Archivo mensual: enero 2016

‘Emma’ la gran novela que enriquece nuestra vida

La gran novelista inglesa, autora de otras obras acaso más conocidas como Orgullo y Prejuicio o Sentido y sensibilidad, siempre trae a la mente del lector actual esas escenas decimonónicas, con el vestuario de época y una trama surtida únicamente de romances, casamientos y finales felices, al que las adaptaciones cinematográficas tanto han contribuido a asentar.

Sin embargo, la lectura de un gran libro va más allá de su disfrute inmediato, también ofrece una valiosa oportunidad de extraer, a ese microcosmos en el que uno se zambulle, una utilidad práctica con el que enriquecer el acervo vital del lector. Y, ¿qué ofrece Emma? La imaginación casi científica de su protagonista, su buenismo invasivo y manipulador -tan de actualidad en nuestra sociedad a través, por ejemplo, de la política-, pero también su capacidad de redención y espíritu de superación, el elogio a la cotidianidad, y otros muchos temas clave…

La imaginadora

Uno de los primeros ejemplos sobre el que podemos reflexionar es el que ofrece la protagonista de la novela y que le da título: Emma Woodhouse. Una persona con una poderosa imaginación, pero no fantástica sino casi científica: estudia a las personas que le rodean y elabora posibilidades acerca de sus afectos, e incluso trata de validar las hipótesis que formula con sus maniobras y estrategias, algo que los lectores habrán podido experimentar o podrían ver en quienes les rodean.

En realidad, Emma podría ser vista como la propia Jane Austen, y como muchas otras personas, unacreadora de historias sobre la vida de los demás. Aunque con una diferencia: a esta innata predisposición cabalística acerca de los demás no le acompaña el percibir realmente lo que la rodea, no sabe leer entre líneas y además llega a ser, en algunos momentos, bastante ingenua. Todo lo cual nos lleva a una conclusión: la imaginación (de Emma) puede ser una virtud, pero también un peligro pues es sólo una parte de la personalidad. Si se complementa, por ejemplo, con la ingenuidad o superioridad, y se aplica a temas tan delicados, puede resultar contraproducente y perjudicial.

El buenismo invasivo

Con la novela de Austen, el lector tiene la oportunidad de vivir el ejercicio práctico de un buenismo invasivo y manipulador. Interesante en estos tiempos que corren en donde la política tiene un papel tan importante en nuestra sociedad actual.

Austen dejó escrito que la protagonista de su novela no iba a caer muy bien a sus lectores y que sólo gozaría de la simpatía de ella misma, su creadora. La razón, sus defectos y errores. En realidad no es así porque la gran maestría de esta formidable escritora pone al lector de parte de Emma, aun con sus virtudes (que las tiene) y defectos.

Empieza describiéndola como una joven inteligente, bella y rica, una aparente perfección que va desvirtuándose a lo largo de las páginas centrales de la novela. Es decir, un personaje realista y, por tanto, con una personalidad en ocasiones contradictoria y que no siempre toma las mismas decisiones a lo largo del tiempo. Es la heroína que se equivoca, imperfecta y que comete errores, algunos graves, en su continuo afán de aplicar esa imaginación, con carencias, a los demás. En concreto, en tratar de arreglarles la vida, por ejemplo, a esa amiga correcta y amable, Harriet Smith, que sólo necesita más conocimiento y elegancia, es decir, su conocimiento y elegancia, y que aprecia su superioridad. ¿Cómo? Buscándole el marido que ella considera adecuado, y evitar que se contente con cualquiera. Emma aprecia realmente el valor intrínseco de su amiga, y sus cualidades -por tanto, no son sus no son malas-, pero cree que ella desea ser guiada, por lo que quiere serle útil. Un rico ejemplo del buenismo que se torna invasivo y que acarrea la posibilidad de sufrir nefastas consecuencias, como casi le ocurre a Harriet.

La regeneración

La otra cara de la moneda de esas imperfecciones es un ejemplo de lacapacidad del ser humano de luchar por encontrar de nuevo la luz, de su capacidad de redención, una idea clave y fundamental a extraer de toda la historia. La emancipación de esa mala conducta, de ese autoengaño (creerse superiores a sí mismo y los fines diseñados para la otra persona) a través de un proceso de arrepentimiento verdadero y del propósito de enmienda. Y no es un proceso claro, sino con altibajos, incompleto al principio, abierto, pues Emma no abandona sus buenas e invasivas intenciones abruptamente, sino de una manera realista, esto es, con un arrepentimiento y una recaída, pero con una línea de mejora, no sin altibajos claros (como la excursión hacia el final del a Box Hill y sus malas palabras a la señorita Bates, de las que se arrepiente y por las que quiere disculparse de corazón).

