Archivo mensual: julio 2015

La descentralización que no quiere Mas ni Rajoy

La crisis ha removido algunas fuerzas que tratan de ampliar las estructuras y alcance de los Estados y el Poder político. En Europa, la manera de resolver las crisis de deuda soberana, especialmente la griega, ha hecho que algunas voces clamen por una mayor unión política, y que se avance hacia un Gobierno federal europeo. En nuestro ámbito patrio, la incapacidad de nuestros gobernantes y las propias deficiencias del diseño institucional, como el sistema de financiación autonómica, están siendo usadas también para tales fines. Por ejemplo, por el Gobierno de la Generalidad catalana que, tras el mantra nacionalista, trata de crear una Hacienda propia que cimente la hipotética implantación de un Estado catalán. Pero otras comunidades sin tamañas ínfulas nacionalistas, como la de Valencia, se están añadiendo y también reclaman su Hacienda propia.

El sistema de financiación autonómico es ciertamente defectuoso, crea incentivos perversos como desligar el gasto público del esfuerzo necesario para financiarlo, los impuestos

El sistema de financiación autonómico

El sistema de financiación autonómico es ciertamente defectuoso, crea incentivos perversos como desligar el gasto público del esfuerzo necesario para financiarlo, los impuestos. Hace que comunidades con una renta per cápita inferior a la media (Valencia) aporten más de lo que reciben, o que otras comunidades, como la extremeña o canaria, cuenten como unas de sus principales industrias la recepción de dinero del resto de comunidades.

Sin embargo, las críticas a favor y en contra de la modificación de este sistema suelen centrase en el gasto y en proteger esa capacidad de dispendio: debe preservarse la “solidaridad interterritorial” (es decir, proteger la capacidad de gastar más de lo que se ingresa), o bien, debe gastarse más porque se recauda más (de lo contrario, “[España] nos roba”, “nos obligan a recortar”, etc.). En cualquiera caso, la crítica más escuchada no es la protestar contundentemente contra el sistema por no permitir recaudar menos o bajar los impuestos.

Y es que la intención de Mas y sus colaboradores con la Hacienda propia catalana no es tratar de dar más libertad a los ciudadanos catalanes o incrementar escrupulosamente el respeto a la propiedad privada, sino transformar el Estado actual por el suyo propio, dotar a los políticos catalanes de una estructura de Estado.

La Hacienda propia… de Mas

La propuesta independentista de Hacienda propia y la smart region con smart taxes(sorprende que no les baste la lengua de Mercè Rodoreda o Espriu para referirse a ‘región o impuestos inteligentes’) no tiene por qué suponer un sistema fiscal, en lo esencial, diferente al actual español. Parece que quieran basarse en el sistema sueco, aunque no sabemos si lo que quieren importar de dicho modelo es el sistema de declaraciones cruzadas, es decir, una especie de chivatismo (valga la expresión) obligado e institucionalizado mediante el cual se convierte al ciudadano en el liquidador fiscal del otro, que suministra la información de cuánto ha ganado el prójimo, reduciendo la intimidad al mínimo y aumentando la desnudez del individuo ante el Estado y el burócrata.

El ‘Govern’ habla de usar las nuevas tecnologías para obtener más información, un control fiscal que no tiene por qué diferir del actual español, pero con la alarmante diferencia de que ese control recaería sobre los ciudadanos de manera más directa

El ‘Govern’ habla de usar las nuevas tecnologías para obtener más información, es decir, buscan un control fiscal que no tiene por qué diferir del actual español, pero con la notable y alarmante diferencia de que en el caso de una Agencia tributaria catalana ese control y su diseño recaería sobre los ciudadanos de una manera más directa, más cercana. Algo que, a mi juicio y en lo que se refiere a este punto, debería intranquilizar a todo catalán amante de la libertad y de su propiedad.

La descentralización ideal: las jurisdicciones concurrentes

Con todo lo anterior, lo que sí es cierto es que la propuesta de Mas de crear una Hacienda propia -o incluso las demandas recientes del gobierno valenciano-, aunque sea por motivos espurios como el de conseguir más Poder, oculta y confunde tras la bandera nacionalista lo que podría ser una excelente mejora del sistema de organización política actual: la descentralización.

