Archivo de la etiqueta: Estructura productiva

El capital riesgo comienza a revivir en España

(Artículo publicado en Libre Mercado.)

El cambio de modelo económico no es sólo una cantinela cacareada por nuestro políticos, también es un camino por la que debería transcurrir la economía española si quiere prescindir del ladrillo como “crecimiento” burbujístico.

La elevada bancarización de la economía española no es la respuesta para la necesaria creación de nuevas industrias y sectores. Se requieren inversiones que creen nueva actividad y, por tanto, que asuman un riesgo elevado que no debería ser asumido por los bancos sino por el ahorro y la inversión privada. Es el papel que debería asumir, en parte, el Capital Riesgo, pero sus volúmenes de inversión son todavía reducidos y muy lejos de los años previos a la crisis económica (especialmente en las primeras etapas de los proyectos empresariales).

Parece que 2014 será un mejor año para este sector, tanto en volúmenes de inversión, como en captación de nuevos fondos. No obstante, parte de esta mejoría de las cifras proviene de las inyecciones de capital del Gobierno que, aunque no es la peor política económica, sí supone distorsionar este importante sector y alejarlo de su versión más desarrollada de países como Reino Unido, Irlanda o Suiza (con mucha menor intervención) y desincentivar una dinámica sana.

Lenta mejoría esperanzadora

En 2013 el capital riesgo tocó fondo y comenzó a levantarse. Tanto es así que el volumen de inversión provenientes de este tipo de capital, de acuerdo con las cifras de ASCRI y webcapitalriesgo.com, supuso apenas la mitad de lo invertido en 2005 (donde se alcanzó el máximo), suponiendo una caída del 8% con respecto al año anterior. Cierto es que el 80% de esta cifra se consiguió en el segundo semestre del año, hecho que explica no sólo la fuerte caída en el primer semestre sino la mejoría en 2014. Así, en el primer semestre de este año el volumen de inversión ha crecido un 132%. El 90% fueron inversiones de menos de cinco millones de euros, y más del 70% de menos de un millón.

No obstante, el importante papel de este sector como motor de cambio del modelo económico español es apenas del 0.2% del PIB (unos 2.300 millones de euros, en 2013, aunque muy superior en 2014, si se confirma la tendencia). Esto supuso, en 2013, el 3,5% del total de la inversión de Capital Riesgo de Europa, muy lejos de Reino Unido, Alemania y Suiza (32,9%, 18,8% 10,6%) e incluso menos de la mitad que un país mucho más pequeño como Países Bajos (8,2%). Estamos tres países por debajo de la media europea:

Fuente: Asociación Europea de Capital Riesgo o EVCA.

Inversión por fases

Tradicionalmente, el capital riesgo se ha hecho más presente en las compras o buyouts de empresas (que desde 2010 tiene un fuerte peso, en torno al 60% por volumen de inversión). No obstante, durante la crisis, la inversión en etapas de crecimiento se ha hecho un hueco importante (sobre todo en 2008-2009) y según las perspectivas de ASCRI y webcapitalriesgo.com, en el primer semestre de 2014 el volumen de inversión en estas fases de crecimiento se ha incrementado un 45% hasta alcanzar el 41% de la inversión total, acaparando casi un 60% de las operaciones realizadas.

 

grafico

Fuente: Elaboración propia con datos de EVCA.

En cualquier caso, la inversión en las primeras etapas o venture capital (semilla, startup y últimas fases de emprendimiento) están lejos de los dos dígitos que se alcanzaron en 2008 y 2009. Estas no son inversiones de grandes importes por su propia naturaleza, pero su importe total está muy lejos de los países ya mencionados o incluso de Austria, Irlanda o Finlandia, situándose en el pelotón de cola. Además, parece que durante el primer semestre del año está experimentando cierta caída hasta el 2,4% del volumen total de inversión, según los datos de  con ASCRI/webcapitalriesgo.com. Quizá el sector se esté centrando en impulsar el crecimiento de inversiones pasadas.

Sectores

Por sectores, Informática, Productos y Servicios Industriales, Productos de Consumo o Biotecnología son los que tanto el año pasado como la primera mitad del actual están acaparando el mayor número de operaciones (destacando notablemente el primero). Por volumen de inversión, este año se está invirtiendo más en Productos de Consumo, Hostelería y Ocio, frente a Productos y Servicios Industriales o Servicios Financieros el año anterior.

Captación de fondos

Tras una crisis en la que se estaban agotando los recursos levantados con anterioridad, la captación de fondos para invertir (fundraising) a lo largo del primer semestre de este año ha crecido un 315%, superando los 2.134 millones de euros (en 2013 creció sólo un 11%), de acuerdo con los datos de ASCRI/webcapitalriesgo.com. Algo más de la mitad fueron captados por operadores nacionales privados, el 41% extranjeros, y el 5% por operadores nacionales públicos.