Un proceso que le lleva a experimentar un desarrollo personal considerable y, además, mucho más valioso si tenemos en cuenta que en el pueblo no tiene iguales, ella ocupa la posición social más elevada, por lo que nada ni nadie le obliga a realizar tal proceso, sino que nace de ella y es ella la que debe examinarse a sí misma. Es un entrenamiento personal y reflexivo, más allá de los actualmente famosos coach. Verdaderamente importante para cualquier ser humano porque supone una actitud autocrítica de un modo constructiva, que busca la mejora y la superación.

Elogio al día a día, a la cotidianeidad

Austen crea un entorno sencillo en esta novela, probablemente pensando en su propia realidad vital y la de sus lectores: situaciones cotidianas, en las que lo más importante es cómo gestionar el día a día y el ocio de sus protagonistas. Ese control le permite desarrollar sus diálogos, la trama y los temas más importantes. Y precisamente este es uno de los temas, aparentemente poco importante, pero vital para la mayoría de los (posibles) lectores del libro: el tributo al día a día, a la posibilidad de encontrar y desarrollar la felicidad en las cosas cotidianas, en la mera organización y gestión del ocio, las reuniones sociales o de las actividades aparentemente más banales. Gozar la vida sin tener que ser un héroe o un personaje público.

En definitiva, Emma, como otras novelas de Jane Austen, no es sólo una historia de romances y amoríos, que también, sino una oportunidad de estar frente a frente ante temas muy comunes y relevantes para todos, de los que no sólo disfrutar durante su lectura sino también enriquecer nuestra vida.

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Caso Nóos: ¿Hacienda somos todos?

El juicio por el “caso Nóos” es algo más que un caso de corrupción. Aparte de las consideraciones morales y penales sobre el aprovechamiento de la posición social para apropiarse de dinero público, en el juicio se están dirimiendo cuestiones tan importantes como la delación de unos ciudadanos a otros como arma indirecta de represión para el pago de impuestos o el uso de la propaganda y adoctrinamiento acrítico con el Estado con el fin de legitimarlo, independientemente de lo justo que sea.

La acusación popular en delitos fiscales es una peligrosa características más de la deriva que está siguiendo nuestro sistema fiscal

El papel de la acusación popular en delitos fiscales

Para tratar de eximir a la Infanta de un juicio o de enjuiciarla, se está discutiendo el papel de la acusación popular en los procesos penales en los casos de delito fiscal. En este sentido, y dejando aparte la trama de corrupción del caso Nóos, permitir que la sola acusación popular baste para sentar en el banquillo a alguien que no ha satisfecho una deuda fiscal es lo mismo que dejar que un grupo de personas, una turba, denuncie a alguien con quien no mantiene ninguna relación acreedora por una deuda insatisfecha. La acusación popular en delitos fiscales es una peligrosa características más de la deriva que está siguiendo nuestro sistema fiscal que ha conseguido, sin apenas resistencia, que los propios ciudadanos se apliquen la coacción fiscal: suministrando al Estado la información privada que unos tienen de otros, haciéndole el trabajo de recaudación aplicándose mutuamente retenciones que ingresarán al Fisco, fomentando la delación y actitudes chivatas como las denuncias tributarias anónimas, o prestándose a aplaudir el escarnio público que el Estado les ofrece, cual carnaza, cuando publica la lista de los famosos morosos a su Hacienda.

¿Sí a la acusación popular por ser la Hacienda Pública un bien colectivo?

Pero el caso de la Infanta también lleva a debate la doctrina mayoritaria del Tribunal Supremo, manifestada, por ejemplo, en el “caso Atutxa”, que permite que la sola acusación popular siente en el banquillo al acusado en aquellos delitos “que afectan a bienes de titularidad colectiva, de naturaleza difusa o de carácter metaindividual”. Pero, ¿es la Hacienda Pública un bien colectivo a proteger? Más que un bien colectivo, la Hacienda Pública es una mera depositaria de la ingente cantidad de recursos que coactivamente, es decir, a través del uso de la fuerza, se expropia a los ciudadanos. Independientemente de que el Estado se base en la legitimidad, la costumbre, la aceptación tácita o la obediencia de la población, nada puede desnaturalizar la figura impositiva: los impuestos son impuestos, coactivamente extraídos. Por tanto, la Hacienda Pública no es un bien colectivo sino una organización coercitiva de recaudación, por lo que esto no justifica dar entrada a la acusación popular en delitos fiscales.