Haciendo el casi imposible ejercicio de desligar la cuestión nacionalista de la propiamente hacendística, la división del Poder Fiscal permitiría a los ciudadanos tratar de reducir su factura fiscal. Cuantas más comunidades autónomas lo hicieran, tanto mejor porque reduciríamos el Poder Fiscal respecto al contribuyente. Parte de este juego puede observarse ya con la deslocalización de empresas con sede en Barcelona hacia Madrid, por cuestiones fiscales y de incertidumbre.

Pero para que esta descentralización fuera más efectiva, y descentralizara aun más el Poder, con un mayor respeto a la libertad de asociación individual a la comunidad política a la que se pertenece, esa descentralización debería hacerse mediantejurisdicciones concurrentes.

Hay diversos ejemplos actualmente, con sus aciertos e imperfecciones. La integración europea en sus orígenes se basó en esta idea, o los distritos especiales en EEUU, pero Suiza es un ejemplo más completo. El país helvético cuenta con una variedad de jurisdicciones funcionales y superpuestas que compiten entre sí. Jurisdicciones porque se rigen por el sistema democrático tradicional: autoridad legal sobre sus ciudadanos y poder impositivo. Funcionales porque cada jurisdicción (o unidad administrativa) se ocupa de una tarea. Superpuestas porque como no dependen de la geografía (sino de su función) pueden coincidir en un mismo ámbito o lugar. Y en competencia porque un ciudadano puede elegir someterse a una u otra, y pagar los impuestos correspondientes.

El suizo es un ejemplo muy superior a nuestro reino de taifas que además ha contado con el respaldo de la ciudadanía

Por ejemplo en Zúrich hay 171 comunidades compuestas por órganos democráticos que se dedican a funciones específicas, por ejemplo educativas (escuelas de primaria o institutos), sanitarias (responsables de los hospitales), de gestión del agua, cementerios, planificación regional, etc., con capacidad de imponer y recaudar tributos para financiar sus específicas actividades. Una estructura similar se da en otros cantones (Glarus o Thurgau, por ejemplo). El hecho de que hablemos de zonas tan delimitadas facilita esa competencia entre ellas: ya no hace falta que un ciudadano emigre de un país a otro para optar por otra jurisdicción, o de una comunidad autónoma a otra, puede hacerlo de una zona o ciudad a otra.

La situación ideal sería la de jurisdicciones más especializadas y sofisticadas que reducirían el coste de elegir entre ellas sin necesidad de alejarse del lugar de residencia en donde se ha tejido una valiosa red de relaciones personales y profesionales. El suizo es un ejemplo muy superior a nuestro reino de taifas que además ha contado con el respaldo de la ciudadanía que lo ha mantenido a pesar de los intentos centralizadores de algunos políticos autóctonos.

Desgraciadamente, los movimientos actuales tratan de crear y replicar estructuras de estado (de manera centralizadora -en el caso europeo- o descentralizadora -caso catalán-) porque se basan en la idea del Estado-nación (el control político de un territorio): crear un gran Estado europeo, o crear un mini Estado catalán, en lugar de definir la entidad política según la función o servicio a desempeñar.

Una mejor descentralización no debería contentarse sólo con desgajar trozos de un Estado fallido e ineficiente y replicarlos en mini Estados pequeños, o proceder a una división errónea y disfuncional entre una administración central y una regional, sino en transformar el inmenso sistema burocrático y político actual en unidades administrativas delimitadas en función de la tarea que deban realizar (seguridad en una determinada área, el control aéreo de aeropuertos estrechamente conectados, y otros múltiples supuestos), ya impliquen un ámbito más o menos extenso (no es lo mismo, actualmente, la defensa que la educación). Y tampoco el proceso descentralizador debería detenerse ahí. Ahondar en estas ideas debería llevar a la máxima descentralización jurisdiccional: que las tareas de las jurisdicciones pasaran a la sociedad civil (al mercado libre).