Estas son buenas noticias si tenemos en cuenta que durante la crisis, los países del Sur de Europa siguen estando a la cola en la captación de capital riesgo, muy al contrario que el Reino Unido e Irlanda:

Y aunque es cierto que el interés internacional ha vuelto, el notable cambio de tendencia se explica en una buena parte por el papel del Fond-ICO Global, que tiene intención de inyectar al Capital Riesgo español 1.200 millones de euros entre 2014 y 2017 en cerca de 40 gestoras (de momento se estima que ha inyectado casi 500 millones a 14 entidades). La intervención del Gobierno, también en esta industria, es común en el Sur de Europa (que suele rondar un 30%), en la que se prefiere desviar fondos públicos para este sector en lugar de liberalizar la economía. En España, la intervención estatal se ha hecho notar durante la crisis, especialmente en 2009 que pasó de un 2% a un 14%) y en 2012 y 2013, en donde se situó en un 27-26%.  Es un modelo totalmente diferente al seguido por los países con el Capital Riesgo más desarrollado (Reino Unido, Irlanda, Alemania o Suiza):

Por otra parte, el segundo tipo de inversor con mayor peso en 2013 en levantar capital fueron las personas, con un 15%, recuperando e incluso sobrepasando su peso de 2007. Los bancos ocupan el tercer lugar y han descendido acusadamente su participación durante la crisis: de un 44% en 2009 a un 13% en 2013. Los inmediatos seguidores son los fondos de pensiones, de inversión y family offices.

Positivo incremento de las desinversiones

En cuanto a las desinversiones, una parte fundamental para recuperar el capital (más ganancias) que permitirá reiniciar el ciclo, el primer semestre de 2014  experimentó el doble de volumen de desinversión que en el mismo periodo de 2013. La mitad de las operaciones fueron “Venta a tercero”, un tercio “Venta en Bolsa” y casi un 10% “Venta a otra entidad de Capital Riesgo”.

 

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Artículos en Libremercado.com

Los cuatro grandes problemas de la industria española

(Artículo publicado en Libre Mercado.)

 

La crisis económica ha golpeado especialmente a la industria española. Y para su recuperación, no solo de la industria sino de la economía en la que está inserta, es imprescindible su orientación al exterior y, por ello, su competitividad.

Desgraciadamente, nos queda un largo camino por recorrer, puesto que contamos con una industria, en comparación con la europea, con una baja productividad, con muchas micropymes, con elevados costes energéticos, y una menor inversión en I+D y en bienes de capital. Algunos informes hablan de que la mejora en la competitividad de la industria española podría generar un incremento de entre el 2% y el 3% del PIB.

Escasa productividad

El coste salarial en España se sitúa por debajo de la media de la UE, especialmente en la industria química y equipo eléctrico y óptico. La industria farmacéutica y material de transporte es donde menores diferencias existen.

La remuneración por asalariado en el sector industrial español ha crecido a tasas medias del 3% entre 2000 y 2011, de acuerdo con los datos suministrados por el Ministerio de Industria. Para el periodo 2010-2011 (últimos años con datos), la tendencia sigue siendo mayoritariamente positiva (6,5% en la metalurgia, por ejemplo) y tan sólo en 5 de los 21 sectores considerados se han reducido: cuero (-2,4%), bebidas (-1,1%), química y farmacéutica (-0,9%) y material ferroviario y tabaco (ambos -0,7%).

La productividad ha crecido desde el año 2000 en todos los sectores, especialmente en material ferroviario, alimentación, calzado y construcción naval. No obstante, entre 2010 y 2011, se deterioró en casi la mitad de los sectores industriales considerados. Decreció en construcción naval (-25,3%), la electrónica y TIC (-6,6%) y maquinaria eléctrica (-14,8%). Y creció, especialmente, en construcción aeronáutica (+19,4%), vehículos de motor (+5,1%) y alimentación (+4,5%).

Con todo, estamos un 34,1% por debajo de la UE15 (excluyendo construcción), sobre todo en la industria farmacéutica (una de las más importantes en nuestro país). La industria química, la farmacéutica (la que más) y el equipo electrónico y óptico (sectores en los que España es poco competitiva) es donde hay mayor déficit de productividad respecto a la UE15. Únicamente somos algo más productivos en la industria de material ferroviario.

Costes energéticos muy superiores

Los costes energéticos españoles son elevados y superiores a la media de la UE15, especialmente en madera y corcho, caucho y materias plásticas y bebidas y tabaco. Tan solo metalurgia, textil, confección y calzado disfrutan de costes menores.

En general, los costes energéticos no es la principal partida de gasto en la cuenta de resultados industrial. Sin embargo, su coste es tan elevado que las empresas tienen que buscar fuentes de energía más baratas, invertir para la mejora de procesos y renovación de maquinaria y equipos para mejorar la eficiencia energética, y ajustar sus patrones de consumo para hacerlos coincidir con los momentos de menores precios energéticos. Algo que, en ocasiones, también se considera un coste asociado que malgasta recursos que no se hubieran empleado de no ser la energía tan cara o que, como mínimo, distorsiona el normal desarrollo de la actividad.

Menor inversión en I+D

Donde más se invierte es en el sector farmacéutico y en el de material de transporte (superan el 4% del valor de producción), seguido de equipo eléctrico/electrónico/óptico (casi el 2%). En el que menos, el sector de papel y artes gráficas, madera y corcho y bebidas y tabaco.

Sin embargo, la industria española, en general, realiza una inversión en I+D del 0,84% del valor de producción, frente a casi el doble de la media UE15 (1,5%). Únicamente el sector de material de transporte, donde la industria española presenta mejores indicadores, es donde este tipo de inversión es superior al promedio europeo. En todos los demás, el porcentaje es menor, especialmente en el poco competitivo sector de equipo eléctrico/electrónico/óptico (con una diferencia de hasta 3 puntos porcentuales).

Es decir, que en los sectores donde más se invierte todavía debería invertirse más (de acuerdo a los niveles mostrados por nuestros pares europeos), especialmente en el de equipo eléctrico y óptico, mientras que en los que menos se invierte, no hay mucha diferencia.

