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El plan original de Varufakis para impagar la deuda de Grecia

(Artículo publicado en Libre Mercado.)

El ministro de Finanzas de Grecia, Yanis Varufakis, tenía muy claro cómo impagar la deuda pública helena antes de llegar al Gobierno, y esta particular hoja de ruta es la que ha intentado defender ante la troika.

El polémico economista lleva tiempo planteando una serie de medidas que, según él, podrían aplicarse sin modificar tratados ni leyes europeas, ni implantar la unión fiscal ni transferencias de dinero público entre Estados. De ahí su humilde título, Una propuesta modesta, que, por cierto, también fue usado por el célebre escritor Jonathan Swift –Los viajes de Gulliver– para titular un relato satírico de 1729 en el que ofrecía como solución para acabar con la situación de los pobres irlandeses que vendieran sus hijos como alimento.

El plan se basa en recurrir, precisamente, a gran parte de las ideas que contribuyeron a agravar y alargar la crisis de Grecia: la mutualización de la deuda, usando un esquema que recuerda a la ingeniera financiera del boom y sus titulizaciones (es decir, más y más deuda), la aplicación de un New Deal a escala europea, y el rescate banco a banco por parte delFondo europeo de rescate (MEDE).

De acuerdo con el ministro griego, para reducir el endeudamiento, los Estados miembros transferirían al BCE su deuda por valor del 60% del PIB, el límite fijado por el Tratado de Maastricht. El BCE no compraría la deuda transferida, ya que no puede legalmente monetizarla. Sería como un apunte contable. El BCE, para hacer frente a los intereses de esa deuda asumida se endeudaría, a su vez, emitiendo bonos a un tipo de interés libre de riesgo.

Los Estados miembros pagarían los intereses de esos bonos emitidos por el BCE. De ahí que a dicho plan se le denomine Programa de Conversión de la Deuda Limitado (el BCE pagaría los intereses de la deuda, y los Estados -el Estado griego en este caso- los intereses de los bonos emitidos por el BCE).

El beneficio para Atenas sería reducir el coste de la deuda y quitarse de encima la presión ejercida por los inversores para que aplique las reformas que garanticen que devolverá lo prestado. No obstante, el famoso economista no menciona los incentivos perversos que crearía al estimular el endeudamiento de los bancos con el BCE para adquirir sus propios bonos, o la degradación del balance de la institución monetaria con la consiguiente depreciación del euro (un impuesto a todos los europeos).

Una vez el problema de la deuda estuviera bajo control (no a base de reestructurar el atrofiado Estado del Bienestar griego sino sobre la base de endosar y difuminar su deuda tóxica al resto de Europa), Varufakis propone llevar a cabo un gran plan europeo de gasto público, obviamente, no con su dinero (que no tienen) sino con el que, teóricamente, sería capaz de levantar instituciones como el Fondo Europeo de Inversiones y el Banco Europeo de Inversiones, respaldados, en última instancia, por dinero de los contribuyentes europeos.

La estrategia del ministro griego sería utilizar a estos organismos paragastar más, pero usando el dinero de otros. Como si la causa de gran parte de los males no estribara, precisamente, en el enorme gasto público y control gubernamental que todo lo acapara en el país heleno, y en el gran protagonismo de las políticas keynesianas.

Ciertamente, el ministro acierta al apuntar al descalabro de la inversión como uno de los hechos destacados de la crisis griega (así como la española, por cierto), pero para resolver el problema aboga por la sempiterna política socialista basada en vestir de poder a los políticos y funcionarios para que sean ellos (y no los inversores, empresarios y consumidores) los iluminados desde sus despachos para determinar qué empresas, sectores e industrias deberían existir y ser receptoras de la ingente cantidad de gasto.

Finalmente, otra de las grandes patas del plan inicial de Varufakis consiste en rescatar a los bancos caso por caso. La propuesta, en este sentido, pasa por usar de nuevo el MEDE para que adquiera un paquete accionarial del banco en dificultades y pase a nombrar, junto con el BCE, un Consejo de Administración para gestionar la entidad, priorizando la protección de los depósitos, pero sin excluir la posibilidad de liquidar la entidad.

Tras dicha gestión, el MEDE podría vender sus acciones y tratar de recuperar el desembolso. Y todo ello, sin que los Estados tuvieran que asumir ningún tipo de deuda adicional por los rescates financieros. Es decir, que el coste del rescate financiero no recaiga exclusivamente sobre los contribuyentes griegos, sino sobre el conjunto de los contribuyentes europeos.

La propuesta original de Varufakis para solventar los problemas de Grecia consiste, por tanto, en que el resto de Europa se haga cargo de una parte de la deuda pública helena, exigir un gran plan de gasto e inversión pública financiado por el resto de europeos, así como compartir la factura de los rescates bancarios de Grecia con el resto de europeos. En resumen,dinero, dinero y más dinero…

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El capital riesgo comienza a revivir en España

(Artículo publicado en Libre Mercado.)

El cambio de modelo económico no es sólo una cantinela cacareada por nuestro políticos, también es un camino por la que debería transcurrir la economía española si quiere prescindir del ladrillo como “crecimiento” burbujístico.

La elevada bancarización de la economía española no es la respuesta para la necesaria creación de nuevas industrias y sectores. Se requieren inversiones que creen nueva actividad y, por tanto, que asuman un riesgo elevado que no debería ser asumido por los bancos sino por el ahorro y la inversión privada. Es el papel que debería asumir, en parte, el Capital Riesgo, pero sus volúmenes de inversión son todavía reducidos y muy lejos de los años previos a la crisis económica (especialmente en las primeras etapas de los proyectos empresariales).

