, en lugar de retrasar o ralentizar las medidas presupuestarias y las reformas estructurales tendentes a recortar el gasto de forma sustancial. Además, la aprobación de medidas que los agentes no esperaban, por no estar en el programa electoral (subida de impuestos) o por incumplir directamente sus promesas hechas ya en el gobierno (la subida del IVA), también habrían mermado la credibilidad de la política económica del PP.

Por el contrario, según se desprende del documento, cuando las medidas de consolidación no son creíbles y se estima que no sean permanentes (como sucede ahora, donde el déficit de 2013 será igual o mayor que en 2012, sin contar ayudas a la banca), los efectos positivos de los ajustes tardarán más en aflorar.

Precisamente, la mayoría de gobiernos europeos han optado por aplicar los planes de consolidación más perjudiciales para el crecimiento, según el autor del informe, ya que tales ajustes no logran crear expectativas creíbles en los agentes sobre la futura reducción de la deuda pública y la consiguiente bajada de impuestos a medio plazo. Y, por desgracia, España también destaca en este ámbito. Rajoy ha optado por mantener un Estado sobredimensionado, elevando la deuda pública hasta casi 100% del PIB, todo lo cual hace difícil pensar en una próxima bajada de impuestos, más bien al contrario -las subidas aplicadas en los últimos años se consolidarán-. En este sentido, el Gobierno ya está trabajando en la reforma fiscal que pretende aprobar en 2014, pero su principal objetivo no es reducir la recaudación sino elevarla con el fin de sostener el actual nivel de gasto público, en máximos históricos.

En resumen, según Bruselas, España habría optado por el peor programa de austeridad posible (línea azul en el gráfico de abajo, “gradual learning scenario”), por ser el que más contrae el PIB, más retrasa la salida de la crisis y, por si fuera poco, menos crecimiento obtiene a medio y largo plazo.

Por el contrario, de haberse adoptado un plan centrado en recortar gasto, con una hoja de ruta transparente y rápida (línea verde, “fully anticipated scenario”), aunque dichas medidas no fueran del todo anticipadas por los agentes sino sucesivas (línea roja, “succesive credibility scenario”), el resultado de las cuentas públicas y de las expectativas económicas habrían mejorado de forma sustancial. La crisis habría durado menos (en forma de V) y el crecimiento posterior sería mayor, tal y como muestran los datos de la Comisión.

Deja un comentario

Archivado bajo Artículos en Libremercado.com, Economía