Inversión en capital decreciente

Entre 2000 y 2011, la inversión en capital como porcentaje del valor añadido se ha mantenido igual o ha decrecido en los sectores industriales españoles. Tomando el porcentaje de inversión respecto al valor de la producción, en la mayoría de sectores considerados se invierte menos que en las industrias de la UE15. Tan sólo en la industria farmacéutica, material de transporte, alimentación, bebidas, tabaco, papel y artes gráficas se invierte más.

Aunque, en términos generales, el nivel tecnológico de las plantas españolas son modernas y eficientes, la escasa inversión a medio o largo plazo podrían determinar lo contrario. Sobre todo, en el caso de las Pymes (por su peor acceso al crédito), pero también para las empresas exportadoras o filiales de las multinacionales, cuyos proveedores suelen ser las propias Pymes.

Acceso a la materia prima ¿’comoditizada’?

El poder adquirir la materia prima como commodities en mercados internacionales supone evitar que este coste sea muy diferente al de los competidores europeos. Esto es clave porque las materias primas son el principal coste de la cuenta de resultados de la industria. En sectores como el alimentario o el del metal, sin embargo, su aprovisionamiento se produce a nivel local, por lo que son sus suministradores los determinantes de que las empresas sean o no competitivas.

El aprovechamiento de las materias primas también es clave para ganar competitividad. Y para esto es necesaria una maquinaria adecuada (y moderna), lo mismo que para reciclar parte de los productos terminados, algo que abarataría este importante coste.

El pequeño tamaño de la empresa española

Somos un país de microempresas, y ello conlleva numerosos problemas de competitividad, como la insuficiente capacidad productiva y operativa para soportar una inversión en bienes de capital elevada o el aprovechamiento de las economías de escala, el acceso al crédito, las actividades I+D, etc.

La mayor diferencia de tamaño se da, paradójicamente, en donde las empresas españolas son más grandes -farmacéutica, química y metalurgia- y algo menos en la alimentación y vehículos a motor. Es decir, que nuestras empresas más grandes (en términos de empleados) todavía deberían serlo más si tomamos como parámetro a sus pares europeos de la UE15.

La solución podría pasar por la internacionalización, sobre todo en las empresas más medianas que tienen un cierto nivel de consolidación de su negocio en el país. Pero, concretando en nuestros sectores industriales más importantes, observamos que a nuestra menor productividad hay que añadirle, además, que las empresas son mucho más pequeñas en comparación con la UE15 (en términos de empleados). Es decir, que nuestras empresas, en nuestros sectores más importantes, tienen muchos menos empleados y, además, son menos productivas.

Deja un comentario

Archivado bajo Artículos en Libremercado.com, Economía

La automoción lidera el aumento de la productividad industrial

El sector industrial español ha sufrido un fuerte revés en lo que va de crisis. No obstante, no todas las ramas de actividad de la industria se han comportando de igual manera. ¿Cuáles son los sectores que más se han recuperado? ¿En dónde son más productivos los trabajadores? ¿Y el tamaño de las empresas, en qué industrias están agrandándose y en cuáles se están reduciendo? Quizá contestar a estas preguntas nos ofrezca una aproximación de por dónde se está reestructurando nuestro sector industrial, que aporta alrededor del 14% al PIB español.

¿Qué sectores se recuperan?

Una manera de verlo es la producción por ramas de actividad en 2012 tomando como base la producción de 2005. De este modo, de acuerdo con los datos ofrecidos por el Ministerio de Industria, encontramos que la industria farmacéutica está al 139,6%, la química al 100,5% y la alimentación al 98,6%, seguidos de coquería y refino de petróleo 97,6%.

Se da la feliz circunstancia de que las tres primeras ramas de actividad que más se han recuperado de la crisis (especialmente del 2009, el año más dañino en términos industriales) son los que aportan casi el 30% de toda la industria (en términos de valor añadido). Esto quiere decir que de no haberse recuperado mejor que la media de sectores industriales (que están en un 75% de la producción de 2005) la economía habría decrecido mucho más y nos encontraríamos en una situación mucho peor.

¿Y los que no levantan cabeza?

Los que menos se están recuperando son el sector el de madera y corcho, muebles, prendas de vestir, productos informáticos/electrónicos y ópticos. En algunos casos se explica por la propia corrección de la burbuja (caso de los muebles) y en otros, por la falta de competitividad.

¿Dónde crece más la productividad?

Los sectores que suponen el 40% de la industria en términos de valor añadido -la alimentación, la industria farmacéutica y química y la de fabricación de productos metálicos (excepto maquinaria)- son menos productivos por empleado que sus pares en la UE15. Especialmente la industria farmacéutica europea, que cuenta con el doble de productividad por empleado que la española. No obstante, es de resaltar que entre 2010 y 2011 la productividad por empleado en estos importantes sectores ha crecido a un ritmo superior al mantenido desde el 2000.

Mención especial tiene el sector vehículos de motor, que es casi el 9% de la industria, donde la productividad por empleado ha crecido en esos dos últimos años a más del doble del ritmo mantenido desde el 2000. Es el sector donde más ha crecido la productividad en estos dos últimos años y, quizá por ello se entiende las últimas inversiones de unos 7.000 millones de euros de las multinacionales del sector.

¿Cómo evoluciona el tamaño de las empresas?