La nación es algo más cultural, social y “subterráneo” que lo que la política continuamente pretende manipular

Obviamente, esta idea no vendrá de la mano de los nacionalistas, pues choca frontalmente con esa idea de nación estatalizada y estatalizadora. En realidad, bajo este diseño institucional uno sería ciudadano de una jurisdicción u otra (como en el caso suizo). Y parece lógico, porque la nación es algo más cultural, social y “subterráneo” que lo que la política continuamente pretende manipular. Tampoco vendría de la mano del resto de políticos patrios con los que contamos. Tanto a unos como a otros esta propuesta de descentralización les restaría Poder y les exigiría mayor transparencia, centrarse más en la gestión y en su mejora, y más competencia entre ellos.

Conclusión

No estaría de más que esa disfunción del actual sistema de financiación autonómico actual y que algunos usan para ampliar sus áreas de Poder, sirviera, en realidad, para iniciar un debate hacia una ambiciosa descentralización en unidades administrativas en competencia dedicadas a funciones específicas con autonomía para su financiación. Evitaríamos entrar en disputas pasionales, divisiones sociales y daños incalculables de diverso tipo además de dejar de crear problemas donde no debieran existir, como ejemplifica el caso catalán de Artur Mas. Los obligados al pago de impuestos lo agradeceríamos con la posibilidad de elegir entre administraciones más eficientes y menos costosas, y con políticos más sujetos a nuestro control, y no al revés.

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Montoro, el recaudador de Tsipras

Rajoy va a dar al gobierno de Tsipras casi el equivalente a lo que nos extrajo muy dolorosa e injustamente a través de sus subidas de impuestos en 2012 (11.237 millones según estimó Hacienda, frente a los nuevos 10.000 millones que le corresponde aportar a España en este nuevo ‘rescate’). Y eso solo en lo que se refiere a la recaudación, porque los perrjuicios que sufrimos en términos de agudizamiento de la recesión y retraso de la recuperación, y, en definitiva, de sufrimientos, son incalculables.

Que los integrantes de un grupo o asociación ayuden a uno de los suyos no es reprochable, sí lo es cuando el dinero que se presta no es de quien lo presta

El gran error

Que los integrantes de un grupo o asociación ayuden a uno de los suyos no es reprochable, sí lo es cuando el dinero que se presta no es de quien lo presta. En 17 horas de negociaciones entre políticos pueden gastarse muchos millones de euros extraídos a familias y empresas a los que les ha costado lo suyo ganarlos justamente en el mercado. Y en plena Gran Recesión, a costa de muchísimas más horas de trabajo, esfuerzos y sacrificios.

Además, se ofrece a un deudor que no superaría el más mínimo análisis de riesgo en una reestructuración de la deuda o rescate: la voluntad de pago. Un deudor al que se le ha perdonado casi la mitad de deuda acumulada que llegará, por cierto, en tan sólo dos años al 200% del PIB. ¿Cómo esperar que este país, con ese gobierno y ese Estado corrupto y corruptor, pueda pagar una deuda requete-reestructurada y con las más ventajosas condiciones para su pago, con un enorme plazo de carencia y bajos gastos financieros? Al que, además, va a concederse otro premio: un crédito puente, necesario por las dilaciones de una irresponsable, absurda y dañina negociación de la que son responsables Varoufakis y Tsipras.

No sería la primera vez en la historia que un gobierno de izquierdas se ve obligado a realizar reformas adecuadas aprovechándose de una menor contestación social gracias a su ideología. Y aunque algunos sondeos den ahora una mayoría que acepta este paquete de medidas más ambiciosas (una vez han sido rechazadas otras mucho más suaves en referéndum semanas atrás), el nivel de polarización social, de intereses creados, y de corrupción política y estatalización social, harían que lo prudente fuera no regalar centenares de miles de millones de euros a un deudor inestable y sin palabra.

