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Contra la subida de impuestos a las plusvalías a corto plazo

(Comentario publicado en el Instituto Juan de Mariana el 28 de noviembre de 2012.)

Hasta la fecha, el Gobierno ha evitado atacar de una manera audaz e inteligente el origen del problema del déficit público y en su lugar ha preferido parchear superficialmente la situación. Con esta premisa, es fácil entender medidas como las reiteradas y sucesivas subidas de casi todos los impuestos de nuestro sistema fiscal.

El Instituto Juan de Mariana ya alertó de las nefastas consecuencias de la subida del IRPF de diciembre de 2011, y de cómo esa medida nos colocaba entre los países con mayores tipos impositivos del Impuesto sobre la Renta del mundo.

Hoy, el Observatorio de Coyuntura Económica del Instituto también analiza la última subida fiscal proyectada por el Gobierno –hasta la fecha– a través del informe “Un nuevo ataque del Gobierno al ahorro: contra la subida de impuestos a las plusvalías a corto plazo”. Esta medida elevará la tributación de las ganancias patrimoniales (o plusvalías) generadas en menos de un año, a las que se les aplicarán los tipos impositivos marginales de la base general.

Las razones aducidas por el Gobierno para llevar a cabo este incremento de impuestos han sido básicamente dos: la de acercarnos a los países europeos –especialmente Alemania– volviendo a la tributación en vigor hasta 2006; y la de tratar de combatir la especulación a corto plazo que, en opinión del Gobierno, distorsiona la inversión productiva generadora de riqueza en el largo plazo.

El Informe destaca en primer lugar que la subida fiscal a las plusvalías a corto plazo en nada nos asemejará al sistema aplicado en Alemania dado que éste grava con un tipo único del 25% (más algunos recargos cuando son aplicables) a la mayoría de plusvalías, independientemente del plazo de su generación.

Por otra parte, tampoco en Europa es habitual gravar las plusvalías a corto plazo con los tipos impositivos marginales aplicables a las rentas del trabajo. De hecho, analizando la fiscalidad comparada de este tipo de rentas en más de una veintena de países europeos llegamos a la conclusión de que la mayoría suele gravar las rentas del ahorro de manera diferente al resto de rentas, y con tipos impositivos más bajos. Dentro de este grupo de países con sistemas duales, gran parte de ellos no suele distinguir según el plazo de generación de las plusvalías, y en aquellos países en los que sí hacen tal distinción, lo es para mejorar la tributación de las plusvalías a largo plazo y no para penalizar las de a corto, como propone el Gobierno del Partido Popular.

Los pocos países que tienen sistemas únicos en los que aplican las misma fiscalidad para rentas del trabajo que del ahorro suelen tener tipos impositivos únicos muy bajos –flat tax– que giran en torno al 15%. Por tanto, tampoco es verdad que elevando la fiscalidad de las plusvalías a corto nos acerquemos a Europa, más bien todo lo contrario.

Para finalizar con los argumentos fiscales del Gobierno, el Informe concluye que tampoco puede afirmarse que la subida fiscal nos devuelva al sistema aplicado hasta 2006, puesto que tanto los tipos impositivos marginales de la base general –que gravarán las plusvalías a corto plazo– como los tipos impositivos de la base del ahorro, han sido fuertemente elevados y son muy superiores a los existentes en 2006.

El Gobierno también ha justificado que debía tomar la medida para atajar la especulación que, en su opinión, mina la inversión productiva. De ser cierto este argumento, lo que primero sorprende es que la penalización fiscal se aplique a las personas físicas, y no a las sociedades, que son las que mayores volúmenes de transacciones realizan en el sector financiero español.

No obstante, tampoco es cierto que la especulación perjudique la inversión productiva, y mucho menos que penalizarla fiscalmente ayude a canalizar el ahorro hacia la inversión a más largo plazo, sino todo lo contrario. A estas cuestiones se dedica la segunda parte del Informe.

Así, subir los impuestos a las plusvalías a corto plazo distorsiona los mercados de capitales tanto por el lado de la oferta (distorsionando la fijación dinámica de precios realistas para los activos) como por el de la demanda de capitales (restando negociabilidad a los mercados), trayendo como consecuencia una menor inversión y, por tanto, lastrando la recuperación económica.

¿Y si después de no equipararnos a la legislación alemana y europea en general, ni volver al sistema de 2006, ni favorecer la inversión a largo plazo, sirve de algo esta medida en términos recaudatorios? Tampoco. Los efectos recaudatorios estimados por el propio Ministerio de Hacienda ascenderán a 90 millones de euros, tan solo el 0,09% del déficit público de 2011.