España es un país de pymes y micropymes. Sin embargo, la evolución que han experimentado nuestras empresas varía en función del sector en el que se encuentren. Así, las empresas que entre el 2010-2011 están creciendo en tamaño (en términos de empleados) a un ritmo muchísimo mayor al mantenido entre 2000-2011 son las del sector del cuero (un 12% en 2010-2011 frente al 0,8% en 2000-2011), vehículos de motor (11,5%, -0,1%) y del calzado (9,5%, 0,2%). No por casualidad son industrias altamente orientadas al exterior.

El crecimiento del tamaño de las empresas de nuestros sectores industriales más importantes (alimentación, farmacéutica, química) siguen una evolución similar en los últimos años (2010-2011) que desde el 2000.

Las empresas en donde más se está acentuando la disminución de su tamaño en los últimos años con datos (2010-2011) son los sectores del tabaco, material ferroviario, madera, muebles y corcho, y electrónica y TIC. La única en la que podría entenderse una cierta disminución es en el de material ferroviario, donde el tamaño suele ser similar al tamaño en la UE15.

¿Dónde hay mayor intensidad inversora?

Entre 2000 y 2011, en todos los sectores industriales se redujo la inversión en maquinaria y equipo con respecto al valor añadido generado. Donde más se ha reducido, en el sector del material ferroviario (-9,7%), el calzado (-9,2%), madera, muebles y corcho (-8%), fabricación de productos metálicos (7,5%), textil, confección y maquinaria y equipo mecánico (algo más del -6%).

Sin embargo, según los datos más recientes, entre 2010 y 2011 hubo una fuerte intensidad inversora en la electrónica y TIC (73,8%), el tabaco (60,7%), maquinaria eléctrica, caucho y materias plásticas. Estos son sectores donde más se está reduciendo el tamaño de las empresas en términos de empleados (sobre todo las dos primeras) y en donde, a priori, se estaría produciendo una sustitución entre mano de obra y maquinaria, al estar cayendo fuertemente la productividad por empleado.

Deja un comentario

Archivado bajo Artículos en Libremercado.com, Economía

La industria acapara el 53% de las exportaciones españolas

(Artículo publicado en Libre Mercado.)

 

La caída de Panrico, Fagor o Pescanova son tres ejemplos recientes de las dificultades y problemas que atraviesa la industria española. Pero, ¿cómo ha evolucionado este sector durante la crisis? Los últimos datos de producción industrial muestran una ralentización de su contracción. Con todo, la industria española sigue en niveles inferiores a 2008 ó 2010, y peor que sus pares europeos.

Una situación que explica en buena medida la situación económica general de España, pues, según algunas estimaciones, la industria tendría un impacto en el PIB y en el empleo del 25% y del 23%, respectivamente. Y dentro de la industria, la alimentación y el sector farmacéutico o químico son las ramas de actividad que más peso tienen, no así los que más exportan, donde el textil, equipo eléctrico y vehículos de motor destacan sobre los demás.

La producción industrial del pasado agosto arroja resultados que, una vez corregidos las variaciones estacionales y el efecto calendario, muestran la ralentización de la contracción de la actividad industrial.

De acuerdo con el BBVA Research, descontando las variaciones estacionales y el efecto calendario, la mayor parte de los componentes de la producción industrial evolucionaron positivamente en agosto, salvo la producción de bienes energéticos.

Evolución de la industria durante la crisis

La producción industrial en España ha bajado hasta el 90% del nivel alcanzado en 2010. Tan sólo Italia ofrece datos similares (91,6%). Países como Reino Unido (95,7%) y Francia (99,6%) han retrocedido menos industrialmente. Otros incluso han aumentado su producción industrial respecto al citado año, como EEUU (109,1%) y Alemania (106,1%).

Fuente: Minetur

Respecto al inicio de la crisis, la industria española todavía no se habría recuperado. Prácticamente en todos los sectores se ha reducido la producción industrial, excepto en la industria farmacéutica. En términos de valor añadido, la industria se encuentra en un 94,1% de 2008, aunque en el segundo trimestre ha crecido, alcanzando el 95%. A ello, se suma una pobre utilización de su capacidad productiva, de poco más del 70%.

Ramas más importantes

De acuerdo con los últimos datos del Ministerio de Industria (Minetur), la industria aportó en 2012 el 13,32% al PIB (en forma de valor añadido -VA-), frente al 14,8% en los países de la UE15. Dentro de la industria, la manufacturera es el sector que más peso tiene, un 74,8%, frente a la energética (20,7%) y la extractiva no energética.

Nuestros sectores más potentes son la alimentación, que supone el 11,9% del VA de la industria y la primera creadora de empleo (el 17,5% del total de trabajadores empleados en la industria, 1.781.353). El segundo sector que más VA aporta, la industria química y farmacéutica (8,6% del VA de la industria) es, sin embargo, el quinto en empleo. El tercer sector, la fabricación de productos metálicos, excepto maquinaria y equipo, es el segundo en creación de empleo (251.091). Y la producción de vehículos de motor, nuestro cuarto sector por VA, es el tercero en empleo (139.446).

Fuente: PwC

Valor añadido y empleos indirectos

De acuerdo con un informe de la consultora PwC patrocinado por Siemens, por cada euro de PIB generado de forma directa por la industria en su conjunto, se generan 1,14€ adicionales de forma indirecta en la cadena de valor (gracias al valor añadido generado por los proveedores de las empresas industriales), y 0,47€ de forma inducida (gracias a las rentas de los trabajadores de la industria). Y por cada empleo generado de forma directa se generan 1,03 empleos indirectos y 0,40 empleos inducidos.