Parece que 2014 será un mejor año para este sector, tanto en volúmenes de inversión, como en captación de nuevos fondos. No obstante, parte de esta mejoría de las cifras proviene de las inyecciones de capital del Gobierno que, aunque no es la peor política económica, sí supone distorsionar este importante sector y alejarlo de su versión más desarrollada de países como Reino Unido, Irlanda o Suiza (con mucha menor intervención) y desincentivar una dinámica sana.

Lenta mejoría esperanzadora

En 2013 el capital riesgo tocó fondo y comenzó a levantarse. Tanto es así que el volumen de inversión provenientes de este tipo de capital, de acuerdo con las cifras de ASCRI y webcapitalriesgo.com, supuso apenas la mitad de lo invertido en 2005 (donde se alcanzó el máximo), suponiendo una caída del 8% con respecto al año anterior. Cierto es que el 80% de esta cifra se consiguió en el segundo semestre del año, hecho que explica no sólo la fuerte caída en el primer semestre sino la mejoría en 2014. Así, en el primer semestre de este año el volumen de inversión ha crecido un 132%. El 90% fueron inversiones de menos de cinco millones de euros, y más del 70% de menos de un millón.

No obstante, el importante papel de este sector como motor de cambio del modelo económico español es apenas del 0.2% del PIB (unos 2.300 millones de euros, en 2013, aunque muy superior en 2014, si se confirma la tendencia). Esto supuso, en 2013, el 3,5% del total de la inversión de Capital Riesgo de Europa, muy lejos de Reino Unido, Alemania y Suiza (32,9%, 18,8% 10,6%) e incluso menos de la mitad que un país mucho más pequeño como Países Bajos (8,2%). Estamos tres países por debajo de la media europea:

Fuente: Asociación Europea de Capital Riesgo o EVCA.

Inversión por fases

Tradicionalmente, el capital riesgo se ha hecho más presente en las compras o buyouts de empresas (que desde 2010 tiene un fuerte peso, en torno al 60% por volumen de inversión). No obstante, durante la crisis, la inversión en etapas de crecimiento se ha hecho un hueco importante (sobre todo en 2008-2009) y según las perspectivas de ASCRI y webcapitalriesgo.com, en el primer semestre de 2014 el volumen de inversión en estas fases de crecimiento se ha incrementado un 45% hasta alcanzar el 41% de la inversión total, acaparando casi un 60% de las operaciones realizadas.

 

grafico

Fuente: Elaboración propia con datos de EVCA.

En cualquier caso, la inversión en las primeras etapas o venture capital (semilla, startup y últimas fases de emprendimiento) están lejos de los dos dígitos que se alcanzaron en 2008 y 2009. Estas no son inversiones de grandes importes por su propia naturaleza, pero su importe total está muy lejos de los países ya mencionados o incluso de Austria, Irlanda o Finlandia, situándose en el pelotón de cola. Además, parece que durante el primer semestre del año está experimentando cierta caída hasta el 2,4% del volumen total de inversión, según los datos de  con ASCRI/webcapitalriesgo.com. Quizá el sector se esté centrando en impulsar el crecimiento de inversiones pasadas.

Sectores

Por sectores, Informática, Productos y Servicios Industriales, Productos de Consumo o Biotecnología son los que tanto el año pasado como la primera mitad del actual están acaparando el mayor número de operaciones (destacando notablemente el primero). Por volumen de inversión, este año se está invirtiendo más en Productos de Consumo, Hostelería y Ocio, frente a Productos y Servicios Industriales o Servicios Financieros el año anterior.

Captación de fondos

Tras una crisis en la que se estaban agotando los recursos levantados con anterioridad, la captación de fondos para invertir (fundraising) a lo largo del primer semestre de este año ha crecido un 315%, superando los 2.134 millones de euros (en 2013 creció sólo un 11%), de acuerdo con los datos de ASCRI/webcapitalriesgo.com. Algo más de la mitad fueron captados por operadores nacionales privados, el 41% extranjeros, y el 5% por operadores nacionales públicos.

Estas son buenas noticias si tenemos en cuenta que durante la crisis, los países del Sur de Europa siguen estando a la cola en la captación de capital riesgo, muy al contrario que el Reino Unido e Irlanda:

Y aunque es cierto que el interés internacional ha vuelto, el notable cambio de tendencia se explica en una buena parte por el papel del Fond-ICO Global, que tiene intención de inyectar al Capital Riesgo español 1.200 millones de euros entre 2014 y 2017 en cerca de 40 gestoras (de momento se estima que ha inyectado casi 500 millones a 14 entidades). La intervención del Gobierno, también en esta industria, es común en el Sur de Europa (que suele rondar un 30%), en la que se prefiere desviar fondos públicos para este sector en lugar de liberalizar la economía. En España, la intervención estatal se ha hecho notar durante la crisis, especialmente en 2009 que pasó de un 2% a un 14%) y en 2012 y 2013, en donde se situó en un 27-26%.  Es un modelo totalmente diferente al seguido por los países con el Capital Riesgo más desarrollado (Reino Unido, Irlanda, Alemania o Suiza):

Por otra parte, el segundo tipo de inversor con mayor peso en 2013 en levantar capital fueron las personas, con un 15%, recuperando e incluso sobrepasando su peso de 2007. Los bancos ocupan el tercer lugar y han descendido acusadamente su participación durante la crisis: de un 44% en 2009 a un 13% en 2013. Los inmediatos seguidores son los fondos de pensiones, de inversión y family offices.