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Informe OCE: Contra la subida de impuestos a las plusvalías a corto plazo

http://www.juandemariana.org/video/5713/informe/oce/subida/impuestos/plusvalias/

Entrevista a Adrià Pérez Martí como autor del informe “Un nuevo ataque del Gobierno al ahorro. Contra la subida de impuestos a las plusvalías a corto plazo”, que ha visto la luz el 28 de noviembre de 2012.

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noviembre 28, 2012 · 8:40 pm

Boletín OCE: España, ante la Gran Recesión: ni austeridad ni crecimiento

El último boletín del Observatorio de Coyuntura Económica pone de relieve lo equivocadas de las voces que claman por nuevos estímulos fiscales para la recuperación económica. La expansión del gasto público entre 2008 y 2009 da fe del peligro y error de estas políticas.

Madrid, 7 de junio de 2012.– En su último boletín, el Observatorio de Coyuntura Económica (OCE) del Instituto Juan de Mariana entra en el debate actual sobre austeridad y crecimiento mediante el análisis de las políticas fiscales practicadas en EEUU, España y Alemania para salir de la crisis. Dadas las recomendaciones de analistas y políticos de dejar atrás la austeridad y acometer estímulos fiscales, conviene recordar los efectos de los planes de expansión del gasto aplicados en EEUU y España entre 2008 y 2009.

La principal conclusión del boletín es que la austeridad pública no sólo no es un impedimento para el crecimiento, sino que retomar las políticas de expansión del gasto sería del todo contraproducente para generar una recuperación rápida, estable y duradera.

  • Pese a la percepción mayoritaria de grandes recortes y austeridad fiscal, las Administraciones Públicas españolas gastaron en 2011 un 13% más que en 2007 y casi el doble que en el año 2000.
  • Desde 2007 hasta 2009, España y EEUU deterioraron su saldo público en 13,1 y 10,3 puntos porcentuales, respectivamente; mientras, Alemania sólo lo hizo en 3,4. Desde entonces, la “consolidación fiscal” apenas ha conseguido mejorarlo en 2,3 puntos porcentuales para España y 3,5 en el caso de EEUU.
  • Desde 2007 a 2011, el gasto público en relación al PIB ha crecido en España en 4,4 puntos porcentuales, una cifra que es más del doble de la alemana (2,1 pp).
  • En términos de crecimiento de la deuda pública sobre el PIB desde 2007, España es líder indiscutible, con un aumento de casi el 90%, frente al 50% en EEUU y al 25% en el caso alemán.
  • Lo cierto es que, además del notable aumento del gasto público en la etapa de expansión, desde que comenzó la crisis el gobierno español implementó en 2008-2009 paquetes de estímulo fiscal discrecional (supuestamente para favorecer el crecimiento y el empleo) que sólo son comparables en el mundo occidental a los de EEUU, con un tamaño cercano al 2,3% del PIB en 2009, y ello sin contar los grandes desembolsos por prestaciones al desempleo. Ninguno de los dos países ha logrado recuperar su mercado laboral.
  • Mientras, Alemania, sin recurrir a este tipo de políticas keynesianas, ha mantenido una cifra reducida de paro y ofrece mejores perspectivas económicas para los próximos años.

El OCE considera profundamente equivocada la dicotomía entre consolidación fiscal y mejora de la situación económica. Para que exista una recuperación sostenida, apoyada en buenos fundamentos, el desarrollo del sector privado es esencial, para lo cual es importante que las Administraciones Públicas no pongan excesivas trabas. Tampoco parece acertado calificar a un Gobierno de “austero” cuando trata de ajustar sus desequilibrios financieros intentando recaudar más –detrayendo recursos y lastrando al sector privado–, en lugar de reducir sus gastos para hacerlos compatibles con la nueva realidad.

Aumento deuda pública sobre el PIB desde 2007 (2007=100)

Fuente: FMI, Fiscal Monitor, Abril 2012

Pese a las fuertes críticas a una supuesta “austeridad draconiana” en Europa, lo cierto es que los niveles de gasto público en estos momentos superan con creces los del comienzo de la crisis. Así, el gasto gubernamental en la Eurozona en términos del PIB se colocó en el 49,4% en 2011, cuando en 2007 estaba en el 46% (aunque llegó a tocar el 51% en 2009).

En términos absolutos y nominales, España –país que se ha puesto como ejemplo por sus supuestos grandes recortes– gastó en 2011 un 13% más que en 2007. Si ampliamos la perspectiva temporal, observamos que el gasto de todas las Administraciones Públicas españolas en 2011 fue casi dos veces superior que el del año 2000.

