La recuperación: ¿gracias al PP?

Como sabemos, el PP lo fía todo a la economía. Dado que la economía está recuperándose y mejorando sus indicadores, el PP lo ha hecho bien y su política es la acertada. Esa es, al menos, la idea que el Gobierno machaconamente ha repetido, repite y repetirá hasta el día de las urnas. No obstante, si la economía va bien no es por el actual Consejo de Ministros, con su jefe a la cabeza, sino muy a pesar de ellos.

Gracias a un titánico esfuerzo, España es el país que más ha reducido su endeudamiento privado desde 2011 a 2014: un 14% del PIB en el caso de los hogares, y del 30% de reducción de deuda bancaria en el caso de las empresas

El enorme esfuerzo privado español

La Gran Recesión sufrida se ha caracterizado por lo que se denomina una recesión de balances. Los agentes económicos entraron en la crisis con los mayores niveles de deuda, sólo por detrás de Portugal e Irlanda. Pero gracias a un titánico esfuerzo, España es el país que más ha reducido su endeudamiento privado desde 2011 a 2014: un 14% del PIB en el caso de los hogares, y de 30% de reducción de deuda bancaria en el caso de las empresas (sin contar bancos ni deuda interempresarial). Y ello se ha conseguido gracias a que empresas y familias han tenido que incrementar sus niveles de ahorro para poder pagar sus deudas, por supuesto, dejando de invertir y tratando de mantener algo de dinero para capear la creciente incertidumbre.

Además, este fuerte desendeudamiento ha detraído grandes cantidades de dinero de la circulación del sistema económico creándose un entorno de moderada inflación o incluso deflación, lo que ha atornillado todavía más las tuercas a la situación porque ha incrementado el valor real de las deudas. Igualmente, la inversión ha caído fuertemente, lo que explica la contracción económica que, en España, al tener un mercado laboral tan intervenido y una legislación concursal tan deficiente, se ceba en la mortalidad de empresas y en la destrucción de puestos de trabajo. Todo lo cual ha endurecido, más si cabe, la capacidad de las empresas y familias de contar con ingresos con los que honrar las deudas contraídas durante la burbuja.

Es decir, que, a diferencia de otros países que han acometido un esfuerzo de desapalancamiento similar (como el Reino Unido o Irlanda), en España se ha devuelto la deuda no con inflación ni con cierto crecimiento económico (o al menos sin una fuerte contracción), sino a las bravas: devolviendo céntimo a céntimo las deudas en un entorno económico grave, reestructurándolas o con quiebras e impagos (todo ello bajo una de las contracciones crediticias más agudas sufridas en la Eurozona, sólo por detrás de Chipre o Portugal).

Y, ¿qué significa este esfuerzo? ¿Por qué se llevó a cabo? Ante unas deudas sobredimensionadas, lo obligado es hacerlas sostenibles. Es un proceso que no cabe sortear, ni puede mirarse a otro lado. Es la cruda realidad a la que han debido enfrentarse millones de personas. No lo iba a hacer el Gobierno por ellas (realmente ha hecho lo contrario, endeudarse).

Lo que ha hecho el gobierno ha sido poner más obstáculos al ahorro, a la inversión y a la flexibilización de la economía evitando que se recomponga más rápidamente

¿Y qué ha hecho el Gobierno?

Lo que ha hecho el gobierno ha sido poner más obstáculos al ahorro, a la inversión y a la flexibilización de la economía evitando que se recomponga más rápidamente. Es decir, debería haber facilitado el proceso de desendeudamiento en lugar de minarlo con impuestos y más deuda.

De hecho, de acuerdo con los datos que el propio Gobierno aporta periódicamente a Bruselas a través de las actualizaciones que realiza de sus Programas de Estabilidad trianuales (el último para 2015-2018), las subidas fiscales que ha soportado el sector privado durante la legislatura popular (2012-2015) han ascendido a la friolera de 117.714 millones de euros. Casi el equivalente a todo el desendeudamiento que han realizado en las condiciones más adversas las familias desde 2011 a 2014 (!).

Si sólo contamos el dinero de los rejonazos fiscales más directos de Montoro (IRPF, IS, IVA y cotizaciones a la Seguridad Social), el importe asciende a 84.795 millones de euros, lo que supone casi el 20% de todo el desendeudamiento bancario que con sangre, sudor y lágrimas han realizado tanto familias como empresas de 2011 a 2014, según las Cuentas Financieras de la Economía Española.

Y, ¿para qué? ¿Acaso 120 mil millones han sido tan determinantes para un gasto público total durante esos cuatro años de casi 2 billones de euros? Es más que razonable dudar que estas “necesarias” subidas fiscales del PP hayan ayudado a evitar la quiebra de las finanzas públicas de un Gobierno que, por otra parte, sólo ha recortado el gasto en apenas un 0,8% con respecto a la administración Zapatero. Es decir, para que Mario Dragui y el BCE fuese realmente quien evitó la quiebra de las cuentas públicas, ¿hacía falta dificultar, obstaculizar y ralentizar el imprescindible proceso de desendeudamiento de familias y empresas? Esas subidas fiscales cobran mayor importancia si las ubicamos dentro de un necesario proceso de desendeudamiento previo a la recuperación económica. Hubieran venido muy bien a familias y empresas y habrían acortado la lenta agonía recesiva. Sangrar fiscalmente a los agentes económicos en esas circunstancias todavía honra más su esfuerzo.

Mermar la renta disponible de familias y empresas no ayudó a que ahorraran lo necesario para desendeudarse, e imposibilitó que la inversión productiva apareciera antes para poder detener la caída del PIB

Lo que podría parecer sensato desde el punto de vista de un gobernante que accede al poder en plena recesión de balances hubiera sido el de favorecer ese proceso de desapalancamiento para acortarlo en el tiempo en la medida de los posible. ¿Cómo? Favoreciendo el ahorro, la inversión y la flexibilidad de los factores productivos. Mermar la renta disponible de familias y empresas no ayudó a que ahorraran lo necesario para desendeudarse, e imposibilitó que la inversión productiva apareciera antes para poder detener la caída del PIB. Por otra parte, la falta de liberalizaciones (a excepción, en cierto grado, del mercado laboral) no permitió que la estructura productiva se reconvirtiera y que sus variables se reajustaran no por la vía del desempleo o las quiebras, sino por la vía del ajuste nominal de precios y costes. Sobre todo en un país que tiene tanto margen para liberalizar y hacer más rápida su economía. Por el contrario, gracias a la postura poco original adoptada por el Gobierno (no tocar el aparato estatal, socializar pérdidas, subir impuestos y en definitiva, no modificar elstatu quo), todavía estamos esperando el famoso cambio de modelo productivo.

Conclusión

Que el Gobierno lo fie todo a la economía y proclame que ha mejorado gracias a su gestión, es demasiado simplista e injusto. Su política fiscal ha hecho más difícil la travesía por la crisis de millones de personas. De hecho, este razonamiento demagógico utilizado por el PP recuerda al empleado por el monarca absoluto en un pasaje de “El Principito”, de Antoine de Saint-Exupéry: era tan absoluto y universal que era capaz de que el sol le obedeciera cuando le ordenaba que se pusiera, con el pequeño detalle de que sólo daría esa orden cuando anocheciera. Rajoy, con su (ahora) gran sonrisa barbuda y bonachona, parece decirnos cual monarca universal en un patio de colegio: “Mira, la economía va mejor, luego lo he hecho bien… Vótame”.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Artículos en Vozpópuli

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s