Archivo mensual: octubre 2015

PSOE: demagogia y subidas de impuestos

El PSOE hizo pública ayer la política impositiva que tiene intención de aplicar en caso de que llegue al Gobierno. En esencia, las medidas planteadas siguen la misma tendencia que la política fiscal aplicada durante esta crisis por el gobierno estatal y comunidades autónomas del PP: subir impuestos. El PP lo hizo cuando más sufríamos los rigores de la crisis, y el PSOE lo haría coincidiendo con una economía incursa en un proceso de recuperación titubeante.

Y digo en esencia porque una de las últimas medidas que aprobó el PP, la reforma de la Ley General Tributaria, afianza la persecución de lo que se conoce como economía de opción, que es lo que la propuesta de Pedro Sánchez y Jordi Sevillapretenden combatir. La economía de opción no es más que la planificación fiscal, es decir, que los contribuyentes hagan uso de las leyes que son más ventajosas para sus intereses. Opción esta que, según el catedrático Pont Clemente, lejos de ser ilegal, siempre se ha considerado un ejercicio de prudencia de quien busca gastar menos mediante la realización de elecciones inteligentes, y que en el ámbito tributario se traduce como deseo de reducir la carga tributaria.

El PSOE pretende forzar al contribuyente a que ignoer parte de nuestro ordenamiento jurídico, precisamente aquella que le permite reducir su carga fiscal

El mero hecho de utilizar tal o cual deducción, bonificación o crédito fiscal, todos ellos legales, no deja de ser una búsqueda del ahorro fiscal como muestra de racionalidad económica, que todo el mundo trata de aplicar cuando mejor puede, desde el trabajador, pasando por el pensionista hasta las pyme y las grandes empresas. Sin embargo, el programa electoral del PSOE recoge la intención de acabar con la elusión fiscal, que es, precisamente, esa economía de opción o planificación fiscal. Una vía que el PP consolidó con su última reforma fiscal, y que supone, de facto, obligar al contribuyente a que ignore parte de nuestro ordenamiento jurídico, precisamente aquella que le permite reducir su carga fiscal. En resumen, quieren imponer un impuesto contra la planificación fiscal “agresiva”. ¿No es más agresivo impedir al contribuyente aplicar las leyes vigentes? ¿Para qué las promulgan entonces?

Subida de impuestos a las Sociedades y al uso racional de los recursos

¿Y cómo se traduce el ataque a este principio de economía de opción o planificación fiscal? Por ejemplo, subir el Impuesto sobre Sociedades al exigir que las empresas tributen un mínimo del 15% de los beneficios, una de las propuestas estrella del Sánchez y Sevilla, al mismo tiempo que gravarlas en un 35% si aplican lo que demagógica e ideológicamente denominan planificación fiscal “agresiva”. La excusa es que las grandes empresas tributan, en realidad, al 5% por lo que debe obligárselas a pagar más. Sin embargo, esto es falso como ya se ha puesto de manifiesto en diversos artículos. La tributación depende de una variedad de tratamientos fiscales contemplados por la Ley aprobada por el Parlamento que permite, por ejemplo, que las empresas internacionalizadas reduzcan la sobre imposición (pagar dos o más veces por lo mismo aquí o en el extranjero), se compensen pérdidas pasadas o de otras empresas del grupo. ¿Qué hay cuando un pequeño contribuyente se aplica la única deducción que tiene al alcance, por ejemplo la deducción de los planes de pensiones? ¿Es una planificación fiscal agresiva porque hace uso del 100% de posibilidades legales de reducir su carga fiscal? Si las empresas hacen uso de todas las posibilidades de reducir su carga fiscal, lo cual hace que paguen, de media, mucho más del 5%, ¿demuestran “agresividad”? Es por ello que exigirles el 15% o el 35% (ojo a la arbitrariedad: ¿qué es planificación fiscal “agresiva”?), no es más que, en muchos casos, obligarlas a sufrir una doble imposición, a no poder compensarse las pérdidas que sufrieron, o no poder hacer uso de una deducción por insuficiencia de cuota, etc., en definitiva, a no hacer un uso racional de sus recursos.

Y ¿qué consecuencias tendrá el fomento del mal uso de los recursos? ¿Acabar con los malvados ricos? No, perjudicar a los pequeños accionistas de esas grandes empresas (una mayoría), perjudicar a sus trabajadores, a sus proveedores, a sus clientes, a sus inversiones, a la creación de empleo, a la productividad… a nosotros. Más que redistribuir la recuperación económica, uno de sus eslóganes, lo que lograrán es redistribuir sus propias subidas fiscales.