Positivo incremento de las desinversiones

En cuanto a las desinversiones, una parte fundamental para recuperar el capital (más ganancias) que permitirá reiniciar el ciclo, el primer semestre de 2014  experimentó el doble de volumen de desinversión que en el mismo periodo de 2013. La mitad de las operaciones fueron “Venta a tercero”, un tercio “Venta en Bolsa” y casi un 10% “Venta a otra entidad de Capital Riesgo”.

 

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¿Hacia dónde apuntará el ‘bazuca’ de Draghi?

En su última rueda de prensa, Mario Draghi constató la comodidad del Consejo de Gobierno del BCE ante la posibilidad de adoptar en junio nuevas medidas de política monetaria no convencional (compra masiva de activos). Las últimas informaciones hablan de que la institución monetaria podría inyectar al sistema hasta 200.000 millones de euros, aunque también cabría la posibilidad de que todo quedara en meras declaraciones. ¿Actuará finalmente? Y, en tal caso, ¿qué medidas podría adoptar?

De todas las opciones que se han barajado queda la impresión de que el BCE no espera que los estados liberalicen la economía y podría aprovechar la baja inflación para depreciar el euro y fomentar las exportaciones, una recuperación basada en quitar valor a la moneda de los ciudadanos en lugar de ofrecer valor y productividad.

El caldo de cultivo previo

La justificación para emplear este tipo de medidas sería la de no “resignarse a mantener una tasa de inflación demasiado baja durante demasiado tiempo”, según aclaró el propio Draghi en rueda de prensa, cayendo, sin embargo, en una contradicción con el propio comunicado del banco central, ya que el organismo considera que los riesgos de inflación están “equilibrados en líneas generales”.

En este sentido, las previsiones de inflación para 2014 y 2015 son claramente inferiores al 2% (objetivo de límite máximo del BCE, según estatutos). Pero, en cualquier caso, aunque sean los niveles más bajos en 25 años, no es un supuesto de deflación, sino de escasa inflación (0,7% último dato de abril).

Probablemente, haya otros hechos que estén pesando más en el Consejo de Gobierno de la institución monetaria: un lento y débil ritmo de salida de la crisis (que no se espera que cambie sobremanera), un euro que se mantendrá fuerte según las previsiones, y el hecho de que las medidas de expansión del balance tomadas hace un par de años por el BCE se estén revirtiendo porque las entidades financieras estándevolviendo la financiación prestada, al contrario de lo que ocurre con la Reserva Federal o el Banco de Inglaterra, entre otros (en el gráfico, la evolución del balance de estos dos bancos y del BCE, respectivamente).

Por tanto, aprovechando este escenario, lo que pretende el BCE sería, fundamentalmente, reactivar la economía (algo que, por cierto, no es objetivo del banco) buscando la depreciación del euro y, así, fomentar las exportaciones (tampoco el tipo de cambio está entre los objetivos del banco central, aunque políticos que ahora se presentan a las elecciones como el de centro derecha Jean Claude Juncker propongan incluirlo entre sus cometidos).

Es decir, dado que no espera que los estados liberalicen la economía, aprovecha la baja inflación para tratar de depreciar la moneda. Pero,¿qué medidas podría adoptar?

1. Rebaja del interés y tipos negativos

Parece que esta opción sería la más probable. Las últimas informaciones hablan de un recorte de los tipos de refinanciación y de depósito del BCE de entre 10 y 15 puntos básicos.

Esto significaría que a los bancos les costaría menos financiarse en el BCE y, al mismo tiempo, les costaría dinero mantener reservas en la institución monetaria (por primera vez habría tipos negativos). El objetivo de ambas medidas sería fomentar que el dinero salga del circuito interno bancario hacia la economía real.

Sin embargo, se estaría perjudicando a aquellos bancos que quieren mantener su liquidez en el BCE para mantener sus balances más saneados. Si los bancos no prestan a la economía real no es por inquina o animadversión, sino por la falta de solvencia de la demanda de crédito y la de los propios bancos. Entorpecer la recuperación de la solvencia de ambas partes alarga la crisis.

Por el contrario, se beneficiaría a aquellos prestamistas netos (especialmente bancos periféricos y franceses) e, indirectamente, a los gobiernos cuya deuda compran (gobiernos que no aprovechan estas facilidades para reducir el gasto y los impuestos, medidas que mejorarían la solvencia de la economía real).

Con todo, algunos analistas recuerdan que cuando los tipos negativos se han aplicado en otros países han solido ser más efectivos comomecanismos para depreciar la moneda que como una manera de estimular el crédito al sector real.

2. Préstamos a empresas

Otra posibilidad que se baraja es que el BCE empiece a financiar a las pymes. Sin embargo, no está del todo claro cómo se realizaría, si como lo hace Reino Unido, con financiación a los bancos para que éstos presten (el Funding for Lending Scheme), o mediante préstamos directos a las empresas.

Como han señalado algunos analistas, para que una política monetaria expansiva fuera sana debería estar destinada a que las empresas, mientras están reestructurándose, puedan afrontar sus restricciones momentáneas de liquidez. Una manera es la de financiar crédito comercial (a corto plazo) y de calidad con tipos de interés superiores a los del mercado. Es decir, tener una línea de liquidez ilimitada, pero que cueste más que el mercado y que sea deuda a corto plazo y de calidad (que se repague pasado ese corto plazo).

El cómo se acerquen finalmente las medidas que aplicará el BCE a esta manera de proveer liquidez a las empresas es lo que determinaría su utilidad y conveniencia. Cuanto más a largo plazo fueran los préstamos concedidos las empresas, más riesgo asumiría el banco central y mayor sería la distorsión (insolvencia e inestabilidad) en su balance y en el de los demás agentes del sistema. Además, a través de quién se otorguen los préstamos también influiría en el riesgo asumido.