Entre 2008 y 2009 la mayor parte de los gobiernos de los países desarrollados, con Estados Unidos y España a la cabeza, implementaron significativos paquetes de estímulo fiscal. El balance de estas expansiones del gasto público está lejos de ser positivo:

  • En primer lugar, pese a que España y Estados Unidos siguieron un enfoque keynesiano similar en los primeros compases de la Gran Recesión, sus trayectorias han sido diferentes. Por tanto, no parece adecuado atribuir el relativo y matizado mayor éxito en la recuperación de la economía estadounidense a la política fiscal expansiva, como algunos analistas han defendido. Más aún cuando tenemos en cuenta el contraste con Alemania, país cuyo déficit público máximo en el periodo fue sólo del 4,3% (2010), y que no aplicó un paquete de estímulo fiscal significativo.
  • En España, huelga decir que los planes de estímulo de la demanda por la vía de la política fiscal no consiguieron en 2008-2009 evitar la sangría laboral. Lo que sí consiguieron fue mantener la expansión del número de empleados públicos, que solo se ha empezado a reducir a finales de 2011. De igual manera que en Estados Unidos, aunque aquí de forma más abrupta, el ajuste en el empleo ha descansado totalmente sobre los trabajadores del sector privado.
  • Además de haberse mostrado ineficaces para mejorar la situación del empleo, lo más grave es el coste que han supuesto estos paquetes de estímulo. Primero, en términos del fuerte crecimiento de la deuda y deterioro de las finanzas públicas –que han absorbido buena parte del escaso crédito del sistema financiero, generando un efecto crowding-out– y la situación financiera del conjunto de la economía española. El sector público es responsable de que ni en 2010 ni en 2011 la economía española haya podido dejar la financiación externa, llegando a presentar una necesidad de financiación en 2011 de 91.420 millones de euros, frente a unas necesidades de financiación del total de la economía española de 36.226 millones de euros en el mismo año.

Financiación a sectores no financieros España (tasa de variación interanual)

Fuente: Banco de España

  • Segundo, y no menos importante, el gasto público ha contribuido a sostener algunos sectores de forma artificial y ha impedido (o frenado y pospuesto) el necesario ajuste de la estructura productiva, la liquidación de malas inversiones, y el desapalancamiento de la economía en su conjunto.

La estrategia de solucionar una crisis de excesivo endeudamiento privado con endeudamiento público, es netamente perjudicial y, en el mejor de los casos, inefectiva. En contra de lo defendido por la teoría keynesiana, el problema fundamental en la parte recesiva del ciclo no es estabilizar a toda costa la demanda agregada (y, para ello, el nivel de endeudamiento); sino, por un lado, que la estructura de la producción se reajuste para alinearse con la demanda, y por otro, que mejoren las deterioradas posiciones financieras de los distintos agentes económicos, reduciendo deuda y aumentando el ahorro o fondos propios.

Por todo ello, el boletín del OCE concluye que abandonar el ajuste fiscal para aplicar las mal llamadas “políticas de crecimiento”, consistentes en estímulos de gasto, no es el camino a seguir. Al contrario, Europa –y particularmente España- debe profundizar en la vía de la austeridad presupuestaria a través de un recorte considerable del gasto público, priorizando las partidas más superfluas de las más delicadas. Todo esto, por supuesto, debe complementarse con políticas que retiren trabas al funcionamiento y crecimiento del sector privado.
Descargar la nota de prensa en pdf

Ver el boletín de Coyuntura Económica (Junio 2012)

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Informe OCE: Los españoles sufrirán en 2012 los gravámenes sobre la renta más altos de Europa

El Observatorio de Coyuntura Económica del Instituto Juan de Mariana analiza la salvaje subida fiscal aprobada por el Gobierno de Mariano Rajoy y sus nefastas consecuencias para la economía española.

Madrid, 23 de enero de 2012.– En su último informe, el Observatorio de Coyuntura Económica del Instituto Juan de Mariana analiza la salvaje subida fiscal aprobada por el Gobierno de Mariano Rajoy y sus nefastas consecuencias para la economía española.

  • La subida fiscal ha supuesto que, a partir de 2012, los tipos impositivos del IRPF español sean de los más elevados de Europa, no sólo en todos los tramos de la escala general, sino también en el tratamiento del ahorro.
  • La combinación de tipos impositivos altos con nuestros niveles de renta comparativamente más bajos provocará que el potencial recaudador de asfixiar a la población y de desincentivar su generación de renta sea bastante modesto: los altos gravámenes sólo se emplearán en mantener un Estado sobredimensionado e ineficiente.
  • El problema del déficit público actual no proviene de unos ingresos fiscales insuficientes sino de un gasto público insostenible y propio de la época de la burbuja crediticia. Si el Gobierno español hubiera imitado la evolución del gasto público alemán entre 2002 y 2007, hoy disfrutaríamos de superávit incluso aunque el gasto público hubiese subido desde 2008 en la misma cuantía en la que lo ha hecho.