Destaca, de nuevo, la alimentación (que por cada euro genera más de 4€ adicionales de riqueza y más de tres empleos adicionales), bebidas y tabaco (más de 3€ y casi 4 empleos) o la metalurgia (casi 2€ y 2,62 empleos). La rama de vehículos a motor se encontraría en torno a la mitad de los valores de la tabla (1,87€ y 1,79 empleos).

Fuente: PwC

Es decir, teniendo en cuenta estos multiplicadores, el porcentaje de PIB relacionados directa o indirectamente con la industria española se elevaría hasta el 25,8%, calcula PwC. Un impacto del 23,4% en el caso del empleo. Un análisis que, a la contra, también explicaría la capacidad de destrucción de la actividad económica y empleo en los momentos de recesión económica (especialmente en 2009, el peor año de crisis para la industria).

Exportaciones

Por otro lado, la industria acaparó el 52,8% de las exportaciones españolas, con un superávit de más de 8.500 millones de euros. Los sectores que más exportan en términos absolutos son: los vehículos de motor, la industria química y farmacéutica, la alimentación y la metalurgia; los que menos, madera y corcho, minerales y caucho.

Sin embargo, es interesante considerar el porcentaje que se exporta de la producción de cada sector. Destaca el textil, confección, cuero y calzado (88,5% de lo producido), el equipo eléctrico (77%) o los vehículos de motor (75,7%). Y los que menos exportan su producción, la alimentación (21,9%), bebidas y tabaco (19,8%) o la madera y corcho (19,3%).

Los que menos exportan no tienen por qué ser los sectores menos competitivos sino que al tener costes de transportes más elevados o generar poco valor añadido han tendido a acomodarse más en la demanda local.

Fuente: PwC

Deja un comentario

Archivado bajo Artículos en Libremercado.com, Economía

Impuestos sobre la estructura productiva

(Artículo publicado en el Instituto Juan de Mariana.)

Desde un punto de vista agregado, las interconexiones entre las distintas inversiones que se realizan en una economía suele resumirse en la expresión “estructura productiva”, tan familiar para los economistas austriacos. La producción se realiza a lo largo del tiempo, por lo que, dentro de esa concepción agregada, se concibe esa estructura compuesta de distintas etapas en función de su cercanía al consumo final, que representan el flujo de bienes y servicios “reales” y el dinero.

Según el comportamiento de diversas variables agregadas como el ahorro y el tipo de interés, o la asignación y reasignación de los factores productivos, la forma de la estructura productiva si la representáramos gráficamente con el famoso triángulo hayekiano será diferente: más alargada (con más etapas productivas) y, por tanto, más capitalizada; o más achatada, con menor número de etapas (menos capitalizada). En el primer caso se producirán más y mejores bienes y servicios de producción y de consumo (mayor bienestar para la población), todo lo contrario que en el segundo caso.

Con esta panorámica agregada, la escuela austriaca ha explicado el proceso de capitalización de la economía (la forma de la estructura productiva), tanto de una manera sana (basado en el ahorro) o insana (promovida por la expansión artificial del crédito por los bancos centrales).

No obstante, también la estructura productiva puede modificarse forzosamente por el Gobierno por otras vías: los impuestos sobre la actividad económica (por ejemplo, el Impuesto sobre Sociedades, el IRPF-rendimiento de actividades económicas, o el IVA, entre los más importantes). El gravamen en los beneficios achata la estructura de producción. Dos ejemplos:

Achatamiento de la estructura productiva por gravar los beneficios de cada etapa productiva

Los beneficios son una señal para el arbitraje empresarial entre los precios de los productos y el precio de los factores productivos empleados. Ante mayores márgenes relativos de una etapa con respecto a otra, se producirá una sana afluencia de empresarios y capital para aprovecharse de esos márgenes al tiempo que se satisface más y mejor al consumidor. En cada etapa puede haber diferente nivel de beneficios (o pérdidas). Los impuestos sobre la renta de la actividad económica atacan precisamente estos beneficios, reduciéndolos.

Imaginemos que el desarrollo de la economía lleva a que en una etapa productiva se generen jugosos beneficios. Gravar estos beneficios detendrá la necesaria afluencia comentada provocando multitud de distorsiones. En primer lugar, se limita la producción de los productos intermedios que deberían crearse en dicha etapa, por la vía de impedir un mayor número de empresas que podrían fabricarlos o, sin reducirlo, por hacerlas más improductivas (a causa del mayor coste que supone el impuesto). Esto puede provocar la merma en el suministro de estos bienes y servicios, pero también en el de aquellos producidos por las etapas colindantes (aquellas que, a su vez, suministran y adquieren los productos de la etapa con altos beneficios gravados). Es decir, una interrupción de la coordinación acompasada de las distintas etapas. El resultado es que se infrautilizarán todas estas etapas productivas (sobre la que recae el impuesto y las colindantes), cabiendo la posibilidad de crearse, a corto plazo (antes de que modifiquen sus precios y se reubiquen) recursos forzosamente ociosos (por ejemplo, paro). Como resultado, a causa de los impuestos pueden crearse pequeñas crisis parciales en las etapas más afectadas, lo que provocará un achatamiento de la estructura productiva y a la descoordinación temporal, magnificado si la economía está también fuertemente regulada en otros ámbitos (como el laboral, ya mencionado, o el de la competencia, etc.).