¿Sí a la acusación popular porque no pagar impuestos perjudica a todos?

Se aduce el posible perjuicio que la insatisfacción de la deuda tributaria por parte de una persona supone para el resto de la población. De hecho, la acusación popular (Manos Limpias) se justifica con que “lo que la Infanta pudo defraudar en 2007 y 2008 nos afecta a todos”, o como manifiestan insignes juristas: afecta “también al interés colectivo de los españoles en tener una buena asistencia sanitaria o en que se paguen puntualmente los subsidios de desempleo o las pensiones de jubilación”. Incluso el propio TS en sentencia de 2014 afirma: “Es cierto que al final el perjuicio es económico, pero no puede olvidarse que la justificación de la pena específica radica en la inadmisible vulneración de los principios de solidaridad tributaria inexcusables en una sociedad democrática”. Por tanto, la justificación de dar entrada a la acusación popular, como un comisario político propio de una sociedad totalitaria (otra medida represiva de todo el entramado de normas con consecuencias tributarias), se basa, en última instancia, en que no pagar impuestos perjudica a todos pues el que unos no paguen impuestos provocaque el resto deba pagar más para sufragar los gastos públicos. Pero tal aseveración es falsa.

El bienestar de los demás puede promoverse de otra manera que financiando una monstruosa cantidad de regulaciones que alumbra el Congreso año tras año

De ser cierta, ¿si se bajan los impuestos un año, no deberían los obligados tributarios seguir pagando los mismos impuestos que anteriormente para sostener el gasto público? ¿Están los obligados tributarios obligados (de nuevo) a ignorar las leyes fiscales que contemplan deducciones o bonificaciones porque de lo contrario se provoca que los que no se las aplican tendrían que pagar más? Además, ¿no es contradictorio que si se sustrae coactivamente renta al obligado tributario, trabajará o producirá menos, por lo que dejará de generar bases imponibles y, por tanto, pagará menos impuestos?

Por otra parte, el bienestar de los demás puede promoverse de otra manera que financiando una monstruosa cantidad de regulaciones que alumbra el Congreso año tras año y que, por cierto, muchas promueven la desigualdad económica beneficiando a unos (grupos de presión) o, directamente, perjudican a otros a través servicios públicos ineficientes (por ejemplo, el educativo, que a muchos condena a salir al mercado sin serles útiles lo estudiado)? Por tanto, podría incluso defenderse que, si realmente nos preocupa el bien común, deberíamos guardarnos de entregar nuestro dinero a un proveedor tan ineficiente como el estatal. Por lo que pensar que no pagar impuestos nos perjudica a todos es, de nuevo, falso. La única manera de ser un buen ciudadano no es exigirle pagar impuestos a Montoro, Monedero, Francisco de la Torre o Zapatero? El Estado no tiene el monopolio de la bondad.

El argumento de que si uno no paga impuestos nadie lo haría no es cierto

El argumento de que si uno no paga impuestos nadie lo haría no es cierto. Si uno no quiere los servicios públicos no significa que todos no los quieran. Estos últimos podrían adquirirlos y financiarlos por medio de tasas (a excepción de, por ejemplo, servicios más problemáticos como la defensa, o el mantenimiento del orden, actividades que consumen la minoría del gasto público y que exigirían impuestos mucho más bajos). La financiación vía tasas no implica que todos deban pagar la misma tasa. En el mercado también se ofrecen esquemas de precios teniendo en cuenta el nivel de renta. Si no se promueve este sistema es precisamente porque ello daría pie a la organización de la sociedad basada en la voluntariedad y cooperación, y no en el sometimiento al poder político.

Porque, ¿para ser civilizados no hay más remedio que pagar impuestos? Todo lo contrario: son el precio de la incivilización porque se asientan en la organización coactiva de la sociedad. Con los últimos avances empresariales en áreas como la educación y la sanidad, cada vez es más difícil pensar que no podría haber una industria educativa o sanitaria, libre, vanguardista y eficiente que, por supuesto, contemple infinidad de mecanismos para integrar a los menos favorecidos (becas, seguros, empresas sociales y del tercer sector, economía colaborativa, Internet, vías por descubrir, etc.).