El incremento de impuestos aprobado por el nuevo Gobierno del PP el pasado 30 de diciembre de 2011 ha elevado los tipos impositivos de España a uno de los niveles más elevados de toda Europa. Si, hasta la llegada del PP al Ejecutivo, los gravámenes ya resultaban excesivamente elevados para favorecer la recuperación económica –pero, en todo caso, eran equiparables a los de países como Alemania, Francia o Reino Unido–, a partir de 2012 España tendrá unos de los tipos impositivos sobre la renta más elevados de Europa.

El informe del Instituto Juan de Mariana sobre las consecuencias de la subida fiscal decretada por el Gobierno de Mariano Rajoy se divide en dos partes: en la primera se analiza la posición en la que quedan los contribuyentes españoles en comparación con sus vecinos europeos y con los ciudadanos de otros países desarrollados; en la segunda, se exponen las razones que justifican que el ajuste del déficit debería producirse únicamente por el lado del gasto público.

1. El IRPF español: por encima de la media europea

Tras el “recargo solidario” aprobado por el Partido Popular, los tipos impositivos de nuestro IRPF se encuentran entre los más elevados de Europa, no sólo en su tramo máximo sino en todos los restantes.

Gráfico 1.- Tipos impositivos de la base general del IRPF para 2012 en Francia, Alemania, Italia, Reino Unido y España tras la subida impositiva de España

Fuente: Eurostat. Comisión Europea: “Taxes in Europe – Tax reforms database” y “Taxation trends in the European Union 2011”.

La subida en nuestros tipos impositivos ha sido de tal magnitud que ha situado nuestra escala de gravamen a los elevadísimos niveles de las socialdemocracias nórdicas –incluso por encima de los de algunos de ellas, como Noruega–, pero con unos servicios públicos notablemente inferiores. Es decir, el PP ha optado, según el informe, por sangrar a las clases medias para mantener un Estado sobredimensionado e ineficiente. El resultado de semejante error e injusticia sólo será desincentivar la creación de renta, ya sea para consumir o para ahorrar; algo que a buen seguro dificultará la salida de la crisis.

2. El déficit público: un problema de gasto, no de ingresos

El informe, sin embargo, no se queda en el ataque gratuito a la subida de impuestos. Después de constatar la exageración de la misma, se pregunta si había alternativas para atajar el déficit público y la respuesta es que sí. A lo largo de la segunda parte del informe se pone de manifiesto que el principal problema del desequilibrio de nuestras cuentas públicas no proviene de unos ingresos insuficientes, sino de un excesivo gasto estatal.

Junto con Irlanda, España fue el país en el que, con diferencia, más aumentaron los ingresos fiscales entre 2001 y 2007 (cerca de un 70%), debido a la exuberante actividad económica que, basada en una expansión crediticia insostenible, fue gestándose durante esos años. Los políticos españoles actuaron como si ese aumento de los ingresos tributarios de la burbuja fuera estructural y consolidaron un aumento del gasto público que comprometió para los años venideros la mayor parte de esa recaudación extraordinaria y no recurrente. No es casualidad que Irlanda, Grecia y España fueran los países que más aumentaron el gasto público entre 2001 y 2007.

Gráfico 2.- Gasto público en Europa entre 2001 y 2007 (2001=100)

Fuente: Fondo Monetario Internacional.

Si, por el contrario, nuestros gobernantes hubiesen optado por emular la evolución del gasto público alemán entre 2001 y 2007, hoy disfrutaríamos de superávit, aun cuando a partir de 2008 el gasto público hubiese aumentado en la misma cuantía en que lo hizo.

Gráfico 3.- Saldo presupuestario español en caso de haber incrementado el gasto público al mismo ritmo que Alemania entre 2001 y 2007

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del Fondo Monetario Internacional.

Si, además, conjugamos estos datos con el hecho de que el esfuerzo fiscal de los españoles se sitúa en la media de la Eurozona, mientras que el esfuerzo para sostener el sobredimensionado gasto público español se ubica bastante por encima de la media de la Eurozona, resultaba incontestable que ya antes del “recargo solidario” de Mariano Rajoy, la respuesta de las Administraciones Públicas para minorar el déficit debía pasar por adelgazar su estructura en lugar de por parasitar al sector privado.

El Gobierno de Mariano Rajoy, empero, ha optado con su subida de impuestos por exprimir un poco más a los contribuyentes para sustentar un modelo de Estado hipertrofiado durante la época de la burbuja y que se resiste a volverse austero, como sí ha hecho, en cambio, la economía privada. Un error gubernamental que todos los españoles pagarán muy caro no sólo por el sangrante recorte en su renta disponible sino, también, por unas menores expectativas de recuperación.

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