Achatamiento de la estructura productiva por gravar los beneficios que cubren el coste del capital en cada etapa

Otro problema que surge es que gravar la renta (el beneficio contable en el Impuesto sobre Sociedades, o el valor añadido en el IVA) generada en cada etapa productiva también contiene el coste del capital o tipo de interés (es decir, el coste de oportunidad de los inversores). Dicho de otro modo, el beneficio contable no sólo contiene el beneficio puro empresarial (que tenderá a reducirse con la competencia) sino la recompensa a los inversores por la financiación (fondos propios o deuda). Esto es de vital importancia porque poder generar valor para remunerar este interés significa que la actividad se realiza de acuerdo con la preferencia temporal, la aversión al riesgo y la preferencia por la liquidez de los agentes. Es decir, con el coste que les supone la espera hasta obtener la producción que financian. De ser así, habrá una coordinación intertemporal de la actividad económica, compleja y generadora de valor.

Gravar el beneficio que cubre el tipo de interés conlleva otra serie de problemática, comenzando por la destrucción de cualquier actividad que no pudiera modificar su estructura operativa sin querer dejar de remunerar a los inversores. Esta capacidad de supervivencia y adaptación dependerá de la empresa, y se hace tristemente más evidente hoy en día con las continuas subidas de impuestos.

Por ejemplo, las empresas más ilíquidas (con más activo fijo o con más pasivo exigible a corto) tendrán más difícil esa adaptación, motivo por el que quizá se vean abocadas a cerrar (piénsese en el efecto que ha tenido el IVA en los teatros o cines, cuyo valor añadido es otro tipo de renta gravada). Al contrario, las empresas más liquidas podrán capear el impuesto con cargo a reservas, descapitalizándose para ganar tiempo, o bien con cargo a sus activos más líquidos pero en detrimento de no poder destinar esa liquidez a otro tipo de activos (fijos, a largo plazo) que ofrecen mayores rentabilidades. Es decir, un achatamiento de la estructura productiva.

Puede ocurrir, además, que el empresario, aunque obtenga beneficios después de impuestos, no se dé cuenta de que estos no cubren el coste del capital. Ha de tenerse en cuenta que este coste incluye la remuneración de la deuda pero también la de los fondos propios, que pueden provenir del mismo empresario (sobre todo en economías con mucha microempresa). Si el beneficio (o el valor añadido) después de impuestos no cubre todo el coste de oportunidad más difícilmente visible de los fondos propios, se estará quebrando el sentido capitalista de la actividad económica, esto es, la coordinación intertemporal de la producción con vistas a generar valor a lo largo del tiempo. Otra manera de achatar (gráficamente) la estructura productiva.

Deja un comentario

Archivado bajo Artículos Instituto Juan de Mariana, Economía, Fiscalidad

Sobre la nueva “reestructuración impositiva” a las empresas

(Artículo publicado en el Instituto Juan de Mariana aquí.)

Este viernes el Gobierno va a aprobar entre otras medidas una “reestructuración fiscal” que “favorezca el crecimiento”. Suena a broma después de haber subido los impuestos como nunca antes se había visto y en uno de los peores momentos económicos que sufre la población. Se comenta que el objetivo del Gobierno ahora es favorecer el crecimiento por la vía de facilitar fiscalmente las cosas a los emprendedores, las nuevas empresas o PYMES. Cosa que sorprende, igualmente, tras haberse subido enormemente los impuestos a esos mismos emprendedores y empresarios individuales que tributan en el IRPF a los que ahora se pretende “favorecer”.

También se dice que se “favorecerá” a las pequeñas empresas, pero se subirá el Impuesto sobre Sociedades a las más grandes. Después de la importante recaudación a las grandes empresas (fue la subida fiscal que más recaudó en 2012), era un caramelo demasiado dulce para que el Gobierno no continuara su rapiña impositiva por esta vía de la discriminación fiscal según el tamaño de la empresa.

Y es que las discriminaciones fiscales es una oscura tradición de rancio abolengo y son innumerables las excusas que se han usado por el Poder y los intelectuales de pro para justificarla. Como decía el historiador Charles Adams, los impuestos discriminatorios, impuestos por una clase de ciudadanos contra otra, “son tan viejos como la Historia”. De hecho, no hace mucho tiempo en Europa los judíos pagaban tipos impositivos más elevados que los cristianos, los protestantes gravaban con el doble de tipos impositivos a los católicos, y viceversa. Ahora, se trata de gravar a las empresas grandes, que son “poderosas”, que “defraudan” y “evaden”, para “favorecer” y “dinamizar” el crecimiento de los emprendedores -después de machacarlos, insistimos, con tipos marginales nórdicos en uno de los peores momentos económicos en décadas-.

Se habla de eliminar las “desgravaciones abusivas”a las grandes empresas, concepto que considera implícitamente que toda la renta de las empresas es propiedad del Gobierno, que sólo permite que se queden en sede de quien las ha producido, pero hasta cierto límite. Es difícil que con esta ideología destructora de valor se pretenda incentivar la actividad económica y favorecer la recuperación que van a llevar a cabo esas empresas.