3. Comprar acciones

Otra posibilidad sería que el BCE adquiera acciones de las empresaseuropeas. Con esto se elevaría la financiación de estas empresas, que podrían realizar nuevos proyectos de inversión. Al mismo tiempo, el incremento del valor de estas acciones beneficiaría los balances de aquellos bancos que posean estos títulos.

Son medidas que se implementaron en 1998 en Hong Kong o, actualmente, en Suiza, cuyo banco central destina el 10% de su balance a la compra de acciones.

Sin embargo, este tipo de medidas tienen riesgos obvios para el BCE, más allá de cómo se seleccionarían las empresas y a través de quién. Además, los efectos no serían tan directos sobre las pymes (que se supone que es una de las principales preocupaciones del banco), pues, probablemente, serían acciones de grandes empresas, aunque sí se beneficiarían de manera indirecta (las grandes empresas tiran de las pequeñas).

4. Compra de deuda pública a largo plazo

Si la autoridad monetaria hiciera efectiva la amenaza de comprar sin límite deuda pública, la OMT (Outright Monetary Transactions, cuya legalidad está pendiente de decisión por parte del Tribunal de Justicia de la Unión Europea), una posibilidad (eso sí, muy baja) sería la implementada por la Reserva Federal: comprar deuda pública a largo plazo.

Incluso algunos han propuesto que, en lugar de comprar deuda pública europea se comprara deuda pública de Estados Unidos (así se evitarían los problemas legales de este tipo de compras y se conseguiría la depreciación del euro).

Sin embargo, el Banco Internacional de Pagos ha publicado diversos trabajos en los que alerta de las grandes distorsiones que esto está creando y las dificultades de salir de este tipo de políticas de compra de deuda pública a largo, como están experimentando la Reserva Federal o el Banco de Inglaterra, y de cómo la crisis se está alargando por estas medidas.

Algunas de las adversas consecuencias de este tipo de políticas son la distorsión insostenible de la curva de tipos de interés (rendimiento de los activos según los plazos). Por ejemplo, modificando los rendimientos de la deuda soberana a más largo plazo, lo que, a su vez, provoca reasignaciones de las inversiones internacionales en este tipo de activos, influyendo no sólo en sus precios (y en los balances de los agentes que los poseen, los bancos, por ejemplo), sino también en los tipos de cambio.

De seguir por este camino, además, se estaría incrementando lainterdependencia entre bancos centrales y estados, puesto que su separación ya ni siquiera sería oficial: la política monetaria y fiscal estarían obligadas a coordinarse y la una sería determinante sobre la otra, y viceversa.

5. Compra de deuda a corto y medio plazo

Otra posibilidad es la compra de deuda pública a 3 años o menos, algo que también se ha propuesto por parte de diversos analistas. Esto seríamenos dañino para el balance del BCE que el anterior y minoraría los problemas de salida. Sería una manera de comprar tiempo para que los estados hicieran las reformas estructurales (liberalizaciones) que son las que realmente incentivarán el crecimiento económico.

Es entonces cuando surge una pregunta. ¿Por qué el BCE va a comprar tiempo si los estados (entre ellos España) no están liberalizando sus mercados? La respuesta sería similar al por qué del rescate del BCE en 2012: la reiterada esperanza en que economía crezca y ello salvara la papeleta a los estados.

Eso sí, puede que el BCE no esterilice la compra de deuda pública(es decir, que retire de la circulación las misma cantidad de dinero que se inyecta al mercado con la compra de bonos), y así intente depreciar el euro para aumentar las exportaciones -su gran objetivo, en última instancia-.

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Las empresas retrasaron aún más el pago a sus proveedores en 2012

(Artículo publicado en Libre Mercado.)

 

A lo largo de la crisis, las restricciones financieras han impuesto la necesidad de que las empresas alarguen los pagos en las transacciones que realizan entre ellas. Especialmente en 2009 y los años sucesivos ha sido habitual no sólo una estrepitosa caída de las ventas sino que las que lograban realizarse tardaran mucho en pagarse, o no se pagaran. La media de días de mora se ha incrementado en el último año, en las grandes y micro empresas, y en aquellas ubicadas especialmente en el sur de España.

El problema es que el plazo de pago también es un componente comercial importante a la hora de diferenciarse de la competencia. Y que se alargue el pago por la debilidad financiera de los compradores dificulta que los vendedores puedan usarlo en su camino hacia la internacionalización, ofreciendo facilidades de pago a sus clientes del exterior.

Días de mora

A este respecto, la Cátedra de Cash Management del Instituto de Empresa (IE) ha calculado recientemente los días de mora en las transacciones entre empresas. Los resultados muestran los golpes a la liquidez que soportan las empresas, haciendo que el plazo de pago no descienda de los noventa días, salvo en 2011, y se incremente durante el año pasado, reflejando el empeoramiento de la crisis en 2012..

Todo ello, tristemente, contradice la pretensión de los gobiernos que han querido fijar el número máximo de días de pago en 60 días (incluso en 30 en algunos productos), como si pudieran imponer una realidad económica a golpe de diktat. Además, las estimaciones que se tienen para 2013 y las previsiones para 2014 no apuntan a que cambie este panorama.

Grandes y microempresas, las que más tardan

El tamaño de las empresas influye también en el número de días en las que se realizan los pagos a los proveedores después de adquirir la mercancía:

La gran empresa es la que más retrasa sus pagos. Es decir, logra financiar su actividad hasta con 24 días adicionales. Lo contrario que las pequeñas empresas, que están seis días por debajo de la media nacional. Pero el tamaño no es definitivo, pues la micro empresa, más por razones de sus duras condiciones de vida que por importancia o poder de negociación, es la segunda que más tarda en pagar. Una tendencia que se incrementó el año pasado.