Acción popular no por malversación de fondos públicos sino por no pagar impuestos

Teniendo en cuenta todo lo anterior, no parece sensato justificar aplicar penas de cárcel, dar entrada a la acusación de cualquiera, reducir los derechos del obligado tributario, etc., por lo que el propio TS califica como, al final, un “perjuicio económico”, es decir, la no satisfacción de una deuda por parte del súbdito fiscal, algo que puede ser muy discutible, como muestra este artículo.

Además, llama poderosamente la atención que los partidarios de introducir la acusación popular para enjuiciar a la Infanta busquen, no que determinadas personas no se apropien del dinero de los impuestos sino en asegurarse de que paguen impuestos.

Que no queramos organizarnos libremente no significa que debamos enorgullecernos de hacerlo basándonos en la coacción

Conclusión

En lo que sí tiene razón la abogada del Estado del caso Nóos es en que “Hacienda somos todos” es pura propaganda de una falsedad. Como diría Anthony de Jasay, esa es la auténtica educación para la ciudadanía: en lugar de adquirir conocimiento, se inculca los valores del Estado que, por supuesto, no incluyen tener una visión siempre crítica y examinadora del nivel de impuestos, de la justicia de las leyes (fiscales) y la vigilancia sobre el poder (que siempre tiende a aumentar). Que no queramos organizarnos libremente no significa que debamos enorgullecernos de hacerlo basándonos en la coacción, impuestos, y en usar métodos represivos como la acusación popular para enjuiciar a conciudadanos por no satisfacer la deuda al Estado.

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La lista de morosos: hacia un régimen podemita

La publicación de la lista de morosos con Hacienda consuma el giro dado por el PP, con la venia del resto de partidos, a las costumbres franquistas de la Ley General Tributaria de 1963 contra el secreto tributario (la confidencialidad y reserva de la información tributaria). Estos sujetos cuyas identidades se publicita no tienen por qué haber incurrido en delito fiscal alguno, ni tan siquiera haber cometido una infracción, tan sólo no haber ingresado el dinero en las arcas del Fisco en el periodo de tiempo por éste determinado, por estar en situación de quiebra, por estar litigando, etc.

Derechos del contribuyente… a autoinculparse, a no tener secreto tributario, a la arbitrariedad

En teoría, el artículo 35 de la Ley General Tributaria dispone el secreto y sigilo administrativo de la información fiscal, pero de una manera tan laxa que recuerda a lo que dice el filósofo Anthony de Jasay de las Constituciones y su capacidad para fijar los límites del poder político: contrariamente a lo deseado, éstas no son, en absoluto, un freno ni una contención puesto que pueden, y son, modificadas a conveniencia para dar cabida a continuas ampliaciones del aparato estatal. Prueba de ello es los a vaivenes en la evolución de estos derechos, especialmente a lo largo de la segunda mitad del siglo XX y principios de este.

Vituperar los derechos del contribuyente de este modo no sólo afecta al ámbito tributario sino que lo excede, porque supone una flagrante vulneración de derechos fundamentales

Vituperar los derechos del contribuyente de este modo no sólo afecta al ámbito tributario sino que lo excede, porque supone una flagrante vulneración de un surtido ramillete de derechos fundamentales. Al quebrantamiento del derecho a la intimidad y al derecho a la protección de datos de carácter personal, se le añade la anulación del derecho a no autoinculparse, es decir, no usar información adquirida coactivamente para fundamentar una pena que, en este caso, es el castigo vía escarnio público.

Igualmente, mina de un plumazo lo que el propio y cuestionado Tribunal Constitucional sentenciara hace unas décadas (ahora se ve la ingenuidad): que el deber de sigilo es un contrapeso de los deberes decolaboración del contribuyente, dicho claramente: se obliga a “colaborar” con cierta confidencialidad.

Al final, una organización que impone estas normas anómalas lo que hace es crear una cultura de gestión interna tendente a alejarse de estos derechos. Hoy es esta medida fiscal rimbombante, mañana serán disposiciones mucho más específicas que pasarán totalmente inadvertidas, incluso para algunos especialistas.