Subida del Impuesto sobre el Patrimonio y Sucesiones

Otra derivada que se descuelga de atacar ese principio es el de exigir otro mínimo de tributación en el Impuesto sobre el Patrimonio o sobre las Sucesiones, lo que de facto es imponerlos en toda España, impidiendo la competencia fiscal para ese tramo de carga fiscal mínima que se exigirá, esto es, impidiendo los frutos de la competencia fiscal que en algunas Comunidades Autónomas había posibilitado bonificar hasta el 99% estos impuestos. De hecho, no es sino pervertir la competencia fiscal porque, sin necesidad de armonizar, permite que los gobiernos regionales no sólo tengan garantizada un mínimo de recaudación por esta vía impositiva (de poco montante) sino a liberarse de la presión de tener que esforzarse en ofrecer leyes atractivas a la acumulación de riqueza, capital y, en definitiva, prosperidad.

Seguimos deslizándonos por la misma peligrosa pendiente que en su día denunció Alexis de Tocqueville: querer igualar nuestras rentas por la vía de empobrecernos a todos

Porque de eso tratan los impuestos sobre el patrimonio, ya sea anual o en el momento del fallecimiento: de volver a tributar por aquello por lo que ya se pagaron impuestos durante toda la vida, de reducir el ahorro (pues el patrimonio y la herencia es una de las fuentes más importantes de ahorro y su transmisión), lo que significa reducir la inversión, los empleos, los salarios y el crecimiento de la economía. En un estudio efectuado por la Tax Foundation a raíz de la propuesta del economista francésPiketty (por cierto, gurú de Podemos) de implantar un fuerte Impuesto sobre el Patrimonio, cuantificaron el desastre que la aplicación de tal medida tendría en EEUU: reducción del 13,3% del stock de capital, reducción de los salarios del 4,2%, eliminación de casi un millón de empleos, reducción de casi un 5% del PIB. Todos los grupos de renta, desde los más modestos a los más ricos, verían reducida su renta. Pero, ¿vale la pena reducir un 7% la renta de los más pobres para ver reducir la renta de los más ricos un 10%?  De nuevo, al igual que en el Impuesto sobre Sociedades, hacer demagogia contra “el rico” es empobrecernos a todos, especialmente a los que tienen menos recursos y margen de maniobra. Seguimos deslizándonos por la misma peligrosa pendiente que en su día denunció Alexis de Tocqueville: querer igualar nuestras rentas por la vía de empobrecernos a todos, en lugar de enriquecer a los más pobres.

Conclusión

Es difícil destacar en incremento de impuestos tras la era Montoro-Rajoy, pero el PSOE podría llegar a realizar tal sangrante hazaña. El demagógico ataque a los ricos basándose en maniatar al contribuyente y sus posibilidades legales significa subir los impuestos a las empresas y patrimonios, lo que perjudicará indirecta y significativamente a los más modestos.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Artículos en Vozpópuli, Fiscalidad

EEUU-Pacífico: ¿acuerdo de libre comercio?

Ahora mismo, burócratas y políticos de Bruselas y Washington están negociando secretamente sobre el acuerdo de libre comercio entre EEUU y la Unión Europea. La opacidad y falta de transparencia en la negociación es una de sus características más sobresalientes y, a lo sumo, sólo se conoce información a través de filtraciones. Parece que cuestiones referidas a la protección de datos, con una reciente sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), el espionaje de la NSA o el reciente caso Volkswagen, han enturbiado las negociaciones entre nuestros burócratas y políticos y los suyos, hasta el punto de encallarlas.

Y aunque no sepamos el devenir de estas conversaciones, las consecuencias derivadas de aprobarse finalmente este Tratado nos afectarán enormemente. La reciente firma del acuerdo de libre comercio entre doce países del pacífico (el TTP, por sus siglas en inglés), entre los que destacan EEUU y Japón, nos da pistas de lo que podría llegar a firmarse en relación al comercio entre la UE y EEUU. Es más, el propio TTP nos afectará tan pronto entre en vigor. No en vano, cubre el 40% del comercio mundial y eso significará que los flujos del comercio, las inversiones, los consumidores y las exportaciones, también españolas, tendrán que adaptarse a ese nuevo y enorme marco jurídico.

El verdadero libre comercio no se negocia, simplemente deja de obstaculizarse

Sin embargo, el verdadero libre comercio no se negocia, simplemente deja de obstaculizarse. Como dijo Murray N. Rothbard: “el genuino libre comercio no requiere de un tratado”. Idealmente, tampoco es necesaria ninguna condición de reciprocidad, sino una práctica unilateral en favor de la libertad del ser humano. Pero la realidad es que dependemos de los políticos para tener derechos. Si los eurócratas y sus homólogos Washington no se ponen de acuerdo, no podremos comerciar máslibremente con otras personas que viven al otro lado del charco. Lo que equivale a decir que, cuando se firme el acuerdo, como ha pasado con el TTP, los líderes se colgarán medallas y mostrarán su victoria al electorado, usando ese sempiterno lenguaje político orwelliano en el que dejar de imponer trabas políticas es ‘luchar’ por ‘crear’ el libre comercio, como cuando subir impuestos es ‘reducir el déficit’, o cuando el obligado tributario es el ‘contribuyente‘, etc.