Empeoramiento

Todos los sectores analizados empeoraron en 2012 con respecto al año anterior, especialmente la construcción, en el que el retraso en el pago de las facturas se incrementó casi un 8%. Tanto la industria como el comercio empeoraron casi un 5% mientras que la agricultura se mantuvo casi igual.

Por regiones: división norte-sur

Finalmente, la ubicación de la empresa también juega un papel destacado. Una empresa situada en Andalucía tarda, por término medio,más de un mes en pagar que una situada en Navarra. Una muestra más del tejido productivo y la cultura empresarial en el que están inmersas las empresas en función de su localización geográfica.

En todas las comunidades empeoró el plazo de pago a proveedores, a excepción del País Vasco, en el que se mantiene estable. Se aprecia una división entre el norte y el sur de España. Si bien sorprende la posición de la Comunidad de Madrid, que está entre las áreas geográficas en las que más se tarda en pagar, e igualmente la Comunidad de Valencia, que, a pesar de tener un gran peso de la construcción, parece que el resto de sectores contrarresten este efecto y la sitúen por debajo la media nacional.

En opinión de los investigadores del IE, aquellas comunidades con un fuerte peso del tejido empresarial, como Cataluña, Valencia o País Vasco han logrado mantener el plazo de pago. Navarra, con un sistema productivo muy maduro, capitalizado y orientado a la exportación presenta los plazos más reducidos.

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Bruselas echa por tierra la política fiscal de Montoro

(Artículo publicado en Libre Mercado.)

 

La Comisión Europea ha publicado un nuevo estudio que reaviva el debate que ya inició en su día el Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre los multiplicadores fiscales, es decir, el impacto que tienen los recortes de gasto y las subidas de impuestos sobre el PIB. El citado informe ha causado cierto revuelo porque trata de medir los efectos negativos que ha provocado la tan denostada austeridad presupuestaria en los países de la zona euro, especialmente en los periféricos, y el grado de responsabilidad que tiene Alemania en este ámbito.

Como era de esperar, esta investigación ha sido rápidamente usada por los críticos de la austeridad y por quienes abogan por políticas de mayor gasto público e intervención gubernamental (keynesianos). Curiosamente, el Tesoro de EEUU también acaba de lanzar duras críticas a las políticas de Angela Merkel, acusándola de dificultar la recuperación del sur de Europa debido a su obsesión por controlar el déficit y la deuda pública.

Sin embargo, el análisis en detalle de dicho estudio muestra unas conclusiones muy diferentes a las que se han tratado de difundir, ya que demuestra que es el modo en que se aplica la austeridad, no la austeridad en sí misma, lo que está lastrando la recuperación de la zona euro. Y, en concreto, lo que está dificultando la salida del túnel son, muy especialmente, las subidas de impuestos y el retraso en la aplicación de planes de consolidación fiscal creíbles, capaces de modificar al alza las negras expectativas de los agentes económicos.

Subir impuestos es muy negativo

Así, de acuerdo con el trabajo publicado por la Comisión Europea, recortar el gasto público tendría un efecto más positivo en el PIB que basar los ajustes en la subida de impuestos. Tal y como se observa en el siguiente gráfico, reducir el gasto público (línea verde) supone una caída del PIB más intensa, pero también mucho más corta en el tiempo. De este modo, la austeridad basada en drásticos recortes para eliminar el déficit permite salir antes y con más fuerza de la recesión, alcanzando mayores tasas de crecimiento a medio y largo plazo. Por el contrario, si únicamente se opta por subir los impuestos (línea roja) no se decrecería tanto al principio, pero el problema es que las dificultades económicas se prolongan. Es decir, la crisis se alarga.

El informe de Bruselas también pone de manifiesto que combinar ambos tipos de políticas (línea azul), que es, precisamente, lo que han venido haciendo los Gobiernos de Rajoy y Zapatero, implicaría alargar más la recesión y, tras salir de ella, tener un minúsculo crecimiento. Efectivamente, PSOE y PP han apostado, básicamente, por disparar los impuestos al tiempo que contenían algunas partidas presupuestarias para tratar de reducir el déficit.

Sin embargo, tras casi seis años de crisis, los datos demuestran que el gasto público sigue superando los niveles de burbuja, mientras que los contribuyentes españoles soportan una de las fiscalidades más agresivas y confiscatorias del mundo desarrollado. Asimismo, el PIB español ha sufrido una doble recesión, dibujando así una crisis en forma de W que, debido al exiguo crecimiento registrado, pinta más bien una figura en forma de L -caída desde máximos y, después, prolongado estancamiento-.

Dicho de otro modo, según Bruselas, España ha optado por el peor ajuste fiscal posible (muchos impuestos y escaso recorte de gasto), en lugar de imitar el exitoso modelo aplicado por los países bálticos, centrado en reducir, casi exclusivamente, el tamaño del Estado.

El ajuste fiscal menos efectivo

De igual modo, los expertos de la Comisión ponen de manifiesto que el impacto de los ajustes sobre el crecimiento económico depende, en gran medida, de la composición de éstos. El trabajo estudia una variedad de medidas presupuestarias, tanto reducciones de gasto como incremento de impuestos, cuyos resultados -se asume- serían utilizados para disminuir la deuda pública en 20 puntos porcentuales y, consecuentemente, los gastos en intereses, hecho que permitiría reducir los impuestos al trabajo a medio plazo.