Trasvase de poderes y evolución del régimen: del PP a Podemos

Lo que además incrementa la medida fiscal del PP es la inseguridad del individuo de no poder prever los casos en los que el Estado puede entrometerse en su ámbito de actuación -no ya saber que efectivamente ocurrirá, que ya es grave, sino en qué casos y situaciones -, incrementando de ese modo la arbitrariedad de la Administración.

Porque, en el fondo, ¿qué supone esta medida, que tan poca resistencia social ha tenido y, menos de los partidos de la “oposición”? Lo que Albert Jay Nock alertó en la época de entreguerras: la conversión del poder social (de la sociedad, del individuo, descentralizado) en poder estatal (poder político). Este es un caso concreto: desequilibrar, más si cabe, la relación entre la Administración y el individuo. Es una punta de lanza de nuestro sistema jurídico, que va abriéndose hacia una mayor intervención sobre nuestra esfera privada. Y es que éstas no son normas temporales o accidentales, sino que perdurarán, porque se engarzan en áreas en donde impera el más absoluto consenso (los programas de los partidos en cuanto a gestión del sistema tributario eran casi idénticos).

No hace falta un golpe de estado bolivariano para cambiar el sistema, sino este tipo de medidas. La democracia no es sólo la alternancia en el poder. El Estado también tiene sus propias dinámicas, que también influyen en la población. Aunque en un caso gane el PP y luego el PSOE, el sistema institucional cambia, y esos cambios dan cabida a otros partidos que poco a poco reciben más apoyos de la sociedad, como Podemos.

Si aceptamos medidas más intrusivas, más posibilidades habrá de tener partidos liberticidas

¿Cómo? Los electores no se plantan ante las urnas con las mismas ideas. La gente desarrolla su hábito de conformidad. Aceptamos los cambios institucionales, aunque sean para mal y por la puerta de atrás, del mismo modo mecánico en que aceptamos el entorno. Si aceptamos medidas más intrusivas, más posibilidades habrá de tener partidos liberticidas (viejos o nuevos).

Pensamos que las normas que regulan el Estado son de nuestra creación, cuando han sido aprobadas por un grupo de políticos que usan lo que James Madison denominara en 1794: “el viejo truco de convertir cada eventualidad en una fuerza de poder para el gobierno”. Las situaciones de crisis sirven para incrementar el poder y alcance del Estado. Observamos los fallos y actos ilícitos del Estado con el ojo de un padre, dándole el beneficio de un código ético especial, como por ejemplo el escarnio público de algunas personas por su demora en el ingreso de una obligación tributaria vulnerando sus derechos fundamentales -aunque al final termine por justificarse con cabriolas jurídicas-. Total, a la inmensa mayoría de votantes no les afecta esa situación… directamente.

Porque sí lo hace indirectamente. No en vano, se nos va adaptando a esas nuevas normas más restrictivas y, al final, terminamos por votarlas: “las elecciones colectivas nunca son independientes de lo que una cantidad importante de individuos quieren que éstas sean” (Jasay). La técnica de estratificar la sociedad desde arriba en buenos (a proteger) y malos (los que han de pagar), la luchas de clases del BOE, es una manera eficaz de intentar dar apariencia de que el sistema se asienta en algo justo que es que quien más tiene, que pague, cuando en realidad es la clase media la que sostiene el enorme entramado estatal.

Porque, ¿de eso se trata, de una medida ejemplarizante usando a “los ricos”? En mi opinión, lo que se ejemplifica es, precisamente, el castigo. Es decir, de nuevo nuestro sistema legal se adentra más y más en una relación jerárquica y de sometimiento sobre el súbdito. Tampoco se trata de publicitar a los grandes contribuyentes, es una contradicción pues han sido obligados a contribuir, sino de adoptar medidas menos opresivas y restrictivas que traten de restar agresividad a este sistema tributario y permitan, dentro de lo posible, la elección, la planificación fiscal del individuo de manera inteligente y prudente, con seguridad jurídica. La morosidad fiscal, en Grecia se ha visto claramente, también depende de las formas del sistema.

Podemos no es solo una contestación al PP y PSOE, sino también su producto

Conclusión

En suma, Podemos no es solo una contestación al PP y PSOE, sino también su producto. Medidas como la lista negra de morosos hacen evolucionar el régimen hacia un sistema más intrusivo, cosa que es asumida por capas más amplias de la población que termina por apoyar a partidos que quieren aplicar éstas o, incluso, medidas más liberticidas.

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