Ha de recordarse que es el propio primer ministro quien azuza continuamente a las masas, apelando a la irracionalidad y las vísceras para rechazar y vilipendiar al egoísta extranjero, al que le hace el favor de aceptar su dinero para evitar su propia quiebra, en lugar de promover un debate racional sobre asuntos económicos, que nada tienen que ver con ese uso demagógico de palabras tan grandilocuentes como ‘dignidad’, ‘Europa’… El lenguaje suele ser la primera arma política del manipulador.

Grecia nunca pagará su deuda a no ser que cambie de arriba a abajo sus pésimas costumbres y su perverso sistema institucional

Tsipras ha firmado en su última entrevista que de aquí a dos años ‘ya veremos’. No conseguirá una quita nominal, pero tanto su gobierno como los gobiernos anteriores están consiguiendo otro tipo de quita: reducir el valor presente de su deuda a través de extensiones de plazos, reducciones de intereses, etc. Más que tardar 30 años en pagar su deuda, comodice un informe ‘secreto’ del FMI, Grecia nunca la pagará a no ser que cambie de arriba a abajo sus pésimas costumbres y su perverso sistema institucional. Lo que nos lleva a una cuestión crucial: ¿cómo puede cambiar una sociedad que ha elegido estatalizarse hasta la médula?

El gran escándalo de los gobiernos acreedores (y, por el contrario, el éxito del gobierno griego) es haber dado casi medio billón de euros de sus ciudadanos, que les hubiera venido muy bien en plena Gran Recesión, a un país que no cumple las mínimas reglas de contabilidad y transparencia, y que, además, se niega a mejorarlas.

Las liberalizaciones aliviarán los errores del plan: los impuestos

Aun así, este programa de rescate ha sido muy mejorado a través de las liberalizaciones ahora propuestas (¿por qué no se incluyeron entonces? ¿Los 7.000 millones no lo merecían?), pues podrán en mayor medida subsanar los efectos adversos que el propio plan contempla y que recaerán en la población, las subidas fiscales: más impuestos en forma de subida del IVA (ampliación de su base imponible), inspecciones, y agresividad de la Administración fiscal. Algo enormemente nefasto en cualquiera de los escenarios, pero más en entornos recesivos.

¿Por qué se obliga a que la primera reforma sea subir el IVA y no, por ejemplo, reformar el mercado laboral para rebajar el desempleo? Para seguir saciando la gula estatal. Desgraciadamente, lo peor del rescate es lo primero que se aprueba.

Tras las subidas del IVA de 2010 y 2011, la recaudación en Grecia disminuyó, aumentando, eso sí, las deudas fiscales pendientes de pagar por parte de los ciudadanos

Recurrir al money machine (como se conoce al IVA) suele ser habitual por los gobiernos de la Troika y sus rescates (aquí lo conocemos bien, con el heroico rescate del binomio Rajoy-Montoro), pero estas subidas no han servido para incrementar la recaudación. De hecho, tras las subidas del IVA de 2010 y 2011, la recaudación en Grecia disminuyó, aumentando, eso sí, las deudas fiscales pendientes de pagar por parte de los ciudadanos.

Resulta que el Estado no sólo se endeuda sino que crea además deudas en los propios ciudadanos. Y el incremento de deudas fiscales en un entorno recesivo y con restricciones crediticias se correlaciona con una menor recaudación, y además provoca un mayor incumplimiento fiscal por parte de la población. No declarar el IVA va a ser un modo de financiación para muchas empresas y autónomos cuya quiebra próxima relativiza el riesgo fiscal. Y son muchos casos.

La economía sumergida es el resultado de un deficiente Estado y el elevado nivel de impuestos. Mientras no se mejore el primero y se reduzca lo segundo, no disminuirá. Elevar las sanciones, las inspecciones y el acoso de una administración tributaria jerárquica que pretende someter al ciudadano, no hará más que incrementar la economía informal y elevar las deudas fiscales impagadas (como ya ha hecho).

He ahí la gran contradicción según el método de decisión: la población elige mayoritariamente en las urnas un Estado grande y clientelar, y que sea financiado por los ciudadanos europeos, pero individualmente y en el día a día eligen para sí mismos pagar menos impuestos para sostener ese Estado colosal.