Aunque hay muchas cautelas que cabría argüir respecto a esta metodología y asunciones, el citado infoeme ofrece resultados concretos, como que la reducción del consumo público no sería negativa a largo plazo para la economía. Igualmente, una reducción de los impuestos al trabajo (IRPF y cotizaciones a la Seguridad Social) impulsaría el crecimiento del PIB a medio y largo plazo. Si a esta disminución se le añadiese una reducción de las transferencias a las familias, también se obtendrían efectos positivos a medio y largo plazo en el PIB.

Por el contrario, recortar la inversión pública (que el autor asume que es productiva, aunque esto podría matizarse mucho) sería contraproducente, tanto a corto como a largo plazo. Este punto supondría, por tanto, un nuevo palo a la política fiscal española, ya que los escasos recortes del Gobierno se han centrado, sobre todo, en reducir inversión pública.

Por otro lado, incrementos en los impuestos sobre el consumo (IVA), sobre el trabajo (IRPF y cotizaciones) y sobre Sociedades tendrían un impacto negativo. Sólo si los efectos de estas subidas permitieran la mencionada reducción de la deuda pública y la consiguiente reducción de impuestos al trabajo (IRPF y SS), entonces, exclusivamente la subida del Impuesto sobre Sociedades tendría efectos negativos a largo plazo. Nuevamente, jarro de agua fría para Montoro, ya que éste ha optado por subir todos los impuestos, especialmente Sociedades -eliminando deducciones-.

Teniendo en cuenta estos resultados, el Gobierno del PP habría optado por un gran número de ajustes contraproducentes. Sobre todo, por subir impuestos (especialmente sobre el trabajo, IRPF y cotizaciones) y no bajar lo suficiente el gasto, hecho que no sólo no ha reducido la deuda sino que la ha disparado -rondará el 100% el PIB en 2014-. Y el problema es que este mayor endeudamiento, sumado a los elevados déficits, no permitirán una futura rebaja de los impuestos al trabajo. En primer lugar, porque la Seguridad Social es deficitaria y gran parte de sus ingresos proviene de la fiscalidad al trabajo (cotizaciones), y, en segundo lugar, porque dicha recaudación no se podrá reducir ni sustituir por otra al no haberse reducido suficientemente el gasto público.

Todo ello significa que la estrategia de consolidación fiscal aplicada por Rajoy -y antes por Zapatero-, basada en subir impuestos y reducir de forma sustancial la inversión pública, tendrá efectos negativos sobre la economía española a medio y largo plazo, según dichas conclusiones. Esto vendría a coincidir con las negras previsiones elaboradas por el FMI sobre España, al dibujar una recuperación lenta y frágil a lo largo de la presente década, con tasas de crecimiento bajas y una tasa de paro muy elevada en los próximos años.

La peor planificación posible

Por último, el informe de Bruselas concluye que cuanto más creíbles sean los ajustes más posibilidades habrá de que los agentes confíen en que el aumento de la deuda pública y de los impuestos se revierta. Y cuanto más pronto se obtenga esa credibilidad y confianza (mayor anticipación), más se reducirá el impacto negativo de los ajustes.

Esto explica el por qué, durante los primeros meses del nuevo Gobierno del PP, muchas voces exigieran a Rajoy la aprobación inmediata de ajustes fiscales drásticos, en lugar de retrasar o ralentizar las medidas presupuestarias y las reformas estructurales tendentes a recortar el gasto de forma sustancial. Además, la aprobación de medidas que los agentes no esperaban, por no estar en el programa electoral (subida de impuestos) o por incumplir directamente sus promesas hechas ya en el gobierno (la subida del IVA), también habrían mermado la credibilidad de la política económica del PP.

Por el contrario, según se desprende del documento, cuando las medidas de consolidación no son creíbles y se estima que no sean permanentes (como sucede ahora, donde el déficit de 2013 será igual o mayor que en 2012, sin contar ayudas a la banca), los efectos positivos de los ajustes tardarán más en aflorar.

Precisamente, la mayoría de gobiernos europeos han optado por aplicar los planes de consolidación más perjudiciales para el crecimiento, según el autor del informe, ya que tales ajustes no logran crear expectativas creíbles en los agentes sobre la futura reducción de la deuda pública y la consiguiente bajada de impuestos a medio plazo. Y, por desgracia, España también destaca en este ámbito. Rajoy ha optado por mantener un Estado sobredimensionado, elevando la deuda pública hasta casi 100% del PIB, todo lo cual hace difícil pensar en una próxima bajada de impuestos, más bien al contrario -las subidas aplicadas en los últimos años se consolidarán-. En este sentido, el Gobierno ya está trabajando en la reforma fiscal que pretende aprobar en 2014, pero su principal objetivo no es reducir la recaudación sino elevarla con el fin de sostener el actual nivel de gasto público, en máximos históricos.

En resumen, según Bruselas, España habría optado por el peor programa de austeridad posible (línea azul en el gráfico de abajo, “gradual learning scenario”), por ser el que más contrae el PIB, más retrasa la salida de la crisis y, por si fuera poco, menos crecimiento obtiene a medio y largo plazo.

Por el contrario, de haberse adoptado un plan centrado en recortar gasto, con una hoja de ruta transparente y rápida (línea verde, “fully anticipated scenario”), aunque dichas medidas no fueran del todo anticipadas por los agentes sino sucesivas (línea roja, “succesive credibility scenario”), el resultado de las cuentas públicas y de las expectativas económicas habrían mejorado de forma sustancial. La crisis habría durado menos (en forma de V) y el crecimiento posterior sería mayor, tal y como muestran los datos de la Comisión.

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Los cuatro grandes problemas de la industria española

(Artículo publicado en Libre Mercado.)