Efectos económicos de modificar las deducciones

La existencia de un sistema de deducciones asimétrico, donde para algunos casos se permite una deducción completa mientras que para otros es parcial o incluso está subvencionado, crea, de por sí, distorsiones porque la imposición efectivamente soportada por las empresas variará en función de los activos y pasivo utilizados. Es decir, aunque exista un tipo único, cada empresa soporta un Impuesto sobre Sociedades diferente. Esto creará incentivos de producción y arbitraje alejados de los que habría en un mercado en el que no hubiera esta distorsión fiscal.

Modificar la tributación empresarial cambiando el sistema de deducciones del Impuesto sobre Sociedades (como se espera que ocurra, especialmente en cuanto a las grandes empresas) traerá consigo otro cambio en el patrón de distorsiones en la producción debido a este Impuesto. De modificarse de nuevo las deducciones, la imposición efectiva relativa de las empresas volverá a cambiar.

Esta diferente imposición efectiva modifica, de nuevo, las decisiones de inversión y financiación dado que el valor relativo de los activos y pasivos de la economía variará. Si, por ejemplo, la deducción de toda la amortización en un año de determinados bienes hace más productivo dichos bienes, las empresas querrán disponer de ellos con más intensidad (variará, por tanto, su demanda) modificando su precio con respecto a los demás activos (o pasivos) que no gocen de este tipo de deducciones.

La variación relativa en la imposición efectiva de las empresas provocará que éstas tengan una diferente presión para trasladar el impacto del impuesto soportado a los agentes económicos con los que se relacionan. Recortar los beneficios o la liquidez presionará para que las empresas afectadas busquen ampliar los beneficios o su liquidez tratando de reducir el precio a sus proveedores, de aumentar el plazo de pago, aumentar el precio a sus clientes, reducir la calidad de algunos productos, demandar menos factores productivos, etc.

También habrá un efecto sobre la estructura productiva de la economía. Incrementar la fiscalidad a través de la modificación de las deducciones supone incrementar la imposición efectiva media y marginal relacionadas con las deducciones que se eliminen o reduzcan. Elevar la imposición efectiva media perjudicará la creación de actividad nueva, mientras que incrementar la imposición efectiva marginal supondrá enfriar (todavía más) la intensidad de las inversiones. Esto provoca un anquilosamiento de la estructura productiva que entorpecerá y ralentizará el cambio de modelo productivo que necesita el país.

¿En qué medida se dejarán sentir estos efectos? Su intensidad dependerá de la subida fiscal, de las deducciones que se suban y la combinación de esto con la realidad económica actual. Puede que el aspecto fiscal no sea el determinante en muchas ocasiones, o no sea tan claro o automático, pero sí ejercerá su influencia y presión para que haya más probabilidades de que se den estos efectos descritos. No olvidemos que los impuestos pueden suponer una importante porción del resultado contable de una empresa o un buen zarpazo a su liquidez (especialmente, los pagos anticipados del Impuesto sobre Sociedades). Por tanto, no es un asunto baladí el fiscal, y aunque se trate de encubrirlo con una argumentación demagógica de subir impuestos a los más grandes para favorecer a los débiles (en una especie de David contra Goliat), subir los impuestos a las grandes empresas también traerá sus consecuencias negativas al resto de la economía, incluidas las PYMES.

Subir los impuestos a las grandes empresas también perjudica a las pequeñas

Por ejemplo, las empresas más grandes son una parte muy importante de la economía, que abre un mercado a las PYMEs al que de otro modo no tendrían acceso. No en vano, ellas son uno de los caminos importantes para que las pequeñas o medianas empresas tengan acceso a la cadena de valor internacional. Proveyendo bienes y servicios a las grandes, los proveedores locales (PYMEs) pueden aprovecharse de la internacionalización de las más grandes.

Además, las relaciones comerciales con empresas más grandes y más eficientes traen consigo también una mejora en la eficiencia para las pequeñas. Se ven obligadas a incrementar su valor para poder surtir de sus productos a las grandes, que compiten en mercados más globales. Incluso, las propias empresas más grandes obligan e influyen de manera determinante para que las más pequeñas se organicen de un modo más productivo. Es algo parecido a la mejora que experimentan las empresas que inician su internacionalización que mejoran continuamente su estructura dado que aprenden exportando.

Por no hablar de los efectos perjudiciales sobre la competitividad de realizar una actividad económica en España o de incrementar las inversiones en nuestro país. Habrá más presión, o bien para que las empresas de fuera no vengan a España (o vengan con mayor dificultad), o bien a que se reduzca el volumen de inversiones en nuestro país, o bien a la relocalización de actividades de aquí a otros lugares fuera del país. Algo que sin duda no ayuda al tejido productivo español poblado por microempresas y empresas de reducida dimensión. Basta de demagogia y de minar nuestra recuperación.

Deja un comentario

Archivado bajo Artículos Instituto Juan de Mariana, Economía, Fiscalidad

Integración vertical y evolución de la industria

En el sistema productivo, no solamente son importantes las características de los recursos productivos empleados y las complementariedades que existen entre ellos, también resulta fundamental el modo en que se combinan entre sí, en cómo se organizan empresarialmente. Es decir, la propia estructura organizativa de una empresa es importante y es capaz de crear valor por sí misma, aun sin modificar estrictamente los inputs. De ahí que las organizaciones o las estructuras que adoptan las empresas evolutivamente, importen y moldeen la estructura de capital (productiva) de una economía.

El sistema económico se estructura en función de los deseos presentes y futuros de los consumidores. En una industria, dicha estructuración se realiza a través de la realización, a lo largo de las etapas productivas, de un conjunto de actividades que van creando y añadiendo valor al producto que desean los consumidores (esto es, la cadena de valor).