Lo más destacable es la mejora de un programa de rescate –siempre imprudente– que regala más y más millones de euros a quien no tiene voluntad de devolverlos

Conclusión

Después de la clara capitulación de Tsipras, lo más destacable es la mejora de un programa de rescate –siempre imprudente– que regala más y más millones de euros a quien no tiene voluntad de devolverlos. La estatalizada población griega es la que más sufrirá por las subidas fiscales que en su momento rechazó, y que ahora se supone acatará, pero que en el día a día es de suponer seguirá burlando incumpliendo con el Fisco. Afortunadamente para ellos, tal vez las liberalizaciones impuestas por la Troika les beneficien, aunque ya veremos si se aprueban, porque se dejan para el final; medidas estas que algunos califican sin rubor como “humillaciones”. Sea como fuere, la suerte está echada: el drama griego continuará indefinidamente. Solo queda por saber si será dentro o fuera del Euro.

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Grecia; subir impuestos o salir del euro

Como no podía ser de otra manera, el referéndum griego se usará torticeramente como un debate a favor o en contra de la austeridad, cuando, en realidad, será sobre si subir impuestos o salir del Euro.

Lo menos cuestionable es si debe haber austeridad en un país ahogado financiera y socialmente, sino de qué tipo: una austeridad aplicada a la población (basada fundamentalmente en subidas de impuestos) o aplicada sobre el Estado (basada fundamentalmente en reducción del gasto público).

Y precisamente ese debate es lo que ha faltado en todo el proceso negociador, en el que parece que solamente cabía una perspectiva, las subidas de impuestos, y sólo había que modular su intensidad. Así, las propuestas lanzadas desde ambas posiciones, especialmente desde el gobierno de Tsipras, se han basado en proponer subidas impositivas de importante calado. Por ejemplo, la propuesta lanzada el 25 de junio por Atenas se basaba en un 93% en subidas fiscales:

Da igual que el problema provenga de unos Estados cebados durante le burbuja económica, da igual que Grecia haya tenido un estratosférico gasto público cercano al 60% en estos últimos años de grave recesión, o un déficit de casi el 16% del PIB en 2009, lo que importa para los gobiernos, tanto acreedores como deudor, es que los ingresos cubran los gastos. El ancla son los impuestos: las posibilidades de succión recaudatoria por parte de los Estados será lo que determine el nivel de gasto público y el Estado que tendrán los países y, en consecuencia, el ajuste fiscal. España es un ejemplo de ello… y ‘sin rescate’.

Intercambio de ‘cromos impositivos’

Parece que las negociaciones se han basado, en el área impositiva, en decidir qué impuestos subir o crear (como un intercambio de cromos), no en cuáles bajar.

Ante la reclasificación en el IVA de la mayoría de productos a un tipo del 23%, los gobiernos acreedores han propuesto que el objetivo de recaudación debería elevarse del 0,7% al 1% del PIB; la propuesta de Syriza de elevar el Impuesto sobre Sociedades al 29% (muy por encima de la media de la UE y OCDE) ha sido modificada por las Instituciones que han propuesto elevarlo hasta el 28%; han coincidido en la creación de nuevos impuestos como el que recaiga sobre la publicidad en televisión, elevar los impuestos sobre la propiedad o ajustar un nivel de imposición individual mínima, incrementar las inspecciones, etc.; y han discrepado en el grado de pagos anticipados que deberán hacer los ciudadanos al Fisco a cuenta de futuras deudas fiscales (una financiación forzosa de ciudadanos y empresas al Estado sin remuneración). La mordida del 12% sobre los beneficios empresariales superiores a 500 mil euros propuesto por el Gobierno heleno no ha sido aceptada por la Troika, que sin embargo sí ha visto con buenos ojos (puesto que es parte activa de esta tendencia a nivel internacional) incrementar la presión sobre los bancos para escrutar las cuentas de los ciudadanos en busca de dinero no declarado (haya o no tributado).