 

La crisis económica ha golpeado especialmente a la industria española. Y para su recuperación, no solo de la industria sino de la economía en la que está inserta, es imprescindible su orientación al exterior y, por ello, su competitividad.

Desgraciadamente, nos queda un largo camino por recorrer, puesto que contamos con una industria, en comparación con la europea, con una baja productividad, con muchas micropymes, con elevados costes energéticos, y una menor inversión en I+D y en bienes de capital. Algunos informes hablan de que la mejora en la competitividad de la industria española podría generar un incremento de entre el 2% y el 3% del PIB.

Escasa productividad

El coste salarial en España se sitúa por debajo de la media de la UE, especialmente en la industria química y equipo eléctrico y óptico. La industria farmacéutica y material de transporte es donde menores diferencias existen.

La remuneración por asalariado en el sector industrial español ha crecido a tasas medias del 3% entre 2000 y 2011, de acuerdo con los datos suministrados por el Ministerio de Industria. Para el periodo 2010-2011 (últimos años con datos), la tendencia sigue siendo mayoritariamente positiva (6,5% en la metalurgia, por ejemplo) y tan sólo en 5 de los 21 sectores considerados se han reducido: cuero (-2,4%), bebidas (-1,1%), química y farmacéutica (-0,9%) y material ferroviario y tabaco (ambos -0,7%).

La productividad ha crecido desde el año 2000 en todos los sectores, especialmente en material ferroviario, alimentación, calzado y construcción naval. No obstante, entre 2010 y 2011, se deterioró en casi la mitad de los sectores industriales considerados. Decreció en construcción naval (-25,3%), la electrónica y TIC (-6,6%) y maquinaria eléctrica (-14,8%). Y creció, especialmente, en construcción aeronáutica (+19,4%), vehículos de motor (+5,1%) y alimentación (+4,5%).

Con todo, estamos un 34,1% por debajo de la UE15 (excluyendo construcción), sobre todo en la industria farmacéutica (una de las más importantes en nuestro país). La industria química, la farmacéutica (la que más) y el equipo electrónico y óptico (sectores en los que España es poco competitiva) es donde hay mayor déficit de productividad respecto a la UE15. Únicamente somos algo más productivos en la industria de material ferroviario.

Costes energéticos muy superiores

Los costes energéticos españoles son elevados y superiores a la media de la UE15, especialmente en madera y corcho, caucho y materias plásticas y bebidas y tabaco. Tan solo metalurgia, textil, confección y calzado disfrutan de costes menores.

En general, los costes energéticos no es la principal partida de gasto en la cuenta de resultados industrial. Sin embargo, su coste es tan elevado que las empresas tienen que buscar fuentes de energía más baratas, invertir para la mejora de procesos y renovación de maquinaria y equipos para mejorar la eficiencia energética, y ajustar sus patrones de consumo para hacerlos coincidir con los momentos de menores precios energéticos. Algo que, en ocasiones, también se considera un coste asociado que malgasta recursos que no se hubieran empleado de no ser la energía tan cara o que, como mínimo, distorsiona el normal desarrollo de la actividad.

Menor inversión en I+D

Donde más se invierte es en el sector farmacéutico y en el de material de transporte (superan el 4% del valor de producción), seguido de equipo eléctrico/electrónico/óptico (casi el 2%). En el que menos, el sector de papel y artes gráficas, madera y corcho y bebidas y tabaco.

Sin embargo, la industria española, en general, realiza una inversión en I+D del 0,84% del valor de producción, frente a casi el doble de la media UE15 (1,5%). Únicamente el sector de material de transporte, donde la industria española presenta mejores indicadores, es donde este tipo de inversión es superior al promedio europeo. En todos los demás, el porcentaje es menor, especialmente en el poco competitivo sector de equipo eléctrico/electrónico/óptico (con una diferencia de hasta 3 puntos porcentuales).

Es decir, que en los sectores donde más se invierte todavía debería invertirse más (de acuerdo a los niveles mostrados por nuestros pares europeos), especialmente en el de equipo eléctrico y óptico, mientras que en los que menos se invierte, no hay mucha diferencia.

Inversión en capital decreciente

Entre 2000 y 2011, la inversión en capital como porcentaje del valor añadido se ha mantenido igual o ha decrecido en los sectores industriales españoles. Tomando el porcentaje de inversión respecto al valor de la producción, en la mayoría de sectores considerados se invierte menos que en las industrias de la UE15. Tan sólo en la industria farmacéutica, material de transporte, alimentación, bebidas, tabaco, papel y artes gráficas se invierte más.

Aunque, en términos generales, el nivel tecnológico de las plantas españolas son modernas y eficientes, la escasa inversión a medio o largo plazo podrían determinar lo contrario. Sobre todo, en el caso de las Pymes (por su peor acceso al crédito), pero también para las empresas exportadoras o filiales de las multinacionales, cuyos proveedores suelen ser las propias Pymes.

Acceso a la materia prima ¿’comoditizada’?

El poder adquirir la materia prima como commodities en mercados internacionales supone evitar que este coste sea muy diferente al de los competidores europeos. Esto es clave porque las materias primas son el principal coste de la cuenta de resultados de la industria. En sectores como el alimentario o el del metal, sin embargo, su aprovisionamiento se produce a nivel local, por lo que son sus suministradores los determinantes de que las empresas sean o no competitivas.

El aprovechamiento de las materias primas también es clave para ganar competitividad. Y para esto es necesaria una maquinaria adecuada (y moderna), lo mismo que para reciclar parte de los productos terminados, algo que abarataría este importante coste.