Integración y la tendencia a la desintegración

Una empresa puede desarrollar un producto integrando toda la cadena de valor internamente. La integración vertical en una industria se da sobre todo en situaciones en donde los cambios productivos o las innovaciones son sistémicas (implican modificaciones en todas las etapas de la cadena de valor) y requieren de reorganizaciones a gran escala de las capacidades existentes en la empresa y que no pueden encontrarse en ese momento fuera, en el mercado (por no existir o porque los costes de transacción son elevados).

Sin embargo, tal como resumí en mi último comentario, durante el proceso competitivo y la evolución de la industria, puede suceder que las empresas integradas, que continuamente van innovando y mejorando su producto mucho más de lo que los consumidores están dispuestos a pagar, se vean sorprendidas por nuevas empresas especializadas que irrumpen en el mercado ofreciendo productos más baratos con una funcionalidad mínima o aceptable por consumidores menos exigentes (empresas low cost). Se produce así un proceso de desintegración –o modularización- de la industria que lleva al nacimiento y proliferación de empresas especialistas con una tendencia hacia la estandarización de los productos. Un ejemplo clásico es el de Apple, Samsung y los smartphones, pero existen más áreas en las que puede verse esta evolución (o podría, si no hubiera intervención estatal), como el de la educación –Universidad de Harvard frente a la de UC Berkeley- o la sanidad –hospitales frente a clínicas especializadas, especialistas, atención a domicilio, etc.-).

¿Empresas líderes abocadas a la desintegración?

Surge así una interesante cuestión en torno a la evolución de la industria. ¿Qué ocurre con las empresas líderes que presentan una estructura organizativa integrada? ¿Seguirán la misma tendencia hacia la desintegración? ¿Debería Apple modificar su sistema de producción y diseño de productos (sofisticado) y, en su lugar, adoptar una estructura empresarial similar a la de sus competidores más modular o sencilla (p.ej., el proceso de fabricación del sistema Android)?

El caso es que hay determinadas fuerzas que pueden hacer que una empresa integrada persista en su estructura a pesar de verse rodeada de empresas especialistas o modulares (y no me refiero necesariamente al caso estricto de Apple, que requeriría de un análisis detallado), e incluso sea esta integración vertical una de sus ventajas competitivas (Zara).

Persistencia de las empresas integradas

Por ejemplo, la necesidad de mejorar el producto en el sentido de hacerlo más sencillo o fácil de usar por el consumidor (o la miniaturización en determinados productos) son razones para la integración vertical, o la propia necesidad de nuevamente diferenciar el producto en función de las cambiantes preferencias de los consumidores en un mercado en el que se tiende a la estandarización.

Mantener esta organización integrada aprovecha las interdependencias que se dan entre las partes de la arquitectura del producto de modo que la empresa consiga ese objetivo de diseñar un producto más sencillo y fácil de usar, diferenciarlo o miniaturizarlo, de la manera más eficiente. Es decir, los costes superiores por tener una organización integrada (estructurales, logísticos, de investigación, distribución…) son compensados por la ventaja competitiva propia de este tipo de organizaciones.

Nuevas complementariedades entre empresas integradas y especialistas

Acaso sea más interesante las nuevas relaciones que pueden darse entre la empresa integrada y las especialistas de distintas etapas productivas y cómo estas pueden crear valor para ambos tipos de organizaciones. En este caso asistimos a un nuevo incremento de la complejidad del tejido productivo y del conocimiento, que trae mayores y mejores productos (véase P. Lewin o L. Lachmann), en el que se combina estructuras integradas en las que la información fluye jerárquicamente de arriba abajo, con estructuras especializadas cuyo conocimiento puede fluir en múltiples direcciones.

Así, con los servicios que puede encontrar en las empresas especializadas, la empresa verticalmente integrada puede tener acceso a un conocimiento y unas capacidades productivas que hasta ese momento no encontraba internamente. La empresa integrada, que tiene una superioridad relativa a la hora de desarrollar innovaciones sistémicas, podrá encontrar nuevas complementariedades de su conocimiento y capacidades con las de las empresas especialistas y crear valor. En la medida en que estas nuevas relaciones comerciales que crean valor compensen los costes de permanecer verticalmente integradas, estas empresas coexistirán con empresas especialistas y no tendrán por qué verse irremediablemente obligadas a desintegrarse.

Además, estos nuevos patrones extenderán el conocimiento, la división del capital y promoverán la eficiencia y las innovaciones, creando no sólo nuevos productos finales sino otros bienes de capital (que al ser indivisibles pueden crear economías de escala y alcance, con rendimientos crecientes) que, a su vez, podrán ser utilizados por las empresas y consumidores del futuro para tratar de incrementar más el bienestar…

Por otra parte, pensemos también en que no sólo las especialistas son las que prestan sus servicios (o venden sus bienes) a las integradas, también estas podrán ofrecer sus productos finales o intermedios (de alguna de las etapas de la cadena de valor que integren) a las especialistas (se desacopla la cadena de valor, se bifurca o se crea una nueva, añadiendo complejidad a la estructura de capital). En este caso, las especialistas se aprovecharán de las innovaciones de las empresas integradas y las integradas rentabilizarán determinadas áreas de su negocio y mantendrán su nivel de I+D al capturar beneficios de estas inversiones (piénsese en IBM en los años 90).

Deja un comentario

Archivado bajo Artículos Instituto Juan de Mariana, Economía