EEUU-Pacífico: ¿acuerdo de libre comercio?

Ahora mismo, burócratas y políticos de Bruselas y Washington están negociando secretamente sobre el acuerdo de libre comercio entre EEUU y la Unión Europea. La opacidad y falta de transparencia en la negociación es una de sus características más sobresalientes y, a lo sumo, sólo se conoce información a través de filtraciones. Parece que cuestiones referidas a la protección de datos, con una reciente sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), el espionaje de la NSA o el reciente caso Volkswagen, han enturbiado las negociaciones entre nuestros burócratas y políticos y los suyos, hasta el punto de encallarlas.

Y aunque no sepamos el devenir de estas conversaciones, las consecuencias derivadas de aprobarse finalmente este Tratado nos afectarán enormemente. La reciente firma del acuerdo de libre comercio entre doce países del pacífico (el TTP, por sus siglas en inglés), entre los que destacan EEUU y Japón, nos da pistas de lo que podría llegar a firmarse en relación al comercio entre la UE y EEUU. Es más, el propio TTP nos afectará tan pronto entre en vigor. No en vano, cubre el 40% del comercio mundial y eso significará que los flujos del comercio, las inversiones, los consumidores y las exportaciones, también españolas, tendrán que adaptarse a ese nuevo y enorme marco jurídico.

El verdadero libre comercio no se negocia, simplemente deja de obstaculizarse

Sin embargo, el verdadero libre comercio no se negocia, simplemente deja de obstaculizarse. Como dijo Murray N. Rothbard: “el genuino libre comercio no requiere de un tratado”. Idealmente, tampoco es necesaria ninguna condición de reciprocidad, sino una práctica unilateral en favor de la libertad del ser humano. Pero la realidad es que dependemos de los políticos para tener derechos. Si los eurócratas y sus homólogos Washington no se ponen de acuerdo, no podremos comerciar máslibremente con otras personas que viven al otro lado del charco. Lo que equivale a decir que, cuando se firme el acuerdo, como ha pasado con el TTP, los líderes se colgarán medallas y mostrarán su victoria al electorado, usando ese sempiterno lenguaje político orwelliano en el que dejar de imponer trabas políticas es ‘luchar’ por ‘crear’ el libre comercio, como cuando subir impuestos es ‘reducir el déficit’, o cuando el obligado tributario es el ‘contribuyente‘, etc.

El tratado que se negocia entre EEUU y la UE adolecerá, como el TTP, de los efectos propios de aprobar medidas legales asimétricas, es decir: algunos sectores se verán beneficiados y otros no. Reducirá algunas barreras al libre comercio, pero también impondrá otras nuevas extendiendo las regulaciones gubernamentales más allá de las fronteras, en el ámbito laboral, medioambiental y de la inversión. Algo que ya vio Ludwig von Mises en su libro Gobierno omnipotente: “En un régimen de intervención gubernamental en la economía el gobierno dispone de innumerables medios para castigar la importación. Podrán ser de menos fácil manejo, pero pueden ser no menos eficaces que los aranceles”.

La producción y el comercio, una vez más, se verán dirigidos y modificados por la mano del homo politicus electo y de su fiel compañero el homo tecnocratusno electo. Los beneficios del libre comercio parcial que se permite con este tipo de acuerdos (se estima un incremento de la renta para los vietnamitas, por ejemplo, de hasta el 10,5% en 2025), son menores que si reamente se permitiera un libre comercio total.

El TTP puede suponer una seria amenaza a un sector y lugar de encuentro comercial y vital que ha posibilitado la tercerarevolución industrial,creativa y humana: Internet

El TTP contiene 22 capítulos, que van desde las telecomunicaciones hasta el textil, y, por tanto, infinidad de regulaciones, en materias tan variopintas como la propiedad intelectual, la producción agraria, la transmisión de datos o las fusiones y adquisiciones. El lobby farmacéutico se verá beneficiado porque se impone la legislación estadounidense de incrementar los años de propiedad intelectual de las patentes, también lo será ese gran donante del Partido Demócrata que es Hollywood.

Igualmente, parece que el TTP (se desconoce el texto completo), y quizá en el futuro el acuerdo entre EEUU y la UE, puede suponer una seria amenaza a un sector y lugar de encuentro comercial y vital que ha posibilitado la tercera revolución industrial,creativa y humana: Internet. Entre las restricciones: limitar una de las esencias de Internet, la información u opinión. Por ejemplo, las quejas de usuarios a comportamientos empresariales, que, precisamente, es uno de los mecanismo de mejora para las propias empresas, especialmente para la creación de reputación. U obligar a las empresas suministradoras de Internet a vigilar la actividad de sus usuarios, con posibles amenazas de cortar los servicios. Es decir, estrategias que van conformándose dentro de megatratados a nivel internacional que copian las estrategias fiscales y financieras: obligar a los bancos a suministrar información de sus clientes, obligar a los ciudadanos a suministrar información de sus conciudadanos o a delatarse, amenazar con el escarnio público para que se paguen los impuestos…

Conforme crece la complejidad de la economía, los gobiernos van a la zaga y tratan de mantener o ampliar sus áreas de poder y control. No existe el imperialismo económico, sino el imperialismo político que, desgraciada e indefectiblemente, conduce a negativas consecuencias económicas y a privilegiar a unos en detrimento de otros. Precisamente algunos críticos destacan la herramienta política del TTP para contrarrestar la influencia china en el Pacífico. El propio Obama lo resumiócon una declaración con alta carga política, es decir, intervencionista, y colectivista: “No podemos permitir que países como China escriban las reglas de la economía global. Nosotros deberíamos escribir esas reglas, abriendo nuevos mercados a los productos estadounidenses, mientras establecemos altos estándares para la protección de los trabajadores y la preservación de nuestro medio ambiente.”

Esas regulaciones son la manifestación visible de la lucha constante que existe entre las acciones diarias de millones de personas y los gobiernos

Dicho todo lo anterior, estos acuerdos pueden ser, en términos generales, un paso en la buena dirección. No son el establecimiento del libre cambio ideal sino un acercamiento, un segundo óptimo. Y ello no porque nuestros gobernantes sean adalides de la libertad y el comercio, sino por la creciente presión que ejercen sobre ellos la propia integración económica y, en definitiva, humana, a nivel global, siendo el libre comercio un ejemplo. Y, aun siendo un segundo óptimo, los matices son múltiples como variadas son las ingentes nuevas regulaciones que va a haber. Esas regulaciones son la manifestación visible de la lucha constante que existe entre las acciones diarias de millones de personas, que en su día a día establecen relaciones comerciales y de toda índole, libres y voluntarias, con otras personas sean de donde sean; y los gobiernos que, desbordados ante ese incremento de la globalización, tratan de mantener o incrementar su control y poder sin recurrir a un gobierno global pero sí con nuevas regulaciones, armonizaciones de leyes… Veremos qué aspectos negativos se aprueban finalmente y las consecuencias que engendrarán, y en qué grado contrarrestarán o ralentizarán el libre comercio, esto es, la positiva interacción económica y social entre seres humanos de distintos lugares del planeta.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Artículos en Vozpópuli, Economía

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s