El pequeño tamaño de la empresa española

Somos un país de microempresas, y ello conlleva numerosos problemas de competitividad, como la insuficiente capacidad productiva y operativa para soportar una inversión en bienes de capital elevada o el aprovechamiento de las economías de escala, el acceso al crédito, las actividades I+D, etc.

La mayor diferencia de tamaño se da, paradójicamente, en donde las empresas españolas son más grandes -farmacéutica, química y metalurgia- y algo menos en la alimentación y vehículos a motor. Es decir, que nuestras empresas más grandes (en términos de empleados) todavía deberían serlo más si tomamos como parámetro a sus pares europeos de la UE15.

La solución podría pasar por la internacionalización, sobre todo en las empresas más medianas que tienen un cierto nivel de consolidación de su negocio en el país. Pero, concretando en nuestros sectores industriales más importantes, observamos que a nuestra menor productividad hay que añadirle, además, que las empresas son mucho más pequeñas en comparación con la UE15 (en términos de empleados). Es decir, que nuestras empresas, en nuestros sectores más importantes, tienen muchos menos empleados y, además, son menos productivas.

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La automoción lidera el aumento de la productividad industrial

El sector industrial español ha sufrido un fuerte revés en lo que va de crisis. No obstante, no todas las ramas de actividad de la industria se han comportando de igual manera. ¿Cuáles son los sectores que más se han recuperado? ¿En dónde son más productivos los trabajadores? ¿Y el tamaño de las empresas, en qué industrias están agrandándose y en cuáles se están reduciendo? Quizá contestar a estas preguntas nos ofrezca una aproximación de por dónde se está reestructurando nuestro sector industrial, que aporta alrededor del 14% al PIB español.

¿Qué sectores se recuperan?

Una manera de verlo es la producción por ramas de actividad en 2012 tomando como base la producción de 2005. De este modo, de acuerdo con los datos ofrecidos por el Ministerio de Industria, encontramos que la industria farmacéutica está al 139,6%, la química al 100,5% y la alimentación al 98,6%, seguidos de coquería y refino de petróleo 97,6%.

Se da la feliz circunstancia de que las tres primeras ramas de actividad que más se han recuperado de la crisis (especialmente del 2009, el año más dañino en términos industriales) son los que aportan casi el 30% de toda la industria (en términos de valor añadido). Esto quiere decir que de no haberse recuperado mejor que la media de sectores industriales (que están en un 75% de la producción de 2005) la economía habría decrecido mucho más y nos encontraríamos en una situación mucho peor.

¿Y los que no levantan cabeza?

Los que menos se están recuperando son el sector el de madera y corcho, muebles, prendas de vestir, productos informáticos/electrónicos y ópticos. En algunos casos se explica por la propia corrección de la burbuja (caso de los muebles) y en otros, por la falta de competitividad.

¿Dónde crece más la productividad?

Los sectores que suponen el 40% de la industria en términos de valor añadido -la alimentación, la industria farmacéutica y química y la de fabricación de productos metálicos (excepto maquinaria)- son menos productivos por empleado que sus pares en la UE15. Especialmente la industria farmacéutica europea, que cuenta con el doble de productividad por empleado que la española. No obstante, es de resaltar que entre 2010 y 2011 la productividad por empleado en estos importantes sectores ha crecido a un ritmo superior al mantenido desde el 2000.

Mención especial tiene el sector vehículos de motor, que es casi el 9% de la industria, donde la productividad por empleado ha crecido en esos dos últimos años a más del doble del ritmo mantenido desde el 2000. Es el sector donde más ha crecido la productividad en estos dos últimos años y, quizá por ello se entiende las últimas inversiones de unos 7.000 millones de euros de las multinacionales del sector.

¿Cómo evoluciona el tamaño de las empresas?

España es un país de pymes y micropymes. Sin embargo, la evolución que han experimentado nuestras empresas varía en función del sector en el que se encuentren. Así, las empresas que entre el 2010-2011 están creciendo en tamaño (en términos de empleados) a un ritmo muchísimo mayor al mantenido entre 2000-2011 son las del sector del cuero (un 12% en 2010-2011 frente al 0,8% en 2000-2011), vehículos de motor (11,5%, -0,1%) y del calzado (9,5%, 0,2%). No por casualidad son industrias altamente orientadas al exterior.

El crecimiento del tamaño de las empresas de nuestros sectores industriales más importantes (alimentación, farmacéutica, química) siguen una evolución similar en los últimos años (2010-2011) que desde el 2000.

Las empresas en donde más se está acentuando la disminución de su tamaño en los últimos años con datos (2010-2011) son los sectores del tabaco, material ferroviario, madera, muebles y corcho, y electrónica y TIC. La única en la que podría entenderse una cierta disminución es en el de material ferroviario, donde el tamaño suele ser similar al tamaño en la UE15.

¿Dónde hay mayor intensidad inversora?

Entre 2000 y 2011, en todos los sectores industriales se redujo la inversión en maquinaria y equipo con respecto al valor añadido generado. Donde más se ha reducido, en el sector del material ferroviario (-9,7%), el calzado (-9,2%), madera, muebles y corcho (-8%), fabricación de productos metálicos (7,5%), textil, confección y maquinaria y equipo mecánico (algo más del -6%).

Sin embargo, según los datos más recientes, entre 2010 y 2011 hubo una fuerte intensidad inversora en la electrónica y TIC (73,8%), el tabaco (60,7%), maquinaria eléctrica, caucho y materias plásticas. Estos son sectores donde más se está reduciendo el tamaño de las empresas en términos de empleados (sobre todo las dos primeras) y en donde, a priori, se estaría produciendo una sustitución entre mano de obra y maquinaria, al estar cayendo fuertemente la productividad por empleado.

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