El tratado que se negocia entre EEUU y la UE adolecerá, como el TTP, de los efectos propios de aprobar medidas legales asimétricas, es decir: algunos sectores se verán beneficiados y otros no. Reducirá algunas barreras al libre comercio, pero también impondrá otras nuevas extendiendo las regulaciones gubernamentales más allá de las fronteras, en el ámbito laboral, medioambiental y de la inversión. Algo que ya vio Ludwig von Mises en su libro Gobierno omnipotente: “En un régimen de intervención gubernamental en la economía el gobierno dispone de innumerables medios para castigar la importación. Podrán ser de menos fácil manejo, pero pueden ser no menos eficaces que los aranceles”.

La producción y el comercio, una vez más, se verán dirigidos y modificados por la mano del homo politicus electo y de su fiel compañero el homo tecnocratusno electo. Los beneficios del libre comercio parcial que se permite con este tipo de acuerdos (se estima un incremento de la renta para los vietnamitas, por ejemplo, de hasta el 10,5% en 2025), son menores que si reamente se permitiera un libre comercio total.

El TTP puede suponer una seria amenaza a un sector y lugar de encuentro comercial y vital que ha posibilitado la tercerarevolución industrial,creativa y humana: Internet

El TTP contiene 22 capítulos, que van desde las telecomunicaciones hasta el textil, y, por tanto, infinidad de regulaciones, en materias tan variopintas como la propiedad intelectual, la producción agraria, la transmisión de datos o las fusiones y adquisiciones. El lobby farmacéutico se verá beneficiado porque se impone la legislación estadounidense de incrementar los años de propiedad intelectual de las patentes, también lo será ese gran donante del Partido Demócrata que es Hollywood.

Igualmente, parece que el TTP (se desconoce el texto completo), y quizá en el futuro el acuerdo entre EEUU y la UE, puede suponer una seria amenaza a un sector y lugar de encuentro comercial y vital que ha posibilitado la tercera revolución industrial,creativa y humana: Internet. Entre las restricciones: limitar una de las esencias de Internet, la información u opinión. Por ejemplo, las quejas de usuarios a comportamientos empresariales, que, precisamente, es uno de los mecanismo de mejora para las propias empresas, especialmente para la creación de reputación. U obligar a las empresas suministradoras de Internet a vigilar la actividad de sus usuarios, con posibles amenazas de cortar los servicios. Es decir, estrategias que van conformándose dentro de megatratados a nivel internacional que copian las estrategias fiscales y financieras: obligar a los bancos a suministrar información de sus clientes, obligar a los ciudadanos a suministrar información de sus conciudadanos o a delatarse, amenazar con el escarnio público para que se paguen los impuestos…

Conforme crece la complejidad de la economía, los gobiernos van a la zaga y tratan de mantener o ampliar sus áreas de poder y control. No existe el imperialismo económico, sino el imperialismo político que, desgraciada e indefectiblemente, conduce a negativas consecuencias económicas y a privilegiar a unos en detrimento de otros. Precisamente algunos críticos destacan la herramienta política del TTP para contrarrestar la influencia china en el Pacífico. El propio Obama lo resumiócon una declaración con alta carga política, es decir, intervencionista, y colectivista: “No podemos permitir que países como China escriban las reglas de la economía global. Nosotros deberíamos escribir esas reglas, abriendo nuevos mercados a los productos estadounidenses, mientras establecemos altos estándares para la protección de los trabajadores y la preservación de nuestro medio ambiente.”

Esas regulaciones son la manifestación visible de la lucha constante que existe entre las acciones diarias de millones de personas y los gobiernos

Dicho todo lo anterior, estos acuerdos pueden ser, en términos generales, un paso en la buena dirección. No son el establecimiento del libre cambio ideal sino un acercamiento, un segundo óptimo. Y ello no porque nuestros gobernantes sean adalides de la libertad y el comercio, sino por la creciente presión que ejercen sobre ellos la propia integración económica y, en definitiva, humana, a nivel global, siendo el libre comercio un ejemplo. Y, aun siendo un segundo óptimo, los matices son múltiples como variadas son las ingentes nuevas regulaciones que va a haber. Esas regulaciones son la manifestación visible de la lucha constante que existe entre las acciones diarias de millones de personas, que en su día a día establecen relaciones comerciales y de toda índole, libres y voluntarias, con otras personas sean de donde sean; y los gobiernos que, desbordados ante ese incremento de la globalización, tratan de mantener o incrementar su control y poder sin recurrir a un gobierno global pero sí con nuevas regulaciones, armonizaciones de leyes… Veremos qué aspectos negativos se aprueban finalmente y las consecuencias que engendrarán, y en qué grado contrarrestarán o ralentizarán el libre comercio, esto es, la positiva interacción económica y social entre seres humanos de distintos lugares del planeta.

Deja un comentario

Archivado bajo Artículos en Vozpópuli, Economía