Subir los impuestos no cuadrará el presupuesto: economía sumergida

Uno puede pensar que, habida cuenta de la fama que tiene la sociedad griega de no pagar impuestos, estas subidas fiscales tienen cierta razón de ser. Al fin y al cabo, aunque la economía sumergida ha ido decreciendo en los últimos años en el país heleno, en 2015 supone el 22,4% de su PIB (por encima del 18,2% en España y del 18% de la OCDE). Sin embargo, las propuestas de ambas partes negociadoras no harán sino incrementar la economía sumergida, con el coste que ello supone para la actividad económica (mayor incertidumbre, menor flexibilidad, menor uso de contratos y seguridad jurídica, etc…).

Hay diversas variables que explican por qué los ciudadanos pagan todos los impuestos exigidos por el Estado: cuanto mayor sea la carga fiscal (impuestos y cotizaciones a la Seguridad Social), cuantas más regulaciones haya, cuanto peores sean los servicios públicos, la calidad de las instituciones públicas o la moral fiscal, mayor será la economía sumergida y menor el cumplimiento fiscal.

De acuerdo con los resultados de uno de los mayores expertos en la materia, F. Schneider, las variables mencionadas para el caso de Grecia son actualmente:

Es decir, en Grecia, los motivos por el que los ciudadanos renuncian a la economía oficial en favor de la sumergida de una manera más acusada en comparación con el resto de países se deben al IVA, el auto-empleo y las regulaciones.

Precisamente, las propuestas lanzadas tanto por Atenas como por las Instituciones empujarán a los griegos a una mayor economía sumergida. En primer lugar, por las subidas del IVA producidas a lo largo de los últimos años (partían de un tipo general del 19% al inicio de la crisis) culminada con la reunificación comentada al 23%. En segundo lugar, por incrementar las cotizaciones a la SS, que encarecerá el trabajo e incentivará el auto-empleo en donde es más fácil escaparse de esa subida fiscal. Y, por último, la clarificación y eliminación de la maraña regulatoria no es una pieza incuestionable ni para los acreedores ni para el gobierno griego, por lo que continuarán contando con una escasa libertad económica que expulsará a la economía hacia la informalidad.

Por tanto, para cuadrar el presupuesto no es lógico apoyarse mayoritariamente en medidas fiscales que expulsarán a los ciudadanos y empresas a la economía sumergida (menor recaudación), además de tener importantes consecuencias económicas.

Las propuestas zombifican la economía

Como ponen de manifiesto los estudios realizados para medir el impacto de la austeridad basada en el gasto o en los impuestos, capitaneados por el profesor de Harvard Alberto Alesina (véase su último trabajo o este reciente del Banco de España), las consecuencias negativas de subir impuestos son mucho peores y duran más años que aquellas basadas en bajar el gasto. Por tanto, parece que este tipo de propuestas no conducirán al cumplimiento y pago de la totalidad de la deuda contraída por el Estado griego, sino a reestructuraciones, quitas, demoras y tensiones político-financieras.

Entonces, ¿por qué un referéndum sobre si aprobar o no una propuesta basada fundamentalmente en subir impuestos? Por razones políticas y de Poder, tanto de los gobernantes como de la población. Aun con una Gran Recesión de por medio, los gobiernos no han auto limitado ni su poder ni su influencia. La dicotomía entre quebrar o reducir su tamaño se ha viciado gracias a la ayuda financiera del BCE o a los continuos rescates de la Troika. Incluso se prefiere implantar un corralito a la población antes que modificar el statu quo estatista. Y la población, atravesada por el Estado, sufre las consecuencias de un sistema rígido, y ya sin combustible, del que se ha acostumbrado a depender.

El referéndum es buena muestra de una situación empeorada por todos los actores, especialmente por el gobierno heleno que juega con algo tan serio como la incertidumbre y plantea un referéndum viciado entre votar afirmativamente y con la nariz tapada a numerosas subidas fiscales o depender totalmente de sus gobernantes patrios fuera de